Manuel Adorni presentó ante la Justicia una nueva explicación sobre su patrimonio y negó haber pagado US$245.000 por las refacciones de su casa de Indio Cuá. Pero el contratista Matías Tabar salió a cruzarlo y ratificó que cobró en dólares billete, que tiene documentación de las obras y que tributó ante ARCA por esos ingresos. La diferencia entre ambas versiones supera los US$70.000 y ahora forma parte del expediente que investiga el patrimonio del exjefe de Gabinete.
Por Ramiro C. Ferrante para NLI

La causa por el patrimonio de Manuel Adorni acaba de entrar en una zona todavía más incómoda para el exjefe de Gabinete. Después de que su defensa presentara ante la Justicia una extensa explicación para justificar la evolución de sus bienes y sus gastos durante su paso por el Gobierno de Javier Milei, el contratista Matías Tabar, señalado como quien estuvo al frente de las millonarias refacciones de la vivienda de Indio Cuá, volvió a ratificar su versión: Adorni y su esposa pagaron en dólares billete las obras y el monto fue de aproximadamente US$245.000. Y esta vez Tabar no se quedó solamente con la cifra: aseguró que tiene documentación y lanzó una frase demoledora contra el exfuncionario: “Es un cabeza de termo”.
El choque no es menor. En su presentación judicial, Adorni rechazó que las refacciones hayan costado US$245.929, como había declarado Tabar, y sostuvo que el desembolso real fue de US$174.954,58. La defensa afirmó que ese monto surge de un estudio contable y que, además, coincidiría con la valuación de mercado realizada por un perito arquitecto. La diferencia es de alrededor de US$71.000. En una investigación donde justamente se intenta reconstruir de dónde salieron los recursos utilizados por el matrimonio para afrontar sus gastos y adquisiciones, no se trata de una discrepancia menor.
US$245.000 en billetes y una versión que no cierra
Tabar había declarado ante la Justicia que recibió US$245.000 en efectivo por los trabajos realizados en la propiedad de Indio Cuá. La obra incluyó pisos, paredes, quincho, pileta, cascada, parrilla y otras intervenciones en la vivienda que la familia Adorni había adquirido por unos US$120.000. Es decir, solamente la remodelación habría costado más del doble del valor de compra informado para la propiedad.
Ahora, después de que Adorni negara ese monto, el contratista volvió a hablar públicamente y sostuvo que la documentación está disponible para ser revisada. Según su relato, los pagos fueron realizados en dólares billete y tanto él como quienes participaron de la obra pueden aportar elementos para reconstruir las operaciones. Tabar también aseguró que tributó ante ARCA por el dinero recibido, un punto particularmente sensible porque coloca la discusión en un terreno documental: no solamente está en juego cuánto dice cada parte que costó la obra, sino qué facturación, comprobantes, registros y movimientos fiscales existen alrededor de esos pagos.
La investigación ya había incorporado documentación aportada por Tabar y, en una instancia anterior, el contratista incluso entregó su teléfono para que pudiera ser peritado en busca de conversaciones vinculadas con la obra. La declaración que realizó entonces fue bajo juramento y quedó incorporada al expediente que conduce el fiscal Gerardo Pollicita.
Ahora la discusión tiene dos números arriba de la mesa. Tabar habla de US$245.000; Adorni sostiene que fueron US$174.954,58. Y la Justicia deberá determinar cuál de las dos cifras se corresponde con los pagos efectivamente realizados.
El “cabeza de termo” y la guerra por la explicación
El contrapunto adquirió un tono inusualmente personal cuando Tabar fue consultado sobre la explicación de Adorni. El contratista cuestionó la versión del exfuncionario y calificó de “inverosímil” el argumento relacionado con las billeteras de criptomonedas que utiliza la defensa para explicar buena parte de la evolución patrimonial de Adorni. En la entrevista difundida por Página/12, además, respondió con el particular calificativo de “cabeza de termo” cuando se refirió a la postura del exjefe de Gabinete.
El enfrentamiento se produce justo cuando Adorni intenta cerrar judicialmente una de las principales preguntas de la causa: cómo pudo financiar un nivel de gastos y adquisiciones que, según el análisis fiscal, no quedaba explicado por sus ingresos declarados. Su defensa sostiene que buena parte del dinero provenía de operaciones con Bitcoin realizadas años antes de su llegada al Gobierno y que esos activos le permitieron afrontar posteriormente la compra de propiedades, refacciones, viajes y otros gastos.
El problema es que la explicación de las criptomonedas no elimina la necesidad de reconstruir cada operación concreta. Si una obra costó US$175.000, habrá que determinar cómo se efectuaron esos pagos. Si costó US$245.000, habrá que establecer lo mismo. Y si existió una diferencia entre lo efectivamente abonado, lo declarado y lo facturado, esa diferencia también deberá ser explicada.
Una investigación que acumula dólares, propiedades y pagos en efectivo
El capítulo de Indio Cuá se suma a una investigación que ya había detectado otros movimientos patrimoniales bajo análisis. La fiscalía había requerido explicaciones sobre la adquisición de propiedades, gastos en efectivo y otras operaciones realizadas durante el período en que Adorni pasó a ocupar cargos de creciente relevancia dentro del Gobierno nacional. También se investiga el alquiler de otra vivienda dentro del mismo country mientras se realizaban las refacciones.
Ese alquiler agrega otro dato llamativo a la historia. Un propietario de una vivienda de Indio Cuá declaró que Adorni habría abonado US$21.000 en efectivo por distintos períodos de alquiler mientras esperaba que terminaran las obras de su propia casa. La investigación, por lo tanto, no analiza solamente el costo de la remodelación: también intenta reconstruir los desembolsos realizados alrededor de la mudanza y las propiedades de la familia.
Y mientras esas piezas se acumulan, aparece una paradoja particularmente incómoda: el propio contratista que reconoce haber recibido una suma millonaria en dólares dice estar en condiciones de documentarla, mientras el beneficiario de la obra sostiene que la cifra fue sustancialmente menor. La diferencia no es una cuestión semántica. Son más de US$70.000 que separan una versión de la otra.
La causa deberá establecer además qué documentación respalda cada cifra. La defensa de Adorni sostiene que existen comprobaciones contables y una tasación profesional que ubican el costo en torno a los US$175.000. Tabar, en cambio, sostiene que su registro de la obra permite llegar a los US$245.000 y que esos ingresos tuvieron tratamiento fiscal. La prueba documental será, entonces, la que permita separar una disputa mediática de una reconstrucción patrimonial verificable.
El dato político y judicial es que Adorni ya no enfrenta solamente preguntas sobre cómo consiguió el dinero. Ahora tiene que convivir con una contradicción puntual sobre cuánto pagó por una de sus principales inversiones inmobiliarias. Y esa contradicción tiene nombre y apellido del otro lado: Matías Tabar, el hombre que hizo la obra y que sostiene que cobró US$245.000 en dólares billete.
En Comodoro Py, donde los números terminan necesariamente convertidos en documentos, la pregunta queda planteada con una sencillez brutal: ¿fueron US$245.000 o US$174.954,58? Entre esas dos cifras hay más de US$70.000 de diferencia y una investigación por presunto enriquecimiento ilícito que intenta reconstruir, peso por peso y dólar por dólar, cómo evolucionó el patrimonio del exjefe de Gabinete. Por ahora, Adorni dice una cosa y su contratista dice exactamente la contraria. Y esta vez, más que las declaraciones, serán las facturas, los registros fiscales, los movimientos financieros y la documentación de la obra los que tendrán que hablar.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
