Del financista libertario al mameluco azul: el reloj corre para Fred Machado

Extraditado a Estados Unidos y detenido en una cárcel de seguridad media en Oklahoma, Federico “Fred” Machado enfrenta una decisión límite: convertirse en colaborador de la justicia norteamericana o ir a juicio y arriesgar una condena mucho más dura.

Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

Lejos quedaron los días en los que se movía como financista en las sombras de José Luis Espert, con reuniones discretas junto a empresarios, operadores del macrismo y del ecosistema libertario. Hoy, Federico “Fred” Machado pasa sus jornadas vestido con un mameluco azul, el uniforme que identifica a los internos de seguridad media en el sistema penitenciario estadounidense.

El empresario argentino acusado de narcotráfico permanece detenido en la CoreCivic Cimarron Correctional Facility, una correccional ubicada en el estado de Oklahoma. Allí, señalan desde Página/12, cumple una rutina estricta y controlada: ejercicios en patios comunes, horarios rígidos y medicación para poder dormir. Las comunicaciones están severamente restringidas y solo puede contactarse con su defensa mediante correos electrónicos monitoreados.

Las visitas familiares —si es que ya se concretaron— se realizan bajo protocolos clásicos del cine carcelario estadounidense: encuentros breves, separados por un vidrio blindado y comunicados por teléfono. Todo ocurre a más de cuatro horas en auto del tribunal federal que tiene a su cargo la causa.

Un cronograma que apremia

Cada vez que debe comparecer ante la Justicia o realizar trámites procesales, Machado es trasladado a Dallas, donde funciona el tribunal que define su futuro inmediato. El expediente lo acusa por presunto narcotráfico, lavado de activos y estafa, un combo penal que en Estados Unidos puede derivar en penas extremadamente severas.

En ese marco, el juez federal del Distrito Este de Texas, Amos Mazzant, activó la cuenta regresiva. Machado tiene 50 días para decidir si se declara culpable y alcanza un acuerdo con la Fiscalía o si reafirma su inocencia y enfrenta un juicio oral y público a partir del 2 de marzo. El plazo para cerrar un entendimiento vence el 6 de febrero.

La fijación de ese cronograma no fue casual. Llegó luego de una presentación de la defensa que contó con el aval del Ministerio Público, una señal temprana de que existen conversaciones por fuera del expediente formal. En ese escrito, los abogados reconocieron que se encuentran “en discusiones” con la Fiscalía para evaluar si el caso puede resolverse sin llegar a un debate oral, una fórmula típica del sistema penal norteamericano cuando se explora la figura del colaborador.

La apuesta por un acuerdo y los bienes embargados

Machado es defendido en Estados Unidos por Christopher Clore, del estudio Quinn Emanuel Urquhart & Sullivan LLP, y por Jamie Hoxie Solano. En la Argentina cuenta con un abogado que actúa como nexo de comunicación entre la defensa norteamericana y la familia del detenido, que reside en Viedma, Río Negro. Francisco Oneto ya no cumple ningún rol en la causa desde la extradición.

El tiempo es una variable central en la estrategia. En abril de 2026, Machado cumpliría cinco años desde el inicio de su privación de libertad, cuando el juez federal de Neuquén Gustavo Villanueva ordenó su detención y luego computó el período de prisión domiciliaria en Viedma. Con ese horizonte, la defensa apunta a un acuerdo de siete años de condena, lo que abriría la posibilidad de que la detención efectiva en suelo estadounidense no supere los treinta meses.

El cálculo no es meramente teórico. En esta misma causa, uno de los imputados ya condenados logró reducir su pena tras admitir cargos y retirar otros, obteniendo una salida anticipada con arresto domiciliario luego de seis años. Ese antecedente funciona como referencia para la jugada que ahora evalúa el empresario argentino.

Mientras tanto, el expediente judicial convive con otros frentes abiertos. En las inmediaciones de un hangar en Dallas, Machado tiene tres aviones antiguos embargados y a la espera de remate. Uno de ellos, un Douglas A-4B similar a los utilizados por la Fuerza Aérea Argentina en la guerra de Malvinas, posee un valor simbólico particular y hoy integra el patrimonio bajo custodia judicial.

Machado, que financió la campaña presidencial de Espert en 2019, sigue dando señales desde Estados Unidos. Sus vínculos con sectores de la política nacional, que durante años pasaron casi inadvertidos, volvieron a quedar bajo la lupa hace ya más de tres meses. Su destino se define entre una cárcel de Oklahoma y un tribunal federal de Texas, pero podría abrir nuevas ventanas cuando empiece a declarar.

Con el mameluco azul puesto y los plazos ya fijados, el reloj corre. En menos de dos meses, Fred Machado deberá tomar la decisión más determinante de su vida: colaborar con la justicia estadounidense y negociar su salida o sostener su inocencia hasta el final y someterse al veredicto de doce ciudadanos. En el sistema penal norteamericano, esa elección suele marcar la diferencia entre volver a casa o pasar muchos años más tras las rejas.


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