La política argentina vuelve a poner bajo lupa una de las figuras más prominentes del gabinete de Javier Milei: Pablo Quirno Magrane, actual canciller de la Nación. Su nombre, más allá de la diplomacia y las relaciones internacionales, está en el centro de una controversia por una adjudicación estatal que involucra a familiares de otro alto funcionario del Gobierno.
Por Tomás Palazzo para NLI

El hombre que administra la política exterior de Milei quedó en el centro de la polémica tras la contratación millonaria a la institución que dirige la esposa de Federico Sturzenegger. Su patrimonio, sus antecedentes financieros y su red familiar vuelven a estar bajo la lupa.
La motosierra libertaria parece tener excepciones. Mientras el Gobierno repite que “no hay plata” para jubilaciones, universidades o salarios estatales, Cancillería adjudicó $114.044.133 a la Asociación Argentina de Cultura Inglesa (AACI), entidad presidida por María Josefina Rouillet, esposa del ministro de Desregulación Federico Sturzenegger. La decisión administrativa fue tomada bajo la órbita del canciller Pablo Quirno.
La información sobre la contratación fue publicada por Luciana Glezer, donde se detalla que la adjudicación se realizó bajo la modalidad de contratación por especialidad y que se activó el procedimiento previsto para casos donde existe posible conflicto de interés por vínculos familiares dentro del gabinete.
El linaje conservador
El apellido Quirno no es nuevo en los círculos del poder. Su abuelo, Avelino Quirno Lavalle, fue uno de los fundadores del Partido Conservador Popular y, según archivos históricos, llegó a “prestarle” su domicilio a Hugo Byttebier, un ex SS belga cercano a Adolf Eichmann. Su padre, Avelino Quirno Ugarte, integraba los clubes sociales de la élite porteña y era presentado por La Nación como “un hombre de conducta intachable”.
Pablo Quirno Magrane siguió esa línea: durante el gobierno de Mauricio Macri fue coordinador general de la Secretaría de Finanzas, luego jefe de Gabinete de Caputo en el Ministerio de Finanzas, y finalmente director del Banco Central. En ese paso por el BCRA, autorizó el funcionamiento del banco digital Brubank, propiedad de Juan Bruchou, ex Citi. «Curiosamente», años más tarde, su propio hijo, Pablo Quirno (h), se convirtió en director financiero de Brubank.
El clan financiero
Los vínculos familiares no terminan ahí. Otro de sus hijos, Marcos Quirno, se licenció en Letras pero terminó en J. P. Morgan EE.UU., ingresando casi al mismo tiempo que su padre desembarcaba en el Ministerio de Hacienda macrista. Los Quirno, padre e hijos, se mueven entre bancos, consultoras y cargos públicos, un recorrido que muestra cómo el llamado “mejor equipo de los últimos 50 años” sigue reencarnando en el presente libertario.
Del macrismo al mileísmo
Con Milei, el círculo se cierra: Quirno vuelve al Estado por la puerta grande, ahora como canciller. El economista reemplaza a Gerardo Werthein, otro empresario sin experiencia diplomática, lo que confirma que la política exterior argentina quedó en manos de los mercados. Su gestión se orientará a fortalecer lazos con Wall Street y a garantizar la “confianza” de los inversores, un objetivo que parece pesar más que la soberanía o los intereses nacionales.
El financista que desembarcó en el Palacio San Martín
Tal como reconstruyó NLI en su investigación “Pablo Quirno, el canciller con una fortuna sin declarar y un apellido con historia”, Quirno no proviene del Servicio Exterior ni de la carrera diplomática. Su perfil es estrictamente financiero.
Formado en Estados Unidos, desarrolló buena parte de su carrera en el sector privado, con más de una década en JP Morgan, donde ocupó posiciones vinculadas a fusiones, adquisiciones y operaciones de deuda en América Latina. Posteriormente fundó su propia consultora financiera, con foco en asesoramiento corporativo y estructuración de capital.
Su llegada al Gobierno de Milei no fue casual: representó la incorporación de un hombre del mundo financiero internacional al corazón de la política exterior argentina, en un esquema donde la diplomacia quedó fuertemente alineada con la lógica de los mercados.
Patrimonio bajo la lupa
La nota de NLI también puso el foco en su situación patrimonial. Allí se señaló que su declaración jurada generó interrogantes por la magnitud de los activos declarados y por la necesidad de mayor precisión en la actualización de bienes, un punto sensible tratándose de un funcionario que proviene del sistema financiero internacional.
Además, el apellido Quirno no es ajeno a la historia económica argentina. La investigación repasó los vínculos históricos de la familia con sectores tradicionales del poder económico, reforzando la idea de que el actual canciller no es un outsider sino parte de una red de relaciones que atraviesa décadas de influencia en el establishment local.
El contrato que tensiona el discurso oficial
En ese contexto, la contratación a la AACI adquiere otra dimensión política. El expediente fue encuadrado dentro del Decreto 202/2017, que regula las contrataciones cuando hay vínculos con funcionarios públicos, y contó con la intervención de los organismos de control correspondientes.
El Gobierno defendió la legalidad del procedimiento y señaló que la institución ya había prestado servicios a Cancillería en años anteriores. Sin embargo, el debate no se limita a la formalidad administrativa.
La pregunta política es evidente: ¿resulta coherente un gasto de más de 114 millones de pesos en capacitación cuando el propio oficialismo sostiene que el Estado está sobredimensionado y debe ajustarse al máximo?
Entre la legalidad y la ética pública
Quirno defendió públicamente la contratación y negó cualquier irregularidad. Desde el punto de vista formal, el expediente cumplió los pasos previstos por la normativa vigente.
Pero la discusión excede el plano técnico. Se trata de la consistencia entre el relato anti-casta y las decisiones concretas. Cuando un ministerio adjudica un contrato millonario a una institución dirigida por la esposa de otro ministro del mismo gabinete, el conflicto de interés —aunque esté administrativamente encuadrado— se convierte en un problema político.
Un canciller atravesado por la contradicción
La figura de Pablo Quirno sintetiza una tensión central del actual Gobierno: la promesa de transparencia absoluta frente a la continuidad de prácticas que generan suspicacias públicas.
Su trayectoria en las finanzas internacionales, su patrimonio observado por la prensa y ahora esta contratación bajo su órbita lo colocan en una posición incómoda.
No se trata solamente de clases de inglés. Se trata de credibilidad. En un Gobierno que construyó identidad atacando privilegios y denunciando vínculos entre poder y Estado, cada decisión que involucra familiares directos dentro del gabinete erosiona ese discurso.
Y en esa ecuación, el nombre del canciller —lejos de la diplomacia silenciosa— quedó inevitablemente en el centro del debate político.
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