Boca perdía 2-0, parecía tener la noche cuesta arriba y terminó ganándole 3-2 a Racing en el Gigante de Arroyito con una remontada de película. Enner Valencia entró desde el banco y convirtió los tres goles del Xeneize, todos de cabeza y en apenas 23 minutos. La Academia tuvo el partido, la ventaja y buena parte del control, pero se quedó sin respuesta cuando Boca encontró el camino más simple y más viejo del fútbol: pelota al área, cabezazo y a cobrar.
Por Ignacio Elfratini para NLI

Hay partidos que se ganan jugando mejor, otros que se ganan resistiendo y algunos que directamente se ganan porque aparece un futbolista capaz de cambiar la historia con tres toques. Boca-Racing fue de estos últimos. El Xeneize estaba contra las cuerdas, perdía 2-0 y tenía enfrente a un Racing que había conseguido administrar la ventaja con bastante autoridad. Pero apareció Enner Valencia, entró desde el banco y en poco más de veinte minutos convirtió tres goles de cabeza para transformar una eliminación casi consumada en una clasificación a las semifinales de la Copa Argentina. Boca ganó 3-2 y ahora jugará ante Banfield por un lugar en la final.
Racing pegó primero y Boca no encontró el camino
El comienzo tuvo a Boca con mayor iniciativa y mucha pelota, pero Racing consiguió algo que en los partidos de eliminación directa vale muchísimo: hacer daño cuando tuvo sus oportunidades. A los 19 minutos, Gastón Lodico ejecutó un córner que se cerró sobre el arco de Leandro Brey y terminó en gol olímpico. El 1-0 modificó el partido porque la Academia pudo empezar a jugar con la ventaja y obligó a Boca a asumir cada vez más riesgos.
La cuestión estadística es interesante porque la posesión no explicaba completamente lo que estaba sucediendo. Boca manejaba buena parte de la pelota, pero Racing defendía cerca de su área, despejaba y esperaba su oportunidad. En la primera mitad, el Xeneize tuvo un volumen importante de tenencia y llegó varias veces a campo rival, pero le faltó lo que finalmente terminaría sobrando en el tramo decisivo: presencia real dentro del área. El equipo de Rodolfo Arruabarrena conseguía avanzar, pero muchas veces terminaba chocando contra una defensa que cerraba los caminos hacia el arco de la Academia.
Y cuando parecía que Boca podía recomponerse en el comienzo del segundo tiempo, llegó otro golpe. Apenas a los dos minutos del complemento, Adrián “Maravilla” Martínez aprovechó una situación dentro del área y puso el 2-0. Racing pasaba a tener una ventaja enorme en un partido de eliminación directa y Boca quedaba obligado a remontar dos goles.
Hasta ahí, la lógica del partido parecía bastante clara: Racing había sido más efectivo, Boca tenía la pelota pero no conseguía convertir ese dominio territorial en situaciones verdaderamente decisivas. El problema del Xeneize no era únicamente cuánto atacaba, sino cómo terminaba las jugadas.
Arruabarrena movió el banco y apareció Valencia
Entonces llegó el movimiento que cambió la noche. Enner Valencia entró desde el banco y Boca empezó a tener algo que no había conseguido durante buena parte del partido: una referencia ofensiva capaz de fijar a los centrales y atacar los centros dentro del área.
Y ahí apareció una de las claves tácticas de la remontada. Boca no necesitó inventar una forma completamente nueva de atacar. Empezó a jugar más directo, cargó el área y explotó el juego aéreo. Lautaro Blanco empezó a encontrar el área desde la pelota parada y Valencia se convirtió en el destinatario perfecto.
A los 72 minutos, llegó el descuento. Córner ejecutado por Blanco y Valencia, libre de marca, apareció para meter el primer cabezazo. 2-1. El partido cambió de clima inmediatamente. Racing dejó de manejar la ventaja con tranquilidad y Boca entendió que había encontrado una puerta por donde entrar.
Doce minutos después, a los 84, llegó el empate. Esta vez apareció Sebastián Villa para participar de la jugada y nuevamente Valencia terminó la acción de cabeza. 2-2. Lo que parecía imposible empezaba a ser realidad. Racing había pasado de estar a un gol de las semifinales a tener que sobrevivir los últimos minutos con Boca lanzado encima.
Y todavía faltaba la última locura.
Cuando el partido caminaba hacia el final y los penales parecían cada vez más cercanos, Boca volvió a meter la pelota en el área. Minuto 95. Valencia. Otra vez de cabeza. 3-2. El ecuatoriano había entrado con su equipo perdiendo por dos goles y terminó haciendo los tres tantos de la remontada.
Tres cabezazos. Tres goles. Veintitrés minutos.
Una barbaridad.
El partido que explica Valencia
La actuación de Valencia tiene además un componente estadístico que la hace todavía más particular. El delantero ecuatoriano no necesitó tener una participación permanente en el juego para ser determinante. Su influencia estuvo concentrada en el área: apareció cuando Boca necesitaba un nueve, atacó el espacio correcto y ganó las tres acciones aéreas que terminaron definiendo la clasificación.
Y eso explica buena parte de la remontada. Racing había conseguido contener a Boca mientras el Xeneize intentaba entrar por abajo, pero cuando el partido se rompió y empezaron a caer centros, la presencia de Valencia modificó completamente la ecuación. Ya no alcanzaba con cerrar los caminos interiores: había que ganar también arriba.
La estadística más brutal es, por supuesto, la de los goles: tres remates de cabeza, tres goles, según los registros difundidos después del partido. Pero hay otro dato futbolístico todavía más significativo: los tres tantos llegaron en los últimos 23 minutos del encuentro. Valencia convirtió el 1-2, el 2-2 y el 3-2, es decir, fue responsable del 100% de los goles de Boca en la remontada.
No fue solamente efectividad. Fue lectura del área.
Boca ganó un partido que Racing tenía ganado
La otra cara de la historia es Racing. La Academia hizo muchas cosas bien durante buena parte del encuentro y consiguió ponerse 2-0 arriba, pero no pudo sostener la ventaja cuando Boca cambió la manera de atacar.
El retroceso empezó a ser demasiado profundo. Boca acumuló gente cerca del área, buscó las bandas y cargó la zona donde Valencia podía hacer daño. En esos minutos finales, cada pelota parada comenzó a sentirse como una amenaza y Racing perdió la capacidad de alejar el juego de su arco.
Ahí aparece una de las grandes enseñanzas de los partidos de Copa: no alcanza con conseguir la ventaja; también hay que saber defenderla cuando el rival cambia las condiciones del partido. Racing pasó de controlar el trámite a defender cada centro como si fuera el último. Y Boca, con la desesperación lógica de quien está quedando afuera, encontró una fórmula simple y efectiva.
El resultado terminó siendo cruel para la Academia: estuvo 2-0 arriba y quedó eliminada después de recibir tres goles en el tramo final.
Para Boca, en cambio, la noche puede representar mucho más que una clasificación. El equipo mostró defectos importantes, especialmente en la generación de peligro durante buena parte del partido, pero también mostró capacidad de reacción, variantes desde el banco y una enorme personalidad para jugarse entero cuando parecía que ya no había margen.
Y hubo, además, una figura que difícilmente pueda ser discutida: Enner Valencia. El ecuatoriano entró, encontró tres veces la cabeza y convirtió una noche que parecía perdida en una de las remontadas más increíbles de esta Copa Argentina.
Boca estaba 0-2.
Racing estaba en semifinales.
Hasta que apareció Valencia.
Tres cabezazos después, el Xeneize está entre los cuatro mejores.
Ficha del partido
Copa Argentina 2026 – Cuartos de final
Racing 2 – Boca 3
Estadio: Gigante de Arroyito, Rosario
Árbitro: Andrés Gariano
VAR: Lucas Novelli.
Goles: Gastón Lodico, 19’; Adrián Martínez, 47’; Enner Valencia, 72’, 84’ y 95’.
Racing: quedó eliminado en cuartos de final.
Boca: avanzó a semifinales y enfrentará a Banfield por un lugar en la final.
Dato de la noche: Enner Valencia ingresó como suplente y convirtió tres goles de cabeza en 23 minutos para dar vuelta un 0-2.
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