La industria en retroceso: la capacidad instalada se derrumba al 54,6% bajo el modelo de Milei

La industria argentina atraviesa un momento crítico: en febrero de 2026, la utilización de la capacidad instalada alcanzó apenas el 54,6%, según datos del INDEC. Esto significa que casi la mitad del aparato productivo está paralizado, en un contexto económico atravesado por las políticas de ajuste, apertura y contracción del mercado interno impulsadas por Milei.

Por Celina Fraticiangi para NLI

Ajuste, apertura y caída del consumo: las causas del freno industrial

El número no aparece en el vacío. La caída de la actividad industrial está directamente vinculada al esquema económico aplicado por el gobierno: fuerte ajuste fiscal, licuación de ingresos y liberación de importaciones, una combinación que impacta de lleno en la producción nacional.

La pérdida del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones redujo drásticamente el consumo, afectando especialmente a las industrias que dependen del mercado interno. A eso se suma la apertura comercial, que permite el ingreso de productos importados en condiciones muchas veces más competitivas, desplazando a la producción local.

El resultado es evidente: menos demanda, más competencia externa y fábricas funcionando a media máquina.

Una leve suba mensual que no cambia la tendencia

Si bien el indicador mostró una suba de 1 punto respecto a enero (53,6%), el dato interanual es el que marca la verdadera dimensión del problema: la industria cayó 4 puntos frente a febrero de 2025, cuando operaba al 58,6%.

Lejos de una recuperación, lo que se consolida es una tendencia descendente que coincide con la profundización del programa económico oficial.

Los sectores más golpeados por el modelo

El impacto del rumbo económico no es uniforme, pero golpea con más fuerza a los sectores industriales estratégicos. La metalmecánica, clave para la producción de maquinaria y bienes de capital, registra un uso de capacidad de apenas 33,9%, el nivel más bajo entre los rubros relevados.

También aparecen en situación crítica:

  • Industria automotriz: 38,9%
  • Caucho y plástico: 38,7%

En estos casos, la combinación de caída del consumo, encarecimiento del crédito y apertura importadora genera un efecto directo: se desploma la producción local mientras crecen las dificultades para sostener empleo e inversión.

Los sectores que sobreviven (y por qué)

En contraste, algunos sectores mantienen niveles relativamente altos de utilización, como la refinación de petróleo (88,9%) o los químicos (64,4%). No es casual: se trata de actividades más vinculadas a exportaciones o a insumos básicos, menos dependientes del mercado interno.

Esto refuerza una conclusión clave: el modelo económico actual favorece sectores primarios o exportadores, mientras debilita la industria orientada al consumo interno, históricamente generadora de empleo y valor agregado.

Capacidad instalada: un termómetro de la economía real

La utilización de la capacidad instalada mide cuánto del potencial productivo está en uso. Cuando ese número cae, como ahora, refleja un problema estructural: la economía funciona por debajo de sus posibilidades.

No se trata solo de fábricas ociosas, sino de un entramado más amplio: menos producción implica menos empleo, menor inversión y una economía cada vez más dependiente de factores externos.

Un rumbo que profundiza la desindustrialización

El dato de febrero confirma lo que distintos sectores productivos vienen advirtiendo: la política económica de Milei está generando un proceso de desindustrialización acelerada.

El ajuste del gasto, la caída del salario real y la apertura sin protección para la industria local configuran un escenario donde producir en Argentina resulta cada vez más difícil.

En ese marco, el 54,6% de utilización de la capacidad instalada no es solo un número: es la expresión concreta de un modelo económico que enfría la producción, debilita el entramado industrial y pone en riesgo el desarrollo económico con inclusión.


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