
Peter Thiel en Almagro, Carlsen y sus agachadas, peleles paganinis. | El ajedrez nuestro de cada día a vuelo de ave de pico encorvado: variadas miserias e ínfimas grandezas del despiadado mundo escaqueado propio y ajeno.
Por Carolina Príncipe para NLI ·
Con la impronta de los pícaros chapuceros organizadores del CAM, enquistados en la dirigencia vernácula con insaciable gula e indolencia, nuestro ajedrez se aleja cada día más de la rectitud y la deportividad: conducción federativa avariciosa con perfil de germanía, jugadores mañeros por doquier, oscuros arbitrajes y torneos de horror se han ido naturalizando como moneda corriente.
En el plano internacional, aunque con mayor disimulo pero análogas irregularidades, menudean prebendas, dirigentes impresentables, difamaciones y agachadas. El número uno del mundo por rating FIDE, además, alterna su repertorio de miserias con proyección planetaria: sus trasnochadas acusaciones de mal perdedor, golpes en la mesa e inconducta surcan el éter desde hace años mientras la Federación Internacional mira para otro lado.

El último botón de muestra de su pobreza de espíritu se hizo un mes atrás, como suele decirse ahora, viral: aceptó sonriente tomarse una selfie con su oponente de turno, la jugadora kazaja Alua Nurman (2443, mejor sub-20 del mundo), antes de comenzar la partida. Pero instantes después la acusó ante el árbitro por tener un celular. Magnus Carlsen dando la nota en Grenke Chess Festival.
Hablando de notas, como nota de color, en el plano semi-internacional, digamos, el controvertido empresario Peter Thiel mordió el polvo en Almagro. Con fama de fuerte aficionado al ajedrez, tuvo que contentarse con el tercer puesto en el torneo sabatino de Torre Blanca.
Para ser justos, habría que decir que para un “visitante” es la mejor ubicación posible: las lides de blitz y rápidas del Torre cuentan con un elenco estable de mañeros sin par, para más inri entrenados en chicanas reglamentarias y pseudo-reglamentarias como pocos.
El híper explotado y castigado ajedrez infantil, con sus escándalos de CAM 2024 y 2026 a la cabeza, trae sinsabores de distinta laya en todas partes. Es pingüe negocio en el que se enseñorean la improvisación, la falta de idoneidad y escrúpulos. Hasta en las localidades menos pensadas se castiga a infantes y esquilma a progenitores.
Cabe señalar que, por infortunio, muchos pequeños tienen entrenadores que los instruyen en el terreno de las imposturas: en los torneos puede verse que un creciente número de párvulos domina todo el espectro de molestias y hostigamiento al rival, falsas acusaciones de ilegalidad y deslealtad deportiva. Con la vista gorda de árbitros perezosos, faltos de idoneidad o venales, los talentos que aún conservan la inocencia infantil sucumben ante las fullerías.
A modo de ejemplo, a principios de mes, en Oberá, localidad misionera que parecía perfilarse como oasis del ajedrez infantil, un talento entrerriano y campeón provincial sub-8, Iktán Tobares, probó la hiel de árbitros ignorantes y organizadores entregados al amiguismo y la indolencia: le dieron por perdida una partida por una inocentada que reglamentariamente solo ameritaba una advertencia y explicación arbitral.

Con malas artes, para evitar que la madre del niño interpusiera apelación, el pícaro director del torneo ganó tiempo con la zanahoria de burro de convenir con el padre del injusto ganador, con el que parecía cercano, que la partida se jugara de nuevo. Eludida la apelación y tras melifluas atenciones, se hizo el burro y mantuvo distancia hasta hacer mutis por el foro como roedor en barco por hundirse. Finalmente, irregularidad impune, ignorancia tolerada y engaño consumado.
La mítica nobleza provinciana en ajedrez competitivo es eso: un mito. Las federaciones de provincia son cada vez más un reflejo de FADA, a veces más esperpéntico que el original, los organizadores cada vez menos escrupulosos, los engaños están a la orden del día y la inconducta en los torneos la comparten sin rubor un número cada vez más abultado de jugadores y árbitros.
En el despiadado mundo del ajedrez argentino es difícil disfrutar de las alegrías que aportan virtuosos como Candela Francisco o Faustino Oro, o talentos en ciernes como Iktán, cuando vemos una decadencia que avanza, expulsa y degrada hasta el punto de cosificar a la niñez y considerar a ilusionados padres peleles paganinis.
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