En un giro inesperado del gran escenario político estadounidense, Donald Trump enfrenta un momento de fuerte turbulencia electoral y política en plena temporada previa a las elecciones legislativas de 2026, con siete derrotas consecutivas para su Partido Republicano que ya agitan las expectativas sobre un posible juicio político en su contra.
Por Bruno A. Monteverde para NLI

La serie de reveses que ha encendido las alarmas del establishment conservador comenzó con una sorprendente caída en el 60° Distrito de la Cámara de Representantes en Luisiana, históricamente favorable a los republicanos en comicios federales. En esa elección especial, la demócrata Chasity Martínez obtuvo el 62 % de los votos frente al 38 % del candidato apoyado por Trump, marcando un “comeback” de 36 puntos respecto de la elección anterior.
Solo unos días después, en Texas, otro bastión tradicional del MAGA cayó en manos demócratas con la derrota del candidato local en un distrito que el expresidente había ganado por una amplia mayoría en 2024. Ambos resultados, además de otras seis pérdidas en distintos frentes electorales, conforman un dato alarmante para la estrategia política del exmandatario y su partido, que esperaban consolidar su poder en 2026.
El deterioro del Partido Republicano
El fenómeno no se limita a dos distritos aislados. Las derrotas incluyen territorios que durante décadas fueron bastiones seguros del Partido Republicano, como es el caso del Distrito 9 de Texas, controlado por más de 40 años por los conservadores hasta la reciente victoria demócrata.
Este deterioro se da en medio de un contexto nacional más amplio de desaprobación hacia la administración de Trump, según muestran múltiples encuestas divulgadas incluso por medios con afinidad conservadora. La economía, marcada por la persistencia de tensiones inflacionarias y el impacto de políticas de aranceles proteccionistas, ha erosionado el entusiasmo electoral por la propuesta trumpista.
Además, la gestión de la polémica herramienta del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y protestas masivas por redadas migratorias han tensionado las bases del Partido Republicano entre algunos sectores clave del electorado.
La sombra del “impeachment” vuelve a Washington
La acumulación de derrotas trae de regreso un espectro político que parecía relegado: la posibilidad de un juicio político o “impeachment” en el Congreso estadounidense. Aunque Trump ya enfrentó dos juicios políticos durante su carrera política —incluyendo uno histórico tras los hechos del 6 de enero de 2021—, esta nueva ola de derrotas electorales ha reactivado la discusión entre legisladores demócratas y algunos sectores moderados sobre la viabilidad de procesar nuevamente al exmandatario si su partido pierde el control del Congreso en noviembre.
Estos antecedentes de confrontación legal no son nuevos en la política estadounidense. El proceso de impeachment que enfrentó Trump en 2021, por ejemplo, se centró en acusaciones de incitación a la insurrección tras el asalto al Capitolio, aunque concluyó con su absolución en el Senado.
En el ambiente político actual, con una Cámara de Representantes y un Senado potencialmente más favorables a liderar investigaciones, crece el temor dentro del Partido Republicano de que un cambio en el equilibrio de poder conduzca a nuevas iniciativas para someter a Trump a un proceso legislativo de rendición de cuentas.
Más allá de las encuestas
El impacto de esta serie de derrotas va más allá de la simple pérdida de escaños. Envía señales claras de que la narrativa política dominante durante los años recientes —centrada en el liderazgo fuerte de Trump y su agenda cultural— puede estar perdiendo tracción entre un electorado harto de polarización y crisis económicas.
Mientras se acerca noviembre de 2026, cuando se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, el panorama político estadounidense se perfila cada vez más como un campo de batalla en el que las derrotas electorales de Trump pueden tener consecuencias profundas no solo para su futuro político personal, sino para la correlación de fuerzas en el poder legislativo y la estabilidad institucional del país.
En definitiva, lo que para muchos parecía un retorno imparable de Trump a los centros de poder ahora se enfrenta a la realidad de las urnas, un fenómeno que podría reconfigurar el mapa político de Estados Unidos y reavivar viejos fantasmas institucionales como el juicio político.
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