No es un partido más: Argentina enfrenta a Inglaterra en semifinales

Lionel Scaloni intentó bajarle el tono y aseguró que será «solo un partido de fútbol». Tiene razón desde lo deportivo. Pero la historia demuestra que un Argentina-Inglaterra en un Mundial nunca fue únicamente noventa minutos. Es una rivalidad atravesada por injusticias, guerras, orgullo nacional y algunas de las páginas más inolvidables que escribió el fútbol. Este miércoles volverán a verse las caras en una semifinal y el pasado inevitablemente volverá a jugar su propio partido.

Por Ignacio Elfratini para NLI

Mucho más que una semifinal

Existen clásicos futbolísticos que nacen de la geografía, otros de la competencia y algunos de la repetición. El de Argentina e Inglaterra pertenece a una categoría diferente. Es una rivalidad construida por la historia, por la política y por la memoria colectiva de dos pueblos que encontraron en una cancha de fútbol un escenario donde también se expresan emociones que exceden ampliamente al deporte.

Por eso, cuando Lionel Scaloni aseguró en conferencia de prensa que «es un partido de fútbol y no mucho más», habló como entrenador. Lo hizo con la responsabilidad de evitar cargas innecesarias sobre sus futbolistas y de impedir que un plantel joven juegue condicionado por fantasmas del pasado. Sin embargo, también es cierto que los pueblos cargan memorias que ningún entrenador puede borrar.

Porque cada vez que Argentina e Inglaterra se enfrentan en un Mundial, vuelven a aparecer imágenes que atraviesan generaciones.

Rattín, la bronca y el nacimiento de una rivalidad eterna

Todo comenzó en Inglaterra 1966. Argentina llegaba a cuartos de final con la ilusión intacta hasta que una decisión arbitral marcaría para siempre la relación entre ambos países en las Copas del Mundo.

El capitán Antonio Rattín fue expulsado por el árbitro alemán Rudolf Kreitlein luego de una discusión en la que ni siquiera compartían idioma. La Selección debió jugar gran parte del encuentro con diez hombres y terminó cayendo 1 a 0 frente al conjunto local.

La imagen de Rattín sentado sobre la alfombra roja reservada para la realeza británica y negándose a abandonar inmediatamente el campo de juego se convirtió en un símbolo de rebeldía para el fútbol argentino. Aquel episodio fue vivido como una injusticia deportiva y dio origen a una rivalidad que desde entonces nunca volvió a apagarse.

Incluso el propio entrenador inglés, Alf Ramsey, calificó despectivamente a los argentinos como «animales», alimentando un resentimiento que trascendió generaciones.

Malvinas y el partido que nunca dejó de jugarse

Dieciséis años después, la historia agregaría una herida mucho más profunda.

En 1982, la dictadura Argentina y el Reino Unido protagonizaron la Guerra de Malvinas, un conflicto que dejó 649 soldados argentinos muertos, cientos de veteranos marcados para siempre y una causa que continúa siendo una bandera de soberanía para la sociedad argentina (aunque Patricia Bullrich propuso entregarlas)

Apenas cuatro años después, el destino volvió a cruzar a ambas naciones en el escenario más grande del fútbol.

No hacía falta que nadie explicara lo que significaba ese partido.

Los jugadores podían decir que era fútbol. Los dirigentes también. Pero millones de argentinos lo vivieron como algo imposible de separar del contexto histórico que todavía estaba abierto.

Maradona escribió la página más grande

El 22 de junio de 1986, en el estadio Azteca de México, Diego Armando Maradona convirtió probablemente los dos goles más famosos de toda la historia de los Mundiales.

Primero llegó «La Mano de Dios», una picardía que el propio Diego definiría como «un poco con la cabeza de Maradona y un poco con la mano de Dios».

Cuatro minutos después ocurrió algo todavía más extraordinario.

Maradona tomó la pelota en su propio campo, dejó atrás a medio equipo inglés y convirtió el que la FIFA terminaría eligiendo como el Gol del Siglo. Una obra de arte irrepetible que sintetizó talento, rebeldía, gambeta y genialidad.

Con los años, el propio Diego reconocería que aquella victoria también había tenido un componente emocional relacionado con la guerra.

Era como ganarle a un país, no a un equipo de fútbol.

Esa frase quedó grabada para siempre en la memoria colectiva argentina.

Una historia que siguió escribiéndose

La rivalidad volvió a ofrecer otro capítulo inolvidable en Francia 1998, cuando Argentina eliminó a Inglaterra por penales después de un vibrante 2 a 2 que incluyó el extraordinario gol de Michael Owen, la jugada preparada que terminó en el tanto de Javier Zanetti y la expulsión de David Beckham tras una reacción contra Diego Simeone.

@siempreconargentina

Gracias Pupi Zanetti por aquel gol que colaboró para que Argentina 🇦🇷 eliminara a Inglaterra en los Octavos de Final de Francia 1998 🇫🇷

♬ sonido original – Siempre Con Argentina

Cuatro años después, en Corea-Japón 2002, Inglaterra encontró revancha con un triunfo por 1 a 0 gracias a un penal convertido por Beckham, resultado que terminó siendo determinante para la posterior eliminación argentina en la fase de grupos.

Cada enfrentamiento dejó una marca distinta. Ninguno pasó inadvertido.

Una nueva generación, la misma historia

Esta Selección no tiene a Maradona dentro de la cancha. Tampoco carga con las heridas personales de quienes jugaron en 1986. Tiene a Lionel Messi, a un grupo campeón del mundo y a un cuerpo técnico que intenta mantener el foco exclusivamente en lo futbolístico.

Pero el fútbol también vive de símbolos.

Cuando suene el himno argentino, cuando aparezca la camiseta blanca con la cruz roja enfrente y cuando la pelota empiece a rodar, inevitablemente volverán los recuerdos de Rattín, del Azteca, de Malvinas, de Diego levantando los brazos y de generaciones enteras que crecieron entendiendo que un Argentina-Inglaterra nunca fue un partido cualquiera.

Scaloni tiene razón: los tres puntos no existen en una semifinal y el resultado dependerá únicamente de lo que ocurra dentro del campo de juego.

Pero también tiene razón la memoria.

Porque hay partidos que el calendario programa y otros que la historia convierte en eternos.

Y Argentina contra Inglaterra, en un Mundial, pertenece para siempre a esa segunda categoría.


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1 comentario

  1. La indigna corpo mediática que mancha al periodismo, también a la pelota…echar leña, como lo hacen en su función de esbirros del oficialismo. Se entiende lo emocional claro, máxime que algunos apatridas inmorales predican entre Churchill y Tacher…; el gran pueblo argentino del laburo ( golpeado y bastardeado) alienta desde Ratín a Diego eterno y ahora al mejor 10 del mundo🇦🇷

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