Un equipo con fuerte presencia argentina descubrió que una pequeña dosis de la molécula inflamatoria IL-1β puede “entrenar” a las células del páncreas para resistir futuras agresiones inflamatorias. La técnica, basada en hormesis, abre la puerta a nuevas estrategias para proteger a las células que producen insulina.
Por Alina C. Galifante – Noticias La Insuperable

Un giro inesperado en la inflamación
La diabetes —tanto la tipo 1 como la tipo 2— comparte un punto en común: la lenta destrucción o pérdida de función de las células β pancreáticas, esas pequeñas fábricas de insulina que mantienen a raya los niveles de glucosa en sangre. Una parte clave del problema es la inflamación, que dispara estrés celular y, con el tiempo, termina apagando estas células.
Pero un trabajo publicado en Cell Death & Disease por un equipo internacional con participación destacada de investigadores argentinos propone algo sorprendente: la misma molécula inflamatoria que daña las células β podría, en dosis muy bajas, servir para protegerlas.
El concepto: hormesis, o cómo un “poquito de veneno” se vuelve medicina
El estudio se centra en la IL-1β, una citoquina bien conocida por su rol en procesos inflamatorios. En altas concentraciones, apaga la producción de insulina, altera la expresión de genes clave y desencadena estrés en el retículo endoplasmático (ER), lo que finalmente deriva en muerte celular.
Sin embargo, cuando los investigadores expusieron células β de la línea INS-1E a dosis muy bajas de IL-1β durante 72 horas, ocurrió exactamente lo contrario: las células activaron respuestas adaptativas que las dejaron mejor preparadas para resistir una agresión inflamatoria posterior. Esa “preparación” es hormesis: una respuesta beneficiosa ante dosis pequeñas de un agente que, en mayor concentración, es tóxico.
Menos óxido nítrico, menos daño
Una de las claves halladas por el equipo es que el preacondicionamiento con IL-1β baja reduce de manera significativa la producción de óxido nítrico (NO) cuando las células más tarde se exponen a una mezcla de citoquinas proinflamatorias.
El NO —producido por la enzima iNOS— es un actor principal en el daño beta-celular: altera la síntesis proteica, afecta la secreción de insulina y genera estrés oxidativo.
En los experimentos, las células pretratadas con IL-1βlow expresaron menos iNOS y secretaron menos NO, lo cual se correlacionó con una menor tasa de apoptosis.
Un freno al NF-κB, el “botón nuclear” de la inflamación
Otro hallazgo importante es que el precondicionamiento baja la activación del NF-κB, un factor de transcripción que funciona como interruptor maestro de la inflamación.
La IL-1βlow:
- reduce la fosforilación de IκBα, que normalmente libera a NF-κB para que ingrese al núcleo;
- disminuye la translocación nuclear de p65, uno de sus subcomponentes principales;
- atenúa la actividad transcripcional de NF-κB medida en reporteros de luciferasa.
Como consecuencia, las células expresan menos IL-1β endógena y más IL-1Ra, un antagonista natural que modula la señal inflamatoria.
Menos muerte celular, más resiliencia
Cuando las células acondicionadas con IL-1βlow enfrentaron un desafío inflamatorio, murieron menos.
La activación de genes proapoptóticos como DP5 o PUMA se vio reducida, al igual que la relación Bax/Bcl-2, que define la predisposición a entrar en apoptosis.
Proteínas clave del estrés del retículo endoplasmático, como CHOP, y ejecutores finales como caspasa-3 clivada también disminuyeron.
El resultado final: las células sobrevivieron mejor y mantuvieron más funciones asociadas a su identidad β.
El rol del estrés adaptativo: cuando “un poco” es necesario
Un aspecto notable del trabajo es que esta resiliencia requiere un nivel mínimo de estrés previo.
Cuando los científicos agregaron TUDCA, un conocido atenuador del estrés del ER, durante el preacondicionamiento, el efecto protector desapareció.
Sin ese estrés leve, no se disparaba la respuesta hormética que luego protegía contra la inflamación intensa.
Una respuesta más fuerte del sistema UPR
El acondicionamiento también refuerza la activación de eIF2α fosforilado, un punto clave de la vía PERK dentro de la respuesta a proteínas mal plegadas (UPR).
Con esto, las células:
- bajan la síntesis global de proteínas para ahorrar energía,
- pero aumentan la producción de chaperonas como BiP, GRP94, ORP150 y PDI, esenciales para restaurar la homeostasis del retículo.
El resultado es una respuesta más eficiente ante un estrés inflamatorio severo.
Un hallazgo con proyección clínica
La conclusión del estudio es clara: dosis fisiológicas, muy bajas y sostenidas de IL-1β pueden inducir un estado de resiliencia en las células β, que luego enfrentan mejor los picos inflamatorios propios del desarrollo de la diabetes.
Aunque aún falta camino para trasladar esta estrategia a terapias clínicas, el trabajo aporta un concepto crucial: no toda inflamación es igual, y en las dosis correctas, los mismos mediadores inflamatorios pueden activar mecanismos protectores en lugar de destructivos.
Palabras finales
En un campo donde las terapias para preservar las células productoras de insulina son una urgencia científica y social, este hallazgo aporta una posibilidad nueva y profundamente interesante: aprovechar el propio lenguaje molecular de la inflamación para entrenar a las células a sobrevivir.
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