28 de septiembre | Una fecha para recordar que el periodismo no consiste solamente en contar lo que pasó, sino en verificar, preguntar, investigar y poner información confiable al alcance de una sociedad que tiene derecho a conocer lo que hacen quienes ejercen el poder.
Por la Redacción de NLI

El 28 de septiembre se conmemora el Día Mundial de las Noticias, una iniciativa internacional que busca poner en primer plano el valor del periodismo basado en hechos y el trabajo que existe detrás de cada información publicada. La fecha coincide deliberadamente con el Día Internacional del Acceso Universal a la Información de Naciones Unidas, establecido para recordar que acceder a información confiable constituye una condición indispensable para la participación ciudadana y la vida democrática.
La coincidencia no es menor. Una democracia puede tener elecciones, instituciones y leyes, pero difícilmente pueda funcionar plenamente si sus ciudadanos no tienen herramientas para conocer qué hacen sus gobiernos, cómo se utilizan los recursos públicos, qué decisiones toman los funcionarios, qué consecuencias producen esas decisiones y quiénes resultan beneficiados o perjudicados. El acceso a la información y el periodismo cumplen funciones diferentes, pero se necesitan mutuamente: los organismos públicos deben producir y poner a disposición información, mientras los periodistas tienen la tarea de buscarla, contrastarla, contextualizarla y transformarla en conocimiento comprensible para la sociedad.
En 2026, la propia campaña del World News Day eligió como consigna “Know the facts. Understand what matters. Choose Trusted Journalism” y puso el acento precisamente en aquello que suele quedar oculto detrás de una noticia terminada: la verificación de fuentes, el trabajo de reportería, la búsqueda documental y los controles previos a la publicación. Más de mil organizaciones periodísticas y entidades vinculadas a los medios participan este año de la campaña en más de cien países.
El desafío se vuelve especialmente importante en una época en la que la velocidad de circulación de información puede ser mucho mayor que la velocidad necesaria para comprobarla. Una captura de pantalla puede recorrer miles de teléfonos antes de que alguien haya comprobado su origen; una declaración puede ser recortada hasta cambiar su sentido; un documento auténtico puede ser presentado fuera de contexto; una cifra verdadera puede utilizarse para construir una conclusión falsa. El problema ya no consiste únicamente en distinguir entre información y mentira: también consiste en distinguir entre información comprobada, información incompleta, propaganda, opinión y manipulación.
Por eso el periodismo profesional conserva una función que ninguna plataforma puede reemplazar por sí sola. Un algoritmo puede ordenar contenidos. Una red social puede multiplicar una publicación. Una inteligencia artificial puede producir un texto en segundos. Pero ninguna de esas herramientas elimina la responsabilidad de determinar si aquello que se publica ocurrió realmente, quién lo afirma, qué documentos lo respaldan, qué otros elementos deben ser incorporados y qué parte corresponde a hechos comprobables y cuál a interpretaciones.
La discusión tiene además una dimensión política y democrática evidente. Investigar al poder es una de las tareas centrales del periodismo, independientemente de quién gobierne. Revisar una licitación, seguir el recorrido de una partida presupuestaria, consultar un expediente judicial, leer una resolución administrativa, contrastar una declaración oficial con los datos disponibles o reconstruir quiénes aparecen detrás de una sociedad comercial puede parecer un trabajo menos espectacular que publicar una noticia viral. Sin embargo, muchas veces es precisamente allí donde comienza una investigación periodística.
El nuevo eje planteado por Naciones Unidas para 2026 refuerza esa preocupación. El Día Internacional del Acceso Universal a la Información está dedicado este año a la integridad de la información en la era digital y al papel del acceso a información para enfrentar la desinformación. La ONU subraya que el acceso por sí solo no alcanza: la información debe ser oportuna y confiable, y debe existir capacidad para comprenderla y utilizarla.
En ese punto aparece una idea que vale más que cualquier consigna: informar no es llenar un espacio; es construir una herramienta para que otros puedan comprender la realidad. El lector no necesita solamente saber que ocurrió algo. Necesita saber qué ocurrió, cuándo, dónde, quiénes participaron, qué documentos existen, qué antecedentes deben tenerse en cuenta y qué aspectos todavía no pueden darse por comprobados.
El periodismo tampoco es infalible. Puede equivocarse, omitir, interpretar mal o publicar información insuficientemente verificada. Precisamente por eso la transparencia sobre las fuentes, la posibilidad de corregir errores y la responsabilidad profesional no son detalles secundarios: forman parte de la credibilidad de un medio.
En tiempos de sobreabundancia informativa, paradójicamente, el valor de una noticia no está en llegar primero a cualquier precio, sino en llegar con los hechos suficientemente comprobados para que el lector pueda confiar en ellos.
El Día Mundial de las Noticias sirve entonces para recordar algo elemental que a veces queda sepultado debajo del ruido: una sociedad informada no es una sociedad que recibe más mensajes. Es una sociedad que tiene mejores herramientas para distinguir aquello que está probado de aquello que simplemente alguien quiere que crea.
Y allí empieza, también, la defensa del derecho ciudadano a saber.
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