El actor de «El Padrino» tenía 95 años.
Por Lola Santacreta para NLI

El cine mundial despide a uno de sus intérpretes más formidables. Robert Duvall falleció a los 95 años, dejando una trayectoria que atraviesa más de seis décadas de historia cinematográfica. Dueño de una presencia sobria, una intensidad contenida y una capacidad extraordinaria para construir personajes complejos, Duvall fue mucho más que un actor premiado: fue una referencia ética y artística dentro de Hollywood.
Nacido el 5 de enero de 1931 en San Diego, California, Robert Selden Duvall creció en el seno de una familia de tradición militar. Su padre fue almirante de la Marina estadounidense, pero el joven Duvall eligió otro camino: el teatro. Tras servir en el Ejército, estudió actuación en Nueva York, donde compartió formación con figuras que también marcarían época, como Dustin Hoffman y Gene Hackman. Aquella generación transformaría el cine norteamericano desde sus cimientos.
De Boo Radley a Tom Hagen: el nacimiento de un actor imprescindible
Su debut cinematográfico fue impactante. En 1962 interpretó a Boo Radley en To Kill a Mockingbird, un papel breve pero inolvidable que ya dejaba ver su magnetismo. Sin embargo, la consagración mundial llegaría una década más tarde con su rol como Tom Hagen en The Godfather y luego en The Godfather Part II, ambas dirigidas por Francis Ford Coppola.
Como el abogado y consejero de la familia Corleone, Duvall compuso un personaje de lealtad silenciosa, inteligencia estratégica y humanidad contenida. Su actuación fue clave en el equilibrio dramático de la saga y le valió una nominación al Premio Oscar. A partir de allí, su nombre quedó asociado para siempre al gran cine estadounidense de los años 70.
En 1979 volvió a trabajar con Coppola en Apocalypse Now, donde dio vida al teniente coronel William Kilgore. Su escena frente al mar, con helicópteros y napalm de fondo, se convirtió en una de las más icónicas de la historia del cine. La frase sobre el “olor a napalm por la mañana” pasó a formar parte del imaginario cultural global.
El Oscar y la madurez artística
La estatuilla dorada llegó en 1984, cuando ganó el Premio Oscar a Mejor Actor por su interpretación de Mac Sledge en Tender Mercies. Allí encarnó a un cantante de música country en decadencia que busca redención. Fue una actuación íntima, austera y profundamente humana, que confirmó su lugar entre los más grandes.
A lo largo de su carrera acumuló siete nominaciones al Oscar, además de Globos de Oro, premios Emmy y un BAFTA. Pero más allá de los galardones, lo que distinguió a Duvall fue su coherencia artística: jamás fue un actor de gestos ampulosos ni de exhibicionismo interpretativo. Su estilo fue siempre contenido, preciso y honesto.
También se destacó en películas como Network, The Great Santini, Sling Blade y The Judge, demostrando una versatilidad que le permitió moverse entre el drama, el thriller político y el cine independiente sin perder identidad.

Director, productor y amante del tango
Además de actor, Duvall fue director y productor. En 1997 escribió, dirigió y protagonizó The Apostle, un proyecto personal que recibió elogios de la crítica. Más tarde dirigió Assassination Tango, obra atravesada por su fascinación por la Argentina y el tango, una pasión que cultivó durante años.
Su vínculo con nuestro país fue público y sostenido. Visitó Buenos Aires en numerosas oportunidades y expresó en distintas entrevistas su admiración por la cultura rioplatense.
Un legado que trasciende generaciones
Robert Duvall integró esa camada de actores que redefinieron el cine norteamericano en los años 70, junto a nombres como Al Pacino, Robert De Niro y Jack Nicholson. Pero su perfil fue distinto: nunca buscó el estrellato ruidoso, sino la construcción paciente de personajes memorables.
Con su muerte se cierra un capítulo fundamental del cine contemporáneo. Su obra, sin embargo, permanece intacta: más de noventa películas que siguen enseñando que la grandeza actoral no depende del volumen, sino de la verdad.
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