El gobierno de Milei paga todos los vencimientos, pero la deuda pública volvió a crecer en noviembre. El problema ya no es el “gasto”, sino un esquema que reemplazó desarrollo por endeudamiento indexado y caro, sin ninguna estrategia de crecimiento que permita salir del pozo.
Por Celina Fraticiangi para NLI

Los datos oficiales difundidos por la Secretaría de Finanzas confirman que en noviembre la deuda pública nacional bruta aumentó US$ 3.790 millones, al pasar de US$ 442.196 millones a US$ 445.986 millones. Todo esto ocurrió a pesar de que el Estado pagó deuda por el equivalente a US$ 16.754 millones en el mismo mes.
La paradoja es evidente: se paga, pero se debe más. Y no por un desborde fiscal, sino por una ingeniería financiera que capitaliza intereses, ajusta por inflación y renueva vencimientos con nueva deuda.
Pagar con deuda: la bicicleta que no se detiene
En noviembre, la Administración Central destinó US$ 15.664 millones al pago de capital y US$ 1.090 millones a intereses. El 93% de esos pagos se hizo en moneda nacional. Pero la clave está en el financiamiento: los vencimientos se cubrieron con nueva deuda, dejando un saldo financiero positivo de US$ 1.385 millones.
Sin embargo, los intereses que se capitalizan y los ajustes por inflación sobre Bonos y Préstamos explican que el stock total haya aumentado en US$ 3.790 millones. Es decir, el Estado no se endeuda para invertir o crecer: se endeuda para pagar deuda.
Este mecanismo es el corazón del problema actual. No hay expansión productiva que acompañe, no hay generación de dólares genuinos, y el resultado es una bola financiera que crece sola, aun en pleno ajuste.
Deuda cara, indexada y sin horizonte productivo
El “mejor ministro del mundo”, Luis Caputo, logró lo que parecía imposible: seguir pagando sin default, pero al costo de consolidar un esquema de deuda indexada, de corto plazo y con alto costo efectivo. No siempre con tasas nominales altísimas, pero sí con ajustes automáticos por inflación o tipo de cambio, que garantizan que el endeudamiento aumente incluso cuando se cumple.
Hoy, la deuda en situación de pago normal asciende a US$ 443.472 millones, casi el total del stock. De ese monto, US$ 250.775 millones están en moneda extranjera y US$ 192.697 millones en pesos, medidos en equivalente dólar. El 56,55% sigue nominada en moneda extranjera y el 43,95% en moneda local, en gran parte indexada.
Además, US$ 94.704 millones corresponden a organismos internacionales, con US$ 56.771 millones adeudados al Fondo Monetario Internacional. El resto se reparte entre el BID, el Banco Mundial y otros acreedores oficiales.
Ajuste sin crecimiento: la verdadera bomba de tiempo
En los últimos 12 meses, el stock de deuda bruta en situación de pago normal se redujo en US$ 19.027 millones, un dato que el oficialismo repite como mantra. Pero la comparación más relevante es otra: en relación con noviembre de 2023, la deuda subió de US$ 423.046 millones a US$ 443.472 millones.
La diferencia no es técnica, es política. No existe una estrategia de crecimiento, ni industrial, ni exportadora, ni de mercado interno. El ajuste comprime salarios, jubilaciones y consumo, pero no genera capacidad futura de repago. Sin crecimiento, la deuda no baja: se recicla.
El resultado es un esquema que cierra en lo contable pero fracasa en lo económico y social. Se paga, se ajusta, se cumple… y aun así, la deuda sigue creciendo. No por exceso de gasto, sino por un modelo que reemplazó desarrollo por financiamiento caro y automático.
La deuda no se resuelve sólo pagando. Se resuelve creciendo. Y eso pone al gobierno en un encierro, pues «ese detalle» no está en los planes del gobierno de Milei.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
