El exparticipante de Gran Hermano Brian Lanzelotta denunció haber sido víctima de una estafa por $17 millones luego de entregar una importante carga de papel higiénico a un supuesto cliente que nunca realizó el pago. El engaño dejó al músico y a su familia al borde de una situación crítica: deudas con proveedores, un préstamo que había pedido para producir la mercadería, el alquiler de la fábrica y hasta la posibilidad concreta de tener que vender su vehículo de trabajo para poder afrontar los compromisos.
Por Lola Santacreta para NLI

Lanzelotta contó que el hecho ocurrió en el marco de la pequeña fábrica de papel higiénico que sostiene junto a su familia en La Matanza, emprendimiento al que se volcó en los últimos años mientras reducía su actividad artística. Según relató, un supuesto comprador de Mendoza se contactó con la empresa y realizó un pedido extraordinariamente grande para las dimensiones del emprendimiento: 3.800 bolsones de papel, una operación que representaba una oportunidad importante para una pyme familiar que trabaja con recursos limitados.
Una venta que terminó convirtiéndose en una pesadilla
El pedido debía ser preparado en apenas una semana. Para poder cumplirlo, Lanzelotta tuvo que conseguir financiamiento para comprar la materia prima y contó con la ayuda económica de su suegro, mientras él, su hermano y su pareja trabajaban prácticamente sin descanso para completar la producción. El esfuerzo incluyó jornadas enteras dentro del galpón y una sucesión de problemas que complicaron todavía más el trabajo: demoras en la llegada del papel, desperfectos en la maquinaria, una inundación y hasta la rotura de un vidrio cerca del lugar donde se encontraba el cantante.
Finalmente lograron preparar alrededor de 3.100 bolsones, que fueron cargados en un camión con destino a Mendoza. El acuerdo establecía que el pago debía concretarse durante la carga. Cuando el dinero no apareció, Lanzelotta reclamó y los supuestos compradores enviaron comprobantes de transferencias que, según descubrió posteriormente, eran falsos. Incluso llegaron a argumentar que existía un error en los datos de la documentación bancaria y que el dinero se acreditaría posteriormente.
El engaño aprovechó precisamente una situación que puede resultar conocida para cualquier pequeño empresario: la necesidad de crecer y no perder una venta importante. Lanzelotta reconoció que el tamaño del pedido lo llevó a asumir riesgos que normalmente no habría asumido. Según explicó, recibió los datos de una empresa cuyo CUIT efectivamente existe, pero que no sería la verdadera responsable de la operación. Los estafadores habrían utilizado información de terceros para darle apariencia de legitimidad al negocio.
Cuando finalmente verificó la operación con las entidades bancarias, llegó la confirmación del fraude: la transferencia nunca había sido realizada. El supuesto cliente tampoco figuraba como cliente del banco desde el cual aseguraba haber enviado el dinero. Para ese momento, el camión ya había abandonado el depósito con la mercadería.
La mercadería fue localizada y ya hay una investigación judicial
El caso fue denunciado ante la Justicia y la investigación quedó radicada en la Fiscalía N° 3 de San Martín. El abogado de Lanzelotta, Gastón Jordanes, aseguró que aportaron documentación y distintos elementos que permitirían avanzar sobre las personas involucradas. También afirmó que lograron individualizar a quienes tendrían actualmente la mercadería.
La difusión que hizo Lanzelotta en redes sociales permitió además que distintas personas de Mendoza comenzaran a acercarle información. Según su relato, seguidores le enviaron videos, nombres y datos sobre el recorrido que habría seguido la carga. Parte de la mercadería incluso habría comenzado a ser ofrecida para la venta en redes sociales, mientras la investigación intenta determinar quiénes participaron de la maniobra.
El cantante aclaró que no quiere responsabilizar al camionero que transportó la carga, aunque reconoció que existen interrogantes sobre el recorrido de la mercadería y que la Justicia deberá establecer qué participación tuvo cada persona. Por el momento, la denuncia y las pruebas aportadas serán las que determinen responsabilidades, sin que corresponda atribuir un delito a personas que todavía no fueron judicialmente imputadas.
Pero mientras la investigación avanza, el problema más urgente para Lanzelotta es otro: cómo mantener funcionando una pequeña empresa después de perder de golpe $17 millones en mercadería. El alquiler del establecimiento, según contó, ronda los $1,4 millones mensuales, a lo que se suman el préstamo familiar, las obligaciones con proveedores y otros gastos vinculados al funcionamiento de la fábrica.
“Hoy no tengo plata ni para comprarme una gaseosa”, expresó Lanzelotta al describir la situación en la que quedó después de la estafa. También contó que evalúa vender su camioneta de reparto para poder hacer frente a las deudas. Lejos de pedir una colecta, rechazó incluso la posibilidad de difundir públicamente un alias para recibir ayuda y sostuvo que quiere salir adelante trabajando.
El episodio expone, más allá de la notoriedad de su protagonista, la enorme vulnerabilidad que puede tener una pequeña empresa frente a una operación fraudulenta. Para una gran compañía, una pérdida de esta magnitud puede representar un problema financiero dentro de una estructura mucho mayor. Para una pyme familiar, en cambio, una sola operación fallida puede comprometer salarios, alquileres, proveedores, préstamos y la continuidad misma del emprendimiento.
Y esa es precisamente la dimensión más dramática del caso. Lanzelotta no perdió solamente una venta: perdió en cuestión de horas el resultado de una semana de trabajo y una suma que había comprometido el capital de su familia para poder producir. Ahora será la Justicia la que deberá determinar quiénes estuvieron detrás de la maniobra y si existe alguna posibilidad de recuperar la mercadería o el dinero. Mientras tanto, el empresario enfrenta una pregunta mucho más inmediata: cómo evitar que una estafa termine llevándose puesto el trabajo que construyó durante años.
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