La lejana Finlandia

Un esbozo literario de acercamiento a una cultura que aún permanece en las sombras para los hispanohablantes.

Por Silvina Belén para NLI ·

Al doctor Daniel Elinger, médico y humanista

La narrativa nórdica irrumpió en el siglo XXI con artistas de Suecia y Noruega que, en muchos casos, fueron fenómeno editorial hasta en el mercado de habla hispana. El policial –aunque no solamente- copó las librerías con la etiqueta Nordic noir. Henning Mankell y Stieg Larsson, suecos, Jo Nesbø, noruego, Arnaldur Indriðason, islandés, y Jussi Adler-Olsen, danés, son nombres que suenan a menudo como ejemplos del género y del boom en general.

Sin embargo, de las escritoras y los escritores de Finlandia se habló, tradujo y vendió poco y nada. Ni en el policial ni en otros géneros. Así como en el siglo XX las letras finlandesas fueron prácticamente ignoradas en el orbe hispano, también en el XXI pasaron desapercibidas a pesar de contar con tradición, un Nobel -que no fue M. Waltari sino E. Sillanpää– e, incluso, exponentes del Nordic noir.

La entre nosotros tan poco difundida literatura finlandesa –que a veces da la impresión de comenzar y terminar con Mika Waltari-, tal vez para sorpresa de algunos lectores pero no para los de Tolkien, tiene en su raíz la obra ciclópea de Elias Lönnrot (1802-1884), médico y filólogo para más datos, padre de El Kalevala, epopeya nacional de Finlandia.

Entre paréntesis, cabe destacar que en todos los géneros y lenguas hubo médicos que dejaron huella. Los ejemplos abarcarían muchas páginas. El más notable, quizá, sea el de Antón Chejov: dramaturgo señero para el teatro moderno, maestro del cuento y hasta precursor del policial psicológico.

En NLI, años atrás, hablamos también de figuras de la talla de António Agostinho Neto y A. J. Cronin, que sumaron a su ciencia y talento lírico o narrativo la influencia socio-política. Hoy añadimos a Elias Lönnrot, que nos conecta con las raíces de las letras de Finlandia.

Volviendo a Lönnrot y la tradición literaria de su país, habría que decir que este médico, a partir de 1828, recorrió el este de Finlandia, Carelia, la península de Kola y la zona del círculo polar ártico en busca de testimonios que le permitieran documentar la poesía popular que se conservaba y transmitía oralmente entre generaciones.

Elias Lönnrot

Con modestia, decía que El Kalevala[i] era nada más que una recuperación de la poesía antigua. Sin embargo, él logró mucho más que recopilar y editar: ordenó, reconstruyó y compuso pasajes que cubrían lagunas narrativas. El texto, tras dos ediciones, tuvo coherencia y se constituyó tanto en obra de folclore como en epopeya literaria reconstruida que dio al finés estatus de lengua literaria.

El Kalevala parte del mito finlandés de la creación, marco del nacimiento de Väinämöinen, uno de los héroes destacados de la epopeya. Väinämöinen nace ya siendo anciano y será el creador de la tierra de Kalevala, flora y fauna incluidas, gracias a sus cantos y palabras mágicas. Después, el viejo buscará esposa, empresa ardua que lo hará enfrentarse al vanidoso Joukahainen, a quien derrotará.

Para salvarse, Joukahainen le ofrecerá a su hermana, que no desea unirse al viejo en matrimonio y, tras la huida, ella perecerá en el mar embravecido. A partir de estas primeras discordias aparecerán nuevos personajes y conflictos.  Muchos de ellos los encontraremos recreados por Tolkien en El señor de los anillos; el finés, por su parte, será base esencial del quenya o “Alto Élfico”.

La epopeya primordial, que como se ve influyó literariamente más allá de Escandinavia, es el cimiento de una tradición y desarrollo creativo poco difundido en nuestra lengua. Son escasas las traducciones y las obras críticas. Como decíamos, aludir a Waltari a veces da la impresión de ser la única referencia que surge en relación a las letras finlandesas. Hasta hoy mismo las búsquedas del tema en Internet resultan arduas.

Finlandia cuenta con dos idiomas oficiales: el finés y el sueco, que es la lengua materna de aproximadamente un seis por ciento de la población. Independientemente de las cifras, el país también cuenta con una amplia tradición literaria en sueco debido la historia compartida entre ambas naciones. Las dos se consideran literaturas nacionales, realidad que muchas veces llama a confusión.

Frans Eemil Sillanpää, narrador que escribía en finés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1939, autor de Santa miseria y Silja. Breve destino de la mujer, y Edith Södergran, poeta finlandesa de renombre internacional que lo hacía en sueco, su lengua materna, autora de La sombra del futuro y La tierra que no es, son ejemplos de la citada coexistencia lingüístico-literaria en la tradición de las letras de Finlandia.

Edith Södergran y Totti

La combinación de realismo y humor es un rasgo característico de la novela tradicional finlandesa, sobre todo a partir de Aleksis Kivi, poeta, dramaturgo y novelista del siglo XIX, reconocido como el primer clásico de la literatura finlandesa escrita en finés. Este y otros rasgos, como las reivindicaciones de la justicia social o la caracterización no idealizada de los protagonistas –muchas veces antihéroes- tendrán su continuidad en La edad de oro de la prosa finlandesa de principios del siglo XX.

Del periodo dorado son novelas como La línea roja, de Kianto, Los siete hermanos de Kivi, de Lehtonen, y la ya nombrada Santa miseria, de Sillanpää.

Frans Eemil Sillanpää

Diversos acontecimientos históricos –independencia, guerras mundiales y pérdidas de territorio o inmigraciones, entre otros- marcaron una literatura que en nuestro siglo los actualiza a través de obras de excelente calidad.

Sofi Oksanen publicó Purga (Puhdistus, 2010), novela multipremiada que tiene su raíz en un texto dramático homónimo de la autora, centrado en dos mujeres  en el contexto de la guerra de independencia de Estonia, en 1992, y Cuando las palomas cayeron del cielo (Kun kyyhkyset katosivat, 2012), que se remonta a la Estonia del periodo 1930-1960.

Estas novelas, junto a su anterior Las vacas de Stalin (Stalinin lehmät, 2003), constituyen un entramado fascinante en torno a la mujer, la historia de Estonia y personajes tan acomodaticios y repugnantes como verosímiles. Edgar, uno de los protagonistas de Cuando las palomas cayeron del cielo, está entre ellos, tal vez el más chocante, caracterizado con maestría autoral.

En el Nordic noir también destaca una mujer, Leena Lehtolainen, creadora del personaje María Kallio, policía de vocación dudosa que debutó en 1993 en la novela Mi primer muerto y no paró hasta La encrucijada oscura, en 2023.


Imagen top: Edith Södergran


[i] Lönnrot, Elias. Kalevala. Traducción de Joaquín Fernández y Ursula Ojanen. Madrid, Alianza, 1992. Colección Alianza Tres.


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