El Robo a Colapinto

Una sanción desmedida de los comisarios de la FIA dejó al argentino sin chances de pelear por los puntos en Zandvoort. Colapinto había protagonizado una largada brillante y estaba décimo cuando recibió un durísimo drive-through por completar un sobrepaso mientras intentaba atravesar una zona convertida en un caos por el accidente de Max Verstappen. Las reglas existen para garantizar seguridad, pero cuando su aplicación ignora el contexto y transforma una maniobra evasiva en un castigo que destruye una carrera, la discusión deja de ser reglamentaria y pasa a ser una cuestión de criterio.

Por Ignacio Elfratini para NLI

El Gran Premio de Países Bajos dejó una de esas escenas que van a seguir dando vueltas durante mucho tiempo en el mundo de la Fórmula 1, no por la victoria de Lando Norris ni por el resultado del campeonato, sino por una decisión de los comisarios que terminó convirtiendo una muy buena carrera de Franco Colapinto en una frustración absoluta. El argentino había largado desde el 14° lugar, realizó una de sus mejores salidas del año y, en apenas una vuelta, consiguió meterse en el décimo puesto, aprovechando el ritmo de su Alpine y ejecutando adelantamientos que le permitían soñar seriamente con sumar puntos. Pero entonces apareció el accidente de Max Verstappen, llegó el caos, aparecieron las banderas amarillas y, en medio de una situación de pista extraordinaria, la FIA decidió aplicar sobre Colapinto un castigo que, por su severidad y por el contexto en el que ocurrió la maniobra, resulta difícil de no calificar como excesivo e injusto.

Cuando el reglamento pierde el sentido común

La secuencia es fundamental para entender la polémica. Verstappen sufrió un fuerte accidente al final de la primera vuelta, en una zona que todavía presentaba sectores húmedos después de la lluvia, y su Red Bull quedó destrozado sobre el circuito. Colapinto venía detrás y se encontraba en plena maniobra de adelantamiento sobre Yuki Tsunoda cuando aparecieron las banderas amarillas. El argentino completó el sobrepaso y los comisarios entendieron que había infringido la normativa al adelantar bajo doble bandera amarilla. Formalmente, la infracción existió: la propia FIA sostuvo que el Alpine había superado al Racing Bulls dentro del sector neutralizado. Pero una cosa es reconocer que hubo una infracción reglamentaria y otra muy diferente es aceptar que la única respuesta razonable era aplicar un castigo capaz de arruinar completamente la carrera de un piloto que estaba intentando evitar una situación potencialmente peligrosa.

La propia explicación de los comisarios contiene un elemento que vuelve todavía más discutible la decisión. El documento reconoce que la situación estuvo condicionada por la importante cantidad de restos que había sobre la pista y que eso fue considerado como circunstancia atenuante. Sin embargo, en lugar de aplicar una sanción que contemplara de manera proporcional las circunstancias, Colapinto recibió un drive-through, una penalización que lo obligó a atravesar la calle de boxes y lo hizo caer desde la zona de puntos hasta el fondo del pelotón. La normativa, entonces, fue aplicada con una rigidez que parece olvidar precisamente aquello que debería estar en el centro de toda decisión deportiva: la seguridad.

Porque la pregunta que queda flotando es tan sencilla como incómoda: ¿qué pretendían que hiciera Colapinto? El piloto explicó después de la carrera que clavar los frenos en plena recta, cuando la bandera amarilla apareció prácticamente sobre la maniobra que ya estaba ejecutando, podía resultar mucho más peligroso que completar el adelantamiento. No estaba atravesando deliberadamente una zona neutralizada para sacar ventaja estratégica: estaba reaccionando ante un accidente que había ocurrido metros delante suyo, mientras intentaba evitar los autos y los restos desperdigados sobre el asfalto. En esas condiciones, exigir una reacción perfecta, instantánea y matemáticamente ajustada al reglamento puede ser sencillo desde una oficina mirando las imágenes repetidas en cámara lenta, pero es muy distinto cuando quien debe decidir está lanzado a más de 250 kilómetros por hora y tiene una situación de emergencia delante.

De décimo a quedar fuera de la carrera

La consecuencia deportiva fue brutal. Colapinto había conseguido avanzar hasta el décimo puesto, después de superar a los dos Audi en una largada que el propio piloto definió como una de las mejores del año. De repente, tuvo que ingresar a boxes para cumplir la sanción y quedó relegado al fondo del clasificador. Allí terminó prácticamente toda posibilidad de luchar por los puntos. El argentino explicó que el castigo lo condicionó durante el resto de la competencia porque su Alpine no tenía el ritmo suficiente en curva como para recuperar rápidamente las posiciones perdidas y seguir a los autos que tenía delante. Finalmente terminó 14°, mientras su compañero Pierre Gasly, que contaba con el paquete completo de mejoras de Alpine, logró finalizar décimo y sumar un punto.

Y aquí aparece otra dimensión que no puede ser ignorada. Colapinto no estaba manejando exactamente el mismo Alpine que Gasly: el francés estrenó en Zandvoort un importante paquete de actualizaciones, mientras que el argentino continuó con una versión anterior del auto. En ese contexto, cada posición ganada en pista tenía un valor enorme y cada error podía resultar determinante. La sanción no le quitó solamente algunos puestos: le quitó la posibilidad de comprobar hasta dónde podía llegar con un auto que ya tenía limitaciones competitivas respecto de su compañero. La carrera que podía haber terminado con Colapinto peleando por puntos terminó convertida en una remontada imposible desde el fondo.

La bronca del argentino fue evidente, pero también fue razonada. Colapinto no negó la existencia de la regla ni pretendió desconocer que las banderas amarillas deben respetarse. Su cuestionamiento fue otro: la falta de criterio para interpretar el contexto. «Era más peligroso clavar los frenos en la mitad de la recta que terminar la maniobra», explicó, al tiempo que consideró que la bandera amarilla había aparecido demasiado tarde como para modificar de manera segura una maniobra que ya estaba en desarrollo. Y fue todavía más contundente cuando sostuvo que los comisarios deberían ser más flexibles y tener mayor criterio frente a circunstancias excepcionales.

La discusión tampoco quedó limitada al piloto argentino. Flavio Briatore, asesor ejecutivo de Alpine, calificó la sanción como «severa y dura», aunque también reconoció que las reglas existen por razones de seguridad y que el equipo debe aprender de lo ocurrido. El dato es importante porque demuestra que incluso dentro del propio equipo hubo una lectura crítica sobre el castigo, aunque acompañada por la necesidad de aceptar que la reglamentación establece límites que los pilotos deben conocer.

La FIA puede aplicar el reglamento, pero también debe tener criterio

El problema de fondo no es discutir si Colapinto debía o no respetar una bandera amarilla. Naturalmente que debía hacerlo. El problema es si una sanción debe ser exactamente igual cuando el piloto provoca deliberadamente una situación de riesgo que cuando se encuentra repentinamente frente a un accidente de enormes proporciones y debe decidir en fracciones de segundo cómo evitarlo. La Fórmula 1 no es una planilla de Excel: las carreras ocurren en movimiento, las situaciones cambian en milésimas y los pilotos toman decisiones bajo condiciones que quienes observan desde afuera no experimentan.

Además, el propio antecedente de la carrera muestra que el episodio no fue interpretado de manera aislada: Arvid Lindblad recibió un castigo similar por una maniobra con Pierre Gasly en el mismo momento, lo que demuestra que los comisarios aplicaron un criterio general respecto de los adelantamientos producidos durante la neutralización. Sin embargo, que una regla sea aplicada de manera consistente no significa necesariamente que su aplicación haya sido justa en términos deportivos. La consistencia administrativa no reemplaza el criterio. Y en este caso, el punto central es precisamente determinar si la severidad de la consecuencia estuvo a la altura de la conducta real del piloto.

Hay algo todavía más preocupante para Colapinto: las sanciones no terminaron allí. El argentino recibió posteriormente otro punto en su licencia, por lo que abandonó Zandvoort con tres puntos de penalización acumulados en esa carrera y cuatro en total durante el período vigente. Los puntos se eliminan después de un año, pero si un piloto alcanza los 12 debe perderse una carrera. Es decir que una decisión que ya tuvo un impacto directo sobre el resultado deportivo también tiene consecuencias administrativas que pueden acompañarlo durante las próximas competencias.

Por eso el título no es una exageración gratuita. El Robo a Colapinto expresa la sensación que dejó una carrera en la que el argentino había hecho lo que necesitaba para meterse entre los diez primeros y terminó pagando carísimo una maniobra realizada en medio del caos generado por el accidente de otro piloto. No se trata de pedir privilegios para Colapinto por ser argentino, ni de reclamar que las reglas se apliquen de manera distinta según el nombre que figure sobre el auto. Se trata exactamente de lo contrario: reclamar una Fórmula 1 donde la seguridad sea realmente el principio rector y donde la interpretación del reglamento tenga en cuenta las circunstancias concretas en las que ocurren las maniobras.

Colapinto perdió una oportunidad de sumar puntos que se había ganado en la pista. La bandera amarilla existió, la maniobra existió y el reglamento también, pero entre una infracción y una sanción debería existir algo que en Zandvoort pareció faltar: proporcionalidad. El argentino ya piensa en Monza, una pista que le gusta y donde tendrá la posibilidad de volver a empezar, pero la bronca de Países Bajos quedará instalada como una de esas carreras en las que no fue el rendimiento del piloto el que determinó el resultado. Esta vez, una decisión tomada desde el muro de los comisarios terminó haciendo lo que ningún rival había conseguido hacer durante esa primera vuelta: sacar a Colapinto de la pelea por los puntos.

Ficha del Gran Premio de Países Bajos

Circuito: Zandvoort
Piloto: Franco Colapinto
Escudería: Alpine
Largada: 14°
Mejor posición alcanzada: 10°
Resultado final: 14°
Sanción principal: Drive-through por adelantar bajo doble bandera amarilla
Penalización en licencia: 3 puntos durante el GP
Ganador: Lando Norris
Próxima carrera: Gran Premio de Italia, Monza


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