River volvió a perder, esta vez 1-0 ante Tigre en Victoria, y sumó su sexta derrota consecutiva. El equipo de Eduardo Coudet atraviesa una crisis futbolística profunda, con una alarmante falta de gol y cada vez menos respuestas dentro de la cancha.
Por Ignacio Elfratini para NLI

River volvió a caer. Y esta vez no hubo atenuantes, reacción sobre el final ni una jugada aislada capaz de maquillar una realidad que se vuelve cada vez más difícil de esconder. El equipo de Eduardo Coudet perdió 1-0 ante Tigre, en Victoria, y sumó su sexta derrota consecutiva, una secuencia que ya convirtió la crisis futbolística en algo mucho más profundo que una simple mala racha.
El único gol del partido lo convirtió Ignacio Russo a los 78 minutos, después de una acción en la que River volvió a mostrar uno de sus principales problemas: la fragilidad para resolver situaciones defensivas que, en otro momento, parecían controlables. Tigre encontró el momento justo, golpeó y después defendió una ventaja que River fue incapaz de revertir.
Lo más preocupante, sin embargo, no es solamente el resultado. Es la forma. River volvió a ofrecer un equipo con enormes dificultades para generar peligro, con poca claridad en los últimos metros y una producción ofensiva que se ha convertido en uno de los grandes interrogantes de este ciclo. El dato es demoledor: según el análisis posterior al encuentro, el conjunto de Núñez apenas alcanzó un 0,38 de xG y obligó a una sola intervención importante al arquero de Tigre.
seis derrotas que ya no pueden explicarse como una casualidad
La sucesión de resultados obliga a mirar mucho más allá de un partido puntual. River viene acumulando derrotas y, sobre todo, una sensación de impotencia que se repite independientemente del rival, del escenario y de los nombres que aparezcan en la formación. El problema ya no parece estar solamente en la definición: River tiene dificultades para construir situaciones de gol y para imponer condiciones durante los partidos.
La llegada de futbolistas de enorme jerarquía individual tampoco consiguió modificar el panorama. Ángel Correa, Nicolás Otamendi y otros nombres importantes del plantel todavía no lograron transformar individualmente una estructura que aparece desorientada. El equipo parece depender demasiado de alguna aparición aislada y carece de una identidad colectiva reconocible.
Y eso es justamente lo que más preocupa a los hinchas. Una derrota puede explicarse por un error, una expulsión, una mala tarde o incluso por la superioridad del rival. Seis derrotas consecutivas exigen otra explicación. Hay una falla estructural que alcanza al funcionamiento, la confianza y la capacidad del cuerpo técnico para encontrar respuestas.
El dato adquiere todavía mayor peso porque esta secuencia se produce después de un período en el que River ya había comenzado a acumular frustraciones importantes. La salida de Marcelo Gallardo, el cambio de entrenador y la expectativa generada por la incorporación de jugadores de peso no consiguieron modificar una tendencia negativa que se viene arrastrando desde hace meses.
Coudet, cada vez más cuestionado
Eduardo Coudet quedó inevitablemente en el centro de la escena. Cuando los resultados no aparecen, el entrenador es el primer responsable señalado, pero en este caso la discusión excede la elección de un esquema o de determinados nombres. River no parece saber a qué juega, y esa falta de identidad termina trasladándose directamente al rendimiento.
El entrenador intentó diferentes combinaciones ofensivas, pero el problema persiste. Frente a Tigre, River volvió a tener dificultades para progresar con claridad y terminó dependiendo de centros, pelotas divididas y acciones aisladas. El rival, en cambio, encontró los espacios necesarios para sostener el partido y finalmente quedarse con una victoria que profundiza todavía más el golpe.
La preocupación aumenta porque River tiene por delante compromisos importantes y necesita reaccionar rápidamente. En este contexto, cada nuevo partido dejó de ser simplemente una oportunidad para sumar tres puntos y pasó a convertirse en una prueba para determinar si el equipo puede recuperar una mínima estabilidad.
La estadística de las últimas semanas es brutal: seis partidos, seis derrotas y ningún gol convertido. La falta de gol es apenas la expresión más visible de una crisis que también se manifiesta en la generación de juego, la confianza y la solidez defensiva.
un gigante que necesita respuestas
River no está acostumbrado a atravesar este tipo de escenarios. Por eso la discusión ya no pasa solamente por perder partidos: pasa por la ausencia de respuestas. El hincha puede tolerar una derrota cuando ve un equipo que lucha, juega y genera situaciones. Lo que empieza a resultar intolerable es la sensación de que los partidos se repiten con el mismo guion.
Ante Tigre volvió a suceder. River tuvo la pelota por momentos, buscó adelantarse, pero careció de profundidad. Tigre esperó su oportunidad y cuando la encontró golpeó. Después, el Millonario volvió a chocar contra sus propias limitaciones.
El resultado deja a River frente a una situación que exige decisiones. La crisis ya no se puede esconder detrás de una mala racha. Hay que determinar qué está fallando, por qué un plantel que cuenta con futbolistas de jerarquía no consigue funcionar colectivamente y, fundamentalmente, si Coudet es capaz de encontrar una solución.
Porque mientras River busca respuestas, la tabla, los resultados y la paciencia de sus hinchas no esperan. Y cada derrota convierte el próximo partido en una presión todavía mayor.
Ficha del partido
Torneo: Liga Profesional – Torneo Clausura 2026
Fecha: 8 de agosto de 2026
Estadio: José Dellagiovanna, Victoria
Resultado: Tigre 1 – River 0
Gol: Ignacio Russo (78′)
River: 4-2-3-1
Entrenador: Eduardo Coudet
Racha: sexta derrota consecutiva
Dato clave: River no convirtió goles durante esta seguidilla de seis derrotas.
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