Ceuta: la última colonia europea en África que vuelve al centro del conflicto internacional

La llegada de miles de migrantes marroquíes volvió a poner a Ceuta en las portadas del mundo. Pero detrás de la crisis migratoria existe una historia de seis siglos de colonialismo, disputas territoriales, intereses geopolíticos y una compleja relación entre España, Marruecos y las grandes potencias occidentales. Comprender qué es Ceuta ayuda a entender mucho más que una crisis fronteriza.

Por Bruno A. Monteverde para NLI

Durante décadas, Ceuta fue para gran parte del mundo apenas un pequeño punto en los mapas. Sin embargo, cada vez que estalla una crisis migratoria entre Europa y África, este territorio español vuelve a ocupar los titulares. El reciente ingreso de miles de personas provenientes de Marruecos reabrió un debate que excede largamente la inmigración: ¿qué hace una ciudad española en territorio africano? ¿Por qué Marruecos reclama su soberanía? ¿Y qué papel juegan Estados Unidos y la OTAN en este conflicto?

Detrás de esas preguntas aparece una historia que comenzó mucho antes de la formación del Estado marroquí moderno y que todavía hoy permanece abierta.

Una ciudad africana bajo bandera europea desde hace más de 600 años

Ceuta está ubicada sobre la costa norte de África, frente al estrecho de Gibraltar. Posee apenas 18,5 kilómetros cuadrados, pero ocupa una posición estratégica extraordinaria: controla uno de los principales pasos marítimos del planeta entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo.

La ciudad fue conquistada por el Reino de Portugal en 1415, en plena expansión marítima europea. Más de un siglo después, cuando las coronas portuguesa y española quedaron unificadas bajo Felipe II, Ceuta pasó a depender administrativamente de España. Tras la independencia portuguesa, en el siglo XVII, la propia ciudad decidió permanecer bajo soberanía española. Ese proceso histórico es uno de los principales argumentos jurídicos que utiliza Madrid para sostener que Ceuta no constituye una colonia, sino parte integral del Estado español desde antes incluso de la creación del actual Marruecos.

Sin embargo, para Marruecos la lectura histórica es completamente distinta.

El reclamo marroquí: una descolonización inconclusa

Cuando Marruecos obtuvo su independencia de Francia y España en 1956, inició un proceso de recuperación de diversos territorios que permanecían bajo control español.

Con el paso de las décadas logró recuperar el Protectorado español del norte, el enclave de Ifni y otras posesiones. Sin embargo, Ceuta y Melilla continuaron bajo administración española.

Desde entonces, Rabat sostiene que ambas ciudades constituyen los últimos vestigios del colonialismo europeo en África y reclama periódicamente la apertura de negociaciones para discutir su soberanía. España rechaza de manera sistemática cualquier conversación sobre ese punto y sostiene que las ciudades forman parte indiscutible del territorio nacional.

Esta diferencia de posiciones explica buena parte de las tensiones diplomáticas que aparecen cíclicamente entre ambos países.

Una frontera que se transforma en herramienta política

La frontera entre Ceuta y Marruecos es una de las pocas fronteras terrestres que separan directamente a África de la Unión Europea. Cada crisis migratoria suele convertirse también en una crisis diplomática.

En distintas oportunidades, España y sectores de la Unión Europea acusaron a Marruecos de relajar deliberadamente los controles fronterizos como mecanismo de presión política cuando existen desacuerdos bilaterales. El antecedente más conocido ocurrió en 2021, cuando decenas de miles de personas ingresaron en Ceuta después de que España permitiera el ingreso para tratamiento médico del líder saharaui Brahim Ghali. Aquella decisión generó una fuerte reacción del gobierno marroquí y profundizó el conflicto diplomático.

La nueva oleada migratoria vuelve a colocar ese debate sobre la mesa, aunque las causas combinan factores económicos, sociales y políticos.

El Sahara Occidental: la llave de toda la disputa

Resulta imposible comprender la relación entre España y Marruecos sin incorporar el conflicto del Sahara Occidental. Hasta 1975 ese territorio fue administrado por España. Tras la denominada Marcha Verde impulsada por el rey Hassan II y los Acuerdos de Madrid, España abandonó el territorio sin completar un proceso de descolonización supervisado por Naciones Unidas.

Desde entonces Marruecos controla gran parte del Sahara Occidental, mientras el Frente Polisario reclama el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Cada movimiento diplomático español respecto del Sahara repercute automáticamente sobre las relaciones con Rabat y, muchas veces, termina teniendo consecuencias en Ceuta y Melilla.

Estados Unidos y el cambio geopolítico

Uno de los cambios más importantes de los últimos años fue el giro de Estados Unidos respecto del Sahara Occidental. En 2020, durante la presidencia de Donald Trump, Washington reconoció la soberanía marroquí sobre ese territorio como parte de un acuerdo diplomático más amplio vinculado a la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel.

Si bien Estados Unidos nunca reconoció oficialmente las reclamaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla, ese respaldo sobre el Sahara fortaleció considerablemente la posición internacional de Rabat y modificó los equilibrios diplomáticos en la región. España quedó obligada a revisar parte de su política exterior para evitar un deterioro aún mayor de sus vínculos con Marruecos.

En los últimos meses incluso aparecieron nuevas controversias por referencias de documentos estadounidenses sobre Ceuta y Melilla, aunque no existe un reconocimiento oficial de soberanía marroquí sobre esas ciudades.

Europa mira a Ceuta como una frontera, Marruecos como una ciudad ocupada

Para la Unión Europea, Ceuta representa una frontera exterior del bloque. Para Marruecos constituye un enclave colonial cuya situación debería resolverse mediante negociaciones.

Mientras tanto, sus aproximadamente 85.000 habitantes conviven diariamente con una realidad singular: viven en territorio africano, poseen ciudadanía española y europea, utilizan el euro y forman parte de un espacio donde conviven comunidades cristianas, musulmanas, judías e hindúes.

Mucho más que una crisis migratoria

Cada vez que miles de personas intentan ingresar a Ceuta, las imágenes muestran solamente el episodio más visible de una disputa mucho más profunda.

Allí confluyen el legado del colonialismo europeo, las heridas abiertas de la descolonización africana, el conflicto irresuelto del Sahara Occidental, la política migratoria de la Unión Europea y los intereses estratégicos de Estados Unidos y la OTAN en el Mediterráneo occidental.

Por eso, cuando Ceuta vuelve a aparecer en los titulares internacionales, no se trata únicamente de inmigración. Se trata también de uno de los últimos grandes conflictos coloniales que permanecen abiertos en el siglo XXI.


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