Violento robo a «Alambre» González, guitarrista fundamental del rock nacional

Lo engañó una pareja que simuló ser inquilinos del edificio en el que vive. Lo encañonaron en el ascensor y lo obligaron a abrir su departamento.

Por Carlos Alberto Resurgián para NLI

En medio de una crónica policial que sacudió a la escena musical, el guitarrista argentino Daniel “Alambre” González fue víctima de un violento robo en su departamento en la Ciudad de Buenos Aires: delincuentes lo sorprendieron, lo golpearon, lo ataron y se llevaron varias de sus guitarras, herramientas esenciales de su oficio y vida artística. El episodio se conoció hoy y generó conmoción entre compañeros y fanáticos del rock y el blues nacional.

Sin embargo, detrás de ese hecho lamentable se oculta la historia de una de las figuras más respetadas de la guitarra en el rock argentino, alguien cuya carrera y legado merecen ser recordados en el centro de la escena.

Orígenes y pasión por la música

Nacido el 9 de noviembre de 1956 en la Ciudad de Buenos Aires, Daniel González comenzó su vínculo con la música desde muy pequeño, cuando recibió una guitarra española que despertó en él el amor por los sonidos y las historias que sólo pueden contarse con seis cuerdas en mano.

Su camino artístico tomó un rumbo definitivo a principios de los años ’70, cuando se enamoró del rock and roll tras escuchar el influyente álbum Isle of Wight de Jimi Hendrix. Esa revelación lo empujó con determinación hacia los escenarios y la exploración de un estilo propio, marcado por el blues, el rock y una sensibilidad única dentro del contexto local.

Trayectoria: de músico sesionista a líder de banda

La carrera de Alambre González no fue lineal ni buscó atajos. Comenzó junto a bandas emergentes en la escena porteña, participando como músico sesionista en grupos como MAM, donde tocó con figuras que luego conformarían parte de la historia más rica del rock nacional.

Más adelante formó parte de Flia GRAM, un proyecto que, con la participación de nombres como Alejandro Medina, se volvió semillero de experimentación musical y precursor de nuevas propuestas dentro del rock argentino.

Después de consolidarse como aportante ineludible en el estudio y en el escenario para artistas de la talla de Raúl Porchetto, David Lebón, Miguel Cantilo, Héctor Starc y Piero, Alambre dio un paso decisivo: liderar su propio proyecto.

Alambre y la Doble Nelson y los Vibroking: sonido propio y legado

En 1995, junto a su hermano Gustavo “Bolsa” González, fundó Alambre y la Doble Nelson, banda que combinó rock, blues y una energía auténtica con letras y riffs que calaron hondo en el público under.

El grupo evolucionó y se transformó en Alambre y los Vibroking, con un estilo más refinado y personal. En esa etapa grabaron el álbum Sopa Caliente, que consolidó aún más la voz creativa de Alambre como líder y guitarrista.

A partir de 2007, el músico retomó su carrera como solista, explorando nuevos territorios sonoros y reafirmando su sello personal, tal como lo hizo con los discos Casino y Yo Invito, obras que permiten recorrer diferentes facetas de su sensibilidad artística.

Un músico buscado y reconocido

La influencia de Alambre González trascendió los límites del underground porteño: su nombre apareció asociado a proyectos y colaboraciones con múltiples referentes de la escena nacional, y su presencia en festivales y shows con otros guitarristas de renombre lo colocó como un imprescindible dentro del circuito blues-rock argentino.

Incluso en 2024, su reputación continuó vigente: grabó junto a bandas contemporáneas como La PeterCoper, poniendo su experiencia y técnica al servicio de nuevas generaciones del rock local.

El valor de las guitarras y la música como resistencia

El robo sufrido no sólo significó un ataque a su integridad física, sino también un golpe simbólico. Las guitarras —para un músico como Alambre— no son meros objetos: son extensiones de su alma artística, testigos de décadas de ensayos, escenarios y composición. Su ausencia duele, y la solidaridad del ambiente musical no se hizo esperar.

Hoy, más allá de lo ocurrido, el legado de Alambre González sigue vivo en cada acorde que ha tocado, en cada banda en la que participó y en cada músico que lo reconoce como influencia. Si algo define su carrera es la entrega absoluta al rock y al blues —esa música que dice tanto de nosotros como sociedad como sus propias guitarras.


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