A cuatro meses del accidente que protagonizó en Chacarita, el reconocido actor enfrenta una demanda por más de 21 millones de pesos. Los damnificados lo acusan de haber conducido con el registro vencido y de haberse puesto al volante pese a su delicado estado de salud.
Por Leticia Graciani Fainel para Noticias La Insuperable

Una tarde que cambió de libreto
El 22 de julio pasado, Pablo Alarcón vivió una escena que no estaba en el guion. Mientras manejaba por la avenida Córdoba, a la altura de Concepción Arenal, en el barrio porteño de Chacarita, el actor de 79 años perdió el control de su vehículo tras sufrir una descompensación. Su auto impactó contra varios vehículos estacionados, y aunque no hubo heridos de gravedad, los daños materiales fueron significativos.
En un primer momento, algunos medios informaron que Alarcón podría haber sufrido un ACV. Sin embargo, tras ser atendido, los médicos del sanatorio confirmaron que se trató de un síncope, una pérdida temporal de conciencia provocada por un problema cardíaco. El episodio despertó preocupación entre sus allegados, pero también encendió el debate sobre los límites de la conducción en personas mayores con antecedentes de salud.
Del hospital al juzgado
Cuatro meses después, el actor vuelve a estar en el centro de la escena, pero esta vez no en una sala teatral sino en los tribunales. Los propietarios de los autos involucrados en el choque presentaron una demanda millonaria por un monto estimado en 21 millones de pesos, que incluye daños materiales, la pérdida del uso de los vehículos y el deterioro de su valor comercial.
En el escrito judicial, los demandantes señalan que el accidente no fue un “hecho fortuito”, sino el resultado de una negligencia evitable. Argumentan que “un hombre de 79 años con antecedentes de salud no puede considerarse un suceso ajeno al riesgo, sino un elemento que lo potencia”.
Un registro vencido y un pedido rechazado
El caso se complica aún más con un dato que salió a la luz en las últimas horas: Alarcón conducía con el registro vencido. Según la información incorporada al expediente, el actor había solicitado la renovación de su licencia, pero el trámite fue rechazado por razones médicas. A pesar de ello, se puso al volante aquel mediodía de invierno.
Este punto podría tener un peso decisivo en la causa, ya que refuerza el argumento de los denunciantes sobre la supuesta irresponsabilidad del artista al exponerse —y exponer a otros— en una situación de riesgo previsible.
Entre la salud y la escena
Tras su recuperación, Alarcón había reaparecido públicamente con el optimismo que lo caracteriza, incluso hablando de nuevos proyectos teatrales. Sin embargo, esta demanda amenaza con empañar su regreso. La causa avanza en el fuero civil y podría implicar, además de la indemnización económica, una sanción ejemplificadora en materia de tránsito y salud pública.
El accidente, más allá del costado judicial, deja planteada una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto alguien puede asumir los riesgos de su propia fragilidad? En un país donde las licencias se renuevan muchas veces sin controles rigurosos, el caso de Pablo Alarcón podría marcar un precedente incómodo, pero necesario.
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