Siempre la salida parece ser por el Fondo…
Por Celina Fraticiangi para NLI

El Gobierno celebró como un nuevo “respaldo internacional” la aprobación técnica del Fondo Monetario Internacional para la segunda revisión del acuerdo vigente. Sin embargo, detrás del relato oficial, el dato duro es otro: Argentina vuelve a depender de un nuevo desembolso de deuda por US$1.000 millones para sostener su esquema económico.
El staff del organismo confirmó que se alcanzó un acuerdo con las autoridades argentinas que habilita ese giro, aunque todavía resta la aprobación formal del directorio. Es decir, no hay plata todavía, pero ya se festeja el crédito.
Desde el oficialismo se apuraron a presentar la noticia como una validación del rumbo económico de Milei. El FMI, en efecto, valoró el avance de reformas, la aprobación del Presupuesto 2026 y ciertos cambios en el esquema monetario y cambiario. Pero esa lectura omite un punto central: el programa sigue dependiendo del financiamiento externo para sostenerse.
El plan que necesita dólares prestados
El acuerdo con el FMI forma parte de un programa de Facilidades Extendidas a 48 meses que ya implicó desembolsos millonarios en 2025. Este nuevo tramo no es una excepción, sino la continuidad de una lógica: cada revisión aprobada habilita más deuda.
El propio organismo dejó en claro que el desembolso se activa en el marco de un programa que busca fortalecer reservas y garantizar capacidad de pago. Traducido: los dólares que entran no son para crecer, sino para sostener compromisos financieros previos.
Y ahí aparece una de las principales contradicciones del discurso oficial. Mientras se insiste con que “todo marcha según lo previsto”, los datos muestran que las metas más sensibles siguen en discusión, especialmente la acumulación de reservas.
De hecho, el año pasado el Gobierno no cumplió con ese objetivo clave y necesitó un “waiver” (perdón técnico del FMI) para evitar que el programa descarrile. Las reservas netas cerraron con un rojo de más de US$14.000 millones, muy lejos de la meta pactada.
El respaldo político del Fondo
El aval del FMI no es sólo técnico: también es político. El organismo destacó el “impulso reformista” del Gobierno y su capacidad para avanzar en leyes clave, desde flexibilización laboral hasta cambios en el régimen financiero.
En ese sentido, el respaldo funciona como una señal hacia los mercados y otros organismos internacionales. Pero también implica condicionalidades implícitas: mantener el ajuste, sostener el superávit fiscal y profundizar reformas estructurales.
No es casual que, en paralelo, el FMI insista en la necesidad de seguir acumulando reservas y consolidar el equilibrio macroeconómico. Es decir, el crédito viene atado a más ajuste.
Una economía atada al Fondo
La foto completa es difícil de maquillar: la economía argentina sigue dependiendo del financiamiento del FMI para sostener su estabilidad.
El Gobierno celebra cada desembolso como un logro propio, pero en los hechos confirma que el modelo necesita dólares prestados para funcionar. Sin acceso pleno a los mercados y con reservas aún frágiles, el esquema se apoya en el crédito externo como sostén principal.
En otras palabras, el “plan” avanza, pero lo hace con muletas.
Y esas muletas, como siempre en la historia argentina con el FMI, no son gratis.
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