Un equipo internacional logró registrar por primera vez, de manera simultánea, qué ocurre dentro del glaciar Taylor cuando se produce el espectacular fenómeno conocido como Blood Falls. El hallazgo revela que el glaciar literalmente desciende unos milímetros mientras expulsa agua salada rica en hierro desde sus profundidades, una observación que ayuda a comprender mejor el comportamiento del hielo antártico y hasta podría aportar pistas para la búsqueda de vida en otros mundos.
Por Amparo Lestienne para NLI

Durante más de un siglo, las Blood Falls (Cataratas de Sangre) fueron uno de los mayores enigmas naturales de la Antártida. Desde que el geólogo Griffith Taylor las observó en 1911, la imagen de un líquido rojo intenso brotando desde un glaciar alimentó todo tipo de hipótesis. Hoy se sabe que no se trata de sangre ni de microorganismos pigmentados, sino de una salmuera extremadamente salada y rica en hierro que, al entrar en contacto con el oxígeno del aire, se oxida y adquiere ese característico color rojizo. Sin embargo, aún faltaba comprender qué desencadenaba exactamente esas descargas.
Un trabajo publicado en la revista científica Antarctic Science logró capturar por primera vez ese proceso en tiempo real gracias a la coincidencia de tres sistemas de monitoreo independientes: un GPS instalado sobre el glaciar Taylor, una cámara que fotografiaba diariamente las Blood Falls y sensores de temperatura ubicados en el cercano lago Bonney. Esa combinación permitió reconstruir con una precisión inédita lo que ocurre bajo cientos de metros de hielo.
Un glaciar que se hunde mientras libera agua atrapada
Los investigadores descubrieron que, entre septiembre y octubre de 2018, el glaciar descendió aproximadamente 15 milímetros, mientras simultáneamente reducía cerca de un 10% su velocidad de desplazamiento. Exactamente en ese mismo período comenzaron las descargas visibles de las Blood Falls y aparecieron anomalías térmicas en las aguas profundas del lago Bonney.
La coincidencia temporal no fue casual. Según los autores, todos esos fenómenos forman parte del mismo proceso: cuando aumenta la presión bajo el glaciar, se abren conductos internos por donde la salmuera acumulada durante miles o millones de años encuentra una vía de escape. Al liberarse ese fluido disminuye la presión basal, el hielo pierde parte del soporte hidráulico que tenía debajo y su superficie experimenta un leve hundimiento mientras modifica su velocidad de movimiento.
Un laboratorio natural único en el planeta
Las Blood Falls constituyen uno de los ambientes más extremos conocidos en la Tierra. La salmuera permanece líquida a pesar de temperaturas cercanas a los -17 °C gracias a su enorme concentración de sales. Además, permanece completamente aislada del exterior bajo el glaciar Taylor.
Los científicos sostienen que este sistema representa un laboratorio natural excepcional para estudiar hidrología subglacial, geoquímica extrema y ecosistemas capaces de sobrevivir sin luz solar. Investigaciones anteriores ya habían detectado microorganismos adaptados a estas condiciones, mientras que estudios geofísicos habían identificado una extensa red de conductos internos que transportan esa salmuera rica en hierro. El nuevo trabajo aporta la primera evidencia directa de cómo esas descargas modifican simultáneamente el comportamiento del glaciar y del lago cercano.
Lejos de ser un fenómeno meramente visual, las descargas también alteran la temperatura del lago Bonney y probablemente transportan nutrientes hacia ese ecosistema antártico, influyendo sobre toda la vida microbiana que depende de esas condiciones extremas. Los investigadores consideran que comprender estos procesos permitirá mejorar los modelos que intentan explicar la dinámica de los glaciares y su respuesta frente a los cambios ambientales.
Aunque el estudio reconoce que las mediciones provinieron de un único GPS, una sola cámara y una única cadena de sensores térmicos, la sincronización perfecta entre los tres registros constituye una evidencia extraordinariamente sólida. Los autores proponen ampliar el monitoreo en futuras campañas para determinar con qué frecuencia ocurren estos eventos y si podrían modificarse a medida que evoluciona el clima antártico.
Más allá de resolver una curiosidad científica, el descubrimiento tiene implicancias mucho más amplias. Comprender cómo circula agua líquida bajo enormes masas de hielo ayuda a interpretar la estabilidad de los glaciares antárticos y ofrece modelos que incluso podrían aplicarse al estudio de lunas heladas como Europa, de Júpiter, o Encélado, de Saturno, donde también podrían existir reservorios de agua líquida ocultos bajo gruesas capas de hielo.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
