En un gesto que marca la cancha frente al plan de entrega del Gobierno, el senador José Mayans anunció que el sistema nuclear argentino será declarado “bien estratégico” para impedir su privatización. El acuerdo, alcanzado con otros bloques parlamentarios, significa un verdadero vallado en defensa de una de las mayores conquistas de la ciencia y la soberanía nacional.
Por Roque Pérez para Noticias La Insuperable
Un freno al remate de Milei
La iniciativa que Mayans reveló en el Congreso llega en un momento clave: mientras Milei busca abrir cada rincón del Estado al mercado, la oposición logró resguardar un sector que es orgullo internacional. El sistema nuclear no sólo implica energía limpia y tecnología de punta: también representa décadas de conocimiento acumulado y trabajo de científicos, técnicos y trabajadores argentinos.
Consenso inesperado
Lo más llamativo es que hubo consenso con otros bloques, demostrando que aún persiste un hilo de racionalidad en la política. Blindar el desarrollo nuclear significa sostener un proyecto de país que mire al futuro, no apenas a la caja registradora de los grandes grupos.
Ciencia, soberanía y futuro
La Comisión Nacional de Energía Atómica, Atucha I y II, Embalse y el CAREM son parte de ese patrimonio que ahora quedará fuera del radar privatizador. Como recordó Noticias La Insuperable en otras oportunidades, el sistema nuclear es fruto de políticas de Estado que trascendieron gobiernos y que colocaron a la Argentina en un selecto club mundial.
Un respiro para quienes creen en el país
El anuncio de Mayans es un alivio para quienes no renuncian a la idea de un desarrollo autónomo. En medio de la ofensiva por vender empresas públicas, entregar recursos naturales y desmantelar áreas estratégicas, blindar el sistema nuclear es una señal clara: todavía hay margen para defender lo nuestro.
Milei, contra la pared
Para Milei, que sueña con subastar todo lo que tenga valor, el acuerdo parlamentario es un golpe. Y para millones que siguen apostando por un país con destino propio, es una bocanada de aire fresco. El mensaje es claro: la soberanía no se negocia.
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