Con dos estadios Monumental agotados, una puesta monumental, invitados internacionales y un discurso que volvió a ponerla en el centro de la escena política y cultural, Lali Espósito protagonizó uno de los hitos más importantes de la música argentina de los últimos años. Entre pogos, emoción y mensajes contra quienes intentaron silenciarla, la artista celebró su consagración definitiva.
Por Lola Santacreta para NLI

Más de 140 mil personas pasaron por el estadio Monumental durante las dos noches en las que Lali Espósito presentó el espectáculo más ambicioso de toda su carrera. Lo que comenzó como un recital terminó convirtiéndose en un acontecimiento cultural de dimensiones poco habituales para el pop argentino: una celebración multitudinaria, atravesada por la emoción, la política, la diversidad y una puesta en escena que buscó resumir casi dos décadas de trayectoria artística.
Desde el inicio quedó claro que no se trataba de un show convencional. El repertorio recorrió las distintas etapas de su carrera, con especial protagonismo de su último trabajo discográfico, No vayas a atender cuando el demonio llama. Sonaron canciones como «Fanático», «Plástico», «33», «Disciplina», «N5», «Obsesión», «Morir de amor», «Perdedor», «No me importa», «Mejor que vos» y «Lokura», junto a clásicos de otras etapas como «Ego», «Boomerang», «Soy», «A bailar» y «Histeria».
Pero el momento más comentado de las dos jornadas llegó cuando apareció sobre el escenario una invitada que nadie esperaba. La australiana Kylie Minogue emergió desde una plataforma elevadora para interpretar junto a Lali algunos de sus mayores éxitos. El Monumental estalló cuando comenzaron a sonar los acordes de «Can’t Get You Out of My Head» y posteriormente «Padam Padam», en una escena que rápidamente se viralizó en redes sociales y quedó registrada como uno de los momentos musicales del año. Más de 70 mil personas acompañaron el encuentro entre ambas artistas en una postal que difícilmente pueda repetirse en el corto plazo.
El discurso que volvió a cruzar a Milei
La segunda noche tuvo además un fuerte contenido político. Tras interpretar «Plástico», una canción que cuestiona la falsedad, las operaciones y las construcciones artificiales del poder mediático, Lali decidió dirigirse directamente a su público.
La cantante agradeció el apoyo recibido durante los últimos años y recordó las campañas de hostigamiento que sufrió desde que quedó enfrentada públicamente con Milei. En ese contexto aseguró que durante mucho tiempo le recomendaron callarse para evitar conflictos con el Gobierno y con quienes la atacaban públicamente. Sin embargo, reivindicó haber mantenido su posición y celebró que el estadio estuviera completamente lleno pese a esas presiones.
El mensaje tuvo una fuerte respuesta del público, que acompañó cada frase con aplausos y cánticos. También cuestionó lo que definió como la necesidad de ciertos sectores de construir una supuesta «batalla cultural» y sostuvo que la sociedad distingue entre las operaciones políticas y las expresiones genuinas.
Del «pogo más grande del pop» a la consagración definitiva
Uno de los aspectos más llamativos del espectáculo fue la energía de un público que transformó varias canciones en verdaderos pogos colectivos. Lejos de la imagen tradicional del pop asociado a la pasividad, miles de personas saltaron, cantaron y ocuparon cada rincón del estadio durante más de dos horas de show.
La propia puesta pareció jugar con esa idea. Pantallas gigantes, plataformas móviles, cambios permanentes de vestuario y una narrativa visual que mezcló rock, electrónica y cultura pop acompañaron una propuesta que buscó romper las fronteras habituales del género. Diversos medios describieron el fenómeno como «el pogo más grande del pop», una imagen que resume la magnitud de lo ocurrido en River.
Hubo además homenajes emotivos al recientemente fallecido Indio Solari, referencias a la historia del rock nacional e invitados especiales que reforzaron la idea de un espectáculo pensado como una celebración colectiva más que como un simple recital.
Lo ocurrido en River marca un punto de inflexión para Lali. Después de años de consolidación artística, controversias políticas y ataques provenientes del oficialismo, la cantante consiguió llenar dos veces el estadio más importante del país y convertir esa conquista en una demostración de fuerza cultural. En tiempos donde desde el poder se insiste en librar una «batalla cultural», el Monumental ofreció una respuesta contundente: una multitud que eligió escuchar, cantar y acompañar a una artista que decidió no callarse.
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