El trompetista falleció hoy a los 88 años. Figura central del jazz local durante más de seis décadas, dejó una huella profunda como intérprete, compositor y formador, con un sonido inconfundible que supo unir la tradición del jazz con una sensibilidad porteña y boquense.
Por la Redacción de NLI

Roberto “Fats” Fernández, uno de los grandes referentes del jazz argentino y de la música popular del país, murió este jueves a los 88 años. Dueño de una trayectoria extensa y respetada, Fernández fue un músico de enorme prestigio, admirado tanto por colegas como por generaciones de oyentes, y una presencia clave en la historia del jazz nacional.
Nacido el 7 de junio de 1937 en el barrio porteño de La Boca, al que estuvo ligado afectiva y simbólicamente durante toda su vida, solía definirse con orgullo como “nacido y criado en La Boca”. Su apodo, “Fats”, lo acompañó desde muy joven y remitía al legendario pianista estadounidense Fats Waller, una referencia que anticipaba su vínculo profundo con la tradición del jazz.
Un sonido propio en la escena porteña
Fernández comenzó a tocar la trompeta en la adolescencia y rápidamente se integró a la escena del jazz de Buenos Aires, en una época en la que el género encontraba espacios de crecimiento en clubes, radios y orquestas estables. Su ingreso al circuito profesional fue precoz, con actuaciones junto a formaciones históricas como The Georgian’s Jazz Band, en los años en que el jazz local empezaba a construir una identidad propia.
Con el paso del tiempo, su nombre se volvió ineludible dentro del género. Su carrera trascendió las fronteras y lo llevó a compartir escenarios y grabaciones con figuras centrales del jazz y de la música popular internacional, como Roy Eldridge, Lionel Hampton, Chick Corea, Ray Charles, Dizzy Gillespie, Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval y los hermanos Marsalis.
Reconocimientos y admiración entre pares
Su manera de tocar, reconocible desde los primeros compases, dialogaba con la tradición del jazz estadounidense, pero conservaba una impronta local muy marcada, ligada a Buenos Aires y a su identidad boquense. Esa singularidad fue celebrada por músicos de primer nivel: Dizzy Gillespie lo apodó “Golden Sound”, Freddie Hubbard lo llamó “Mr. Chops” y Astor Piazzolla lo definió como “el Troilo de la trompeta”, una comparación que sintetizaba su lirismo y su potencia expresiva.
En su fraseo convivían el swing, la sensibilidad melódica y una concepción musical que evitaba el virtuosismo vacío para privilegiar el relato, la emoción y el sentido de cada interpretación.
Discografía, docencia y legado
En el plano discográfico dejó una obra amplia y diversa, tanto como solista como en colaboraciones. Discos como Un trompetista de Buenos Aires, La música y la vida y Tangos & standards reflejan distintas etapas de su evolución artística y muestran su capacidad para reinterpretar standards y componer desde una sensibilidad propia. Para muchos músicos y críticos, Fernández fue quien mejor logró adaptar la tradición del jazz norteamericano a un lenguaje rioplatense.
Además de su labor como intérprete, tuvo un papel fundamental como docente y formador. A lo largo de los años dictó clases y talleres, y fue un referente para numerosos jóvenes músicos, a quienes transmitió no solo conocimientos técnicos, sino una ética del oficio basada en la disciplina, el respeto por la música y la escucha colectiva.
A lo largo de su vida recibió múltiples reconocimientos, entre ellos el Konex de Platino y diversas distinciones por su aporte a la cultura nacional. Sin embargo, quienes lo vieron en vivo coinciden en que su verdadera consagración estuvo siempre en el escenario, en ese instante irrepetible en el que la trompeta se convertía en relato y emoción directa. Como buen jazzero, Roberto “Fats” Fernández fue, ante todo, un músico de escenario, y allí construyó un legado que seguirá sonando mucho después de su partida.
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