Dios y el diablo

Los noruegos terminaron remando en dulce de leche repostero: un cable, un poseído y una pelota insensible. Sørloth, Un enemigo del Pueblo. Erling Haaland, desconsolado.

Por Demetrio Infanzón para NLI

Cuarenta años atrás, La mano de Dios castigó a los ingleses. Tarde pero seguro, satán compensó a sus protegidos insulares: el Cable del diablo le sirvió en bandeja el gol del empate a Jude Bellingham en tiempo adicional de la primera etapa del partido que su seleccionado iba perdiendo 1 a 0 frente a Noruega.

Dicen los  muy creyentes que el diabólico lo sirvió en la misma bandeja que usó para la cabeza de Juan el Bautista. Salvando las distancias, habría que aclarar. Y entre Clément Turpin e Infantino se disputan el mote de Salomé del Mundial.

La cosa fue así: Ørjan Nyland realizó un saque de arco en el minuto 45+2,  la pelota dio toda la impresión de golpear contra uno de los finos cables de la spidercam y lo cierto es que cayó en forma abrupta y rectilínea; el esférico le llegó servido –no del cielo ni de milagro- a Elliot Anderson, que asistió a Jude Bellingham para que pusiera el 1-1.

De nada sirvieron las protestas: el árbitro francés se hizo el cochon boiteuxel -chancho rengo entre nos- y los del VAR se lavaron las manos, como FIFA más tarde, que alegó silencio del Connected Ball o pelota inteligente, infalible por lo visto, inmune a “puntos ciegos” e impasible ante las leyes de la física.

El análisis de la cámara 3D de la BBC muestra un cambio de trayectoria tras una colisión con la cámara araña en la jugada previa al primer gol de Inglaterra, informa The Sun. FIFA afirma haber «comprobado los datos” y que “no se detectó ningún pico en el gráfico procedente del sensor de latidos del balón conectado».

Pero, amplía The Sun, “las nuevas imágenes de la repetición con seguimiento 3D de la BBC han reavivado el debate. La repetición parece mostrar una desviación notable en la trayectoria, por lo demás fluida, del balón en el punto exacto donde estaba colocado el cable de la cámara araña, antes de que el juego continuara e Inglaterra lanzara la jugada que terminó con Bellingham anotando el gol.”.

Por otro lado, en ese infernal primer tiempo hubo otra diablura, aunque esta vez el maligno se valió de una astilla del mismo palo para castigar a Noruega y, en concreto, al más popular y querido futbolista de esta Copa del Mundo 2026: Erling Haaland. El astuto satanás poseyó a través de la envidia y el egoísmo a Alexander Sørloth, compañero de equipo del bueno de Erling.

En el minuto 44 del primer tiempo, ganando 1-0 todavía, Alexander Sørloth y Erling Haaland encabezaron un claro contragolpe -dos contra uno frente al inglés J. Stones-; Haaland, solo y desmarcado por la izquierda, pedía el pase para definir con el arco libre. Sørloth lo ignoró: locamente retuvo la pelota para intentar definir –sin éxito- él mismo, en situación mucho menos ventajosa que su compañero.

Esta muestra de egoísmo no tardó en ser considerada por fans y analistas como “El pecado del Mundial”. Nadie se tragó la excusa de Sørloth, que alegó temer que el defensor inglés John Stones interceptara el pase. Desde tierras de Ibsen, otro enemigo del pueblo. En folkefiende.

Cable del diablo, Alexander Sørloth poseído e Inglaterra compensada: un combo de mil demonios. Los noruegos seguramente estarán lamentando no haber incluido en la delegación a un exorcista. Por ahora, Dios y el diablo solo se ocupan de algunos de los seleccionados que cuenten al menos con una Copa del Mundo en su haber. A veces no sirve de nada remarla.



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