El gobernador bonaerense desplegó en Nueva York una agenda económica, política y académica que incluyó reuniones con fondos de inversión, empresarios, dirigentes internacionales y académicos. Desde Estados Unidos cuestionó el rumbo del Gobierno nacional, defendió la producción y los recursos estratégicos argentinos y marcó diferencias con Javier Milei también en torno a Malvinas.
Por Luis Bulnes Valdez para NLI

Axel Kicillof llegó a Nueva York con una agenda propia y, casi inevitablemente, terminó convirtiendo la coincidencia geográfica con Javier Milei en una escena política de dos proyectos que disputan diagnósticos diferentes sobre la Argentina. Mientras el Presidente participó de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el gobernador bonaerense mantuvo reuniones con fondos de inversión y empresas, participó de encuentros académicos y políticos y aprovechó su presencia en Estados Unidos para defender una concepción de desarrollo basada en la producción, el trabajo, la industria, la ciencia y la soberanía sobre los recursos estratégicos.
La diferencia no quedó limitada a la economía. Desde Nueva York, Kicillof cuestionó especialmente el discurso de Milei ante la ONU y puso el foco en la cuestión Malvinas. “Nos sorprende que Milei ahora se acuerde cuando hablaba de la autodeterminación”, sostuvo el gobernador en diálogo con C5N, en referencia a posiciones anteriores del Presidente respecto del conflicto de soberanía. Kicillof recordó que Milei había planteado la necesidad de escuchar a quienes habitan las islas y señaló que esa postura contrasta con el reclamo que ahora llevó a Naciones Unidas.
La cuestión no es menor para una mirada nacional y popular de la política exterior argentina. Las Islas Malvinas y los espacios marítimos correspondientes integran el territorio argentino y permanecen bajo ocupación británica desde 1833. En ese marco, el reclamo argentino de soberanía constituye una política de Estado sostenida históricamente por los distintos gobiernos constitucionales. La discusión política aparece cuando se analizan las herramientas diplomáticas, económicas y geopolíticas utilizadas para sostener ese reclamo y, especialmente, las alianzas internacionales que cada administración considera prioritarias.
Producción nacional frente al modelo extractivo
Durante su visita, Kicillof llevó también al corazón financiero de Estados Unidos una discusión que suele aparecer invertida en el debate argentino: qué tipo de inversión necesita el país y para qué modelo de desarrollo. El gobernador mantuvo reuniones con representantes de fondos de inversión y con más de veinte empresas vinculadas a sectores como energía, minería, petróleo y gas, biotecnología, comercialización de granos y servicios tecnológicos. La propia Gobernación bonaerense presentó esos encuentros como parte de una estrategia para mostrar las oportunidades de desarrollo productivo, innovación e infraestructura existentes en la Provincia.
El planteo de Kicillof apunta a diferenciar inversión de simple extracción de recursos. En su exposición en The New School sostuvo que la Argentina y América Latina atraviesan una etapa de oportunidades frente al reordenamiento internacional y remarcó que el país posee recursos naturales, capacidades científicas y tecnológicas y una tradición industrial que, según su diagnóstico, no están siendo aprovechados adecuadamente.
“Las políticas de Milei están en las antípodas de nuestras necesidades de desarrollo”, afirmó el gobernador, y cuestionó lo que definió como una política que afecta el empleo, los salarios y la industria nacional. También defendió una mayor integración latinoamericana para que la región pueda negociar en mejores condiciones dentro del nuevo escenario internacional.
Es una discusión que excede la coyuntura electoral. Argentina cuenta con una enorme dotación de recursos naturales y capacidades productivas, pero la cuestión central es qué lugar ocupa el Estado, qué participación tiene la industria nacional, cuánto valor agregado queda dentro del país y cómo se distribuyen los beneficios de las inversiones. Para el gobernador bonaerense, esos interrogantes deben formar parte de cualquier estrategia nacional de inserción internacional.
Mamdani, Sánchez y la otra foto de Nueva York
La agenda política de Kicillof incluyó además un encuentro con Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, y con el presidente español Pedro Sánchez, en una actividad centrada en la construcción de una economía orientada a las mayorías. El encuentro permitió al mandatario bonaerense exponer su diagnóstico sobre la situación argentina ante dirigentes internacionales y volver a colocar en escena la discusión acerca de modelos económicos y políticas públicas.
Kicillof describió desde allí la situación económica argentina en términos extremadamente críticos y rechazó la caracterización de la gestión de Milei como un “milagro económico”. Según sus declaraciones, el país atraviesa una situación marcada por pérdida de empleos, cierre de empresas, caída de salarios y deterioro de las condiciones de vida. Se trata, en este caso, de la evaluación política del gobernador sobre la situación nacional, no de una medición independiente incorporada a sus declaraciones.
El contraste con Milei quedó así expuesto también en el plano internacional. Mientras el Presidente buscó exhibir ante Naciones Unidas su alineamiento geopolítico con Estados Unidos y otros actores centrales de la política internacional, Kicillof utilizó su paso por Nueva York para defender una agenda centrada en desarrollo productivo, integración regional, capacidades nacionales y soberanía económica. Las dos agendas coincidieron en una misma ciudad, pero no necesariamente en la misma concepción acerca de cómo debe insertarse la Argentina en el mundo.
La presencia del gobernador bonaerense en Nueva York tiene, además, una dimensión financiera concreta: entre sus reuniones estuvieron fondos que poseen bonos de la Provincia y compañías que ya operan en territorio bonaerense o evalúan nuevos proyectos. Es decir, el viaje no fue solamente político o académico: también buscó sostener vínculos financieros y atraer inversiones hacia la principal jurisdicción productiva del país.
La escena neoyorquina dejó entonces una postal significativa: dos dirigentes argentinos en la misma ciudad, con dos agendas y dos relatos sobre el lugar que debe ocupar el país en el mundo. Kicillof eligió hablar de industria, trabajo, ciencia, recursos estratégicos e integración latinoamericana, mientras cuestionó las definiciones del Gobierno nacional sobre economía y política exterior. Y en el medio apareció una cuestión que atraviesa generaciones de argentinos: Malvinas, cuya soberanía no puede quedar reducida a una consigna circunstancial ni a una fotografía diplomática, sino que forma parte de una historia territorial, económica y política mucho más profunda.
En una Argentina que vuelve a discutir qué hacer con sus recursos naturales, su industria y su capacidad científica, la visita de Kicillof a Nueva York puede leerse como algo más que una escala internacional del gobernador bonaerense. Fue también una exposición pública de una idea de país: producir, agregar valor, defender capacidades nacionales y negociar con el mundo sin confundir apertura con renuncia a la soberanía económica. Ese debate, mucho más allá de Nueva York, vuelve a ocupar el centro de la discusión argentina.
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