El piloto francés denunció amenazas contra él, su familia y su pareja después del polémico episodio con Franco Colapinto en Madrid. Pero la novela no terminó en las redes: Alpine salió a marcar límites y el propio argentino respaldó a su compañero. Entre el drama de Gasly, los insultos virtuales y una Fórmula 1 cada vez más atravesada por las redes, la interna de Alpine volvió a levantar temperatura.
Por Ignacio Elfratini para NLI

Pierre Gasly volvió a poner el grito en el cielo. Esta vez no fue por una estrategia de Alpine, por una parada en boxes o por algún problema de rendimiento: el piloto francés denunció que, después de su cruce con Franco Colapinto en el Gran Premio de España, recibió una ola de insultos y amenazas en redes sociales que, según relató, llegaron incluso hasta miembros de su familia y su pareja. El episodio, que comenzó en la pista de Madrid y parecía destinado a quedar archivado como otra discusión entre compañeros de equipo, terminó convertido en una nueva batalla alrededor de la Fórmula 1 y de la relación cada vez más tóxica entre deporte, fanatismo y redes sociales.
Gasly habló este miércoles en Bakú, durante la previa del Gran Premio de Azerbaiyán, y fue contundente al marcar la diferencia entre la crítica deportiva y las amenazas personales. El francés sostuvo que sabe perfectamente que, como piloto de elite, está expuesto a cuestionamientos y críticas, pero consideró que se cruzó una línea cuando los ataques alcanzaron a personas de su entorno. “La magnitud de las amenazas y los ataques me parece completamente inapropiada, especialmente cuando llegan a familiares, a mi novia”, explicó ante los medios.
Todo empezó por una posición
Para entender semejante incendio hay que volver a Madring, donde se disputó el Gran Premio de España. En las vueltas finales, Colapinto alcanzó a Gasly, que circulaba con neumáticos usados y todavía debía cumplir con su parada obligatoria en boxes. El argentino necesitaba conservar el séptimo puesto porque detrás se venía Oscar Piastri, y desde la radio reclamó que su compañero le cediera la posición para evitar perder tiempo.
Gasly decidió mantener su lugar. El francés sostuvo posteriormente que no existió una orden concreta de Alpine para intercambiar posiciones y que el asunto fue hablado internamente con el equipo. Finalmente, Gasly entró a boxes al terminar aquella vuelta y Colapinto pudo conservar el séptimo puesto, por delante de Piastri. La maniobra dejó bronca entre algunos seguidores argentinos, pero lo que siguió en las redes llevó el asunto a otro nivel.
El francés ahora asegura que los mensajes dejaron de ser simples críticas deportivas. Según su relato, las amenazas alcanzaron también a su familia y a su novia, algo que calificó como “completamente inapropiado” y “preocupante” para la Fórmula 1. Gasly también sostuvo que las cosas “no eran así en el pasado” y reclamó que la categoría encuentre mecanismos para construir un ambiente más saludable, porque, según su mirada, determinadas líneas se cruzan con demasiada frecuencia detrás de una pantalla.
Y acá apareció Colapinto para apagar el incendio. El argentino respaldó a su compañero y cuestionó las agresiones. “Nunca es agradable recibir esos comentarios, y menos aún cuando le sucede a alguien del equipo en el que compito”, señaló. También dejó claro que el problema no debería ser presentado exclusivamente como una cuestión de seguidores argentinos, porque la violencia digital atraviesa a las comunidades de aficionados de toda la Fórmula 1.
Briatore sacó la tarjeta roja
La situación escaló todavía más cuando apareció Flavio Briatore, asesor ejecutivo de Alpine, con una advertencia dirigida especialmente a los aficionados argentinos. El italiano sostuvo que quienes quieran apoyar a Colapinto deben hacerlo de manera respetuosa y llegó a plantear que, si continúan los ataques, Alpine podría restringir las entrevistas de sus pilotos con medios argentinos.
“Si quieren apoyar a Franco, háganlo de manera respetuosa y leal”, reclamó Briatore, quien agregó que existe “mucho enojo de los fans” en las redes sociales. Incluso advirtió que el equipo podría dejar de brindar entrevistas a la televisión argentina si la situación continuaba.
La frase generó un problema adicional porque mete en la misma licuadora tres cuestiones diferentes: el comportamiento de determinados usuarios de redes sociales, la enorme pasión que despierta Colapinto en Argentina y la relación entre Alpine y los medios argentinos. Una cosa es defender al piloto argentino y discutir una decisión de Gasly; otra muy distinta es amenazar a un piloto o a su familia. El propio Colapinto parece haber entendido perfectamente esa diferencia y salió a despegarse de cualquier conducta de ese tipo.
La paradoja es que todo nació de una situación estrictamente deportiva. Gasly tenía que parar, Colapinto necesitaba ganar tiempo y Piastri estaba detrás. En una carrera de Fórmula 1, donde cada segundo puede cambiar una posición, la discusión por quién pasa primero forma parte del juego. Lo que resulta mucho más difícil de justificar es que una pelea por un séptimo puesto termine trasladándose desde el asfalto hasta la familia de un piloto.
Y Gasly, que en otras oportunidades quedó en el centro de discusiones por sus actuaciones dentro de Alpine, esta vez consiguió que el foco abandonara completamente la maniobra de Madrid y se instalara en el comportamiento de los aficionados. El francés llora las amenazas; Colapinto pide que se terminen; Briatore amenaza con cerrar los micrófonos argentinos. Mientras tanto, la Fórmula 1 sigue su marcha y el verdadero objetivo de Alpine debería estar bastante lejos de las guerras de Twitter: poner a sus dos autos lo más adelante posible.
Porque una cosa es la rivalidad, otra la cargada y otra muy distinta la amenaza. La bandera a cuadros se baja en la pista, no detrás de un teclado.
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Una discusión absurda; esto debe resolverse puertas adentro y lo peor de la cultura futbolera debe quedar afuera. Furli de ARG
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