El Día del Profesor y la paradoja Estrada: celebramos al hombre que se enfrentó a la escuela pública laica desde una fecha institucionalzada por una Dictadura

Cada 17 de septiembre la Argentina celebra el Día del Profesor en memoria de José Manuel Estrada, escritor, historiador, periodista, educador y uno de los principales intelectuales católicos del siglo XIX. Pero hay una parte de esta efeméride que suele quedar fuera de los actos escolares: Estrada combatió el proyecto de educación laica que terminó consagrado por la Ley 1420 y la fecha que lo convirtió en referencia oficial de los profesores fue gestada en 1945, durante una dictadura militar. La historia de esta celebración, por lo tanto, encierra una doble paradoja: se homenajea a un educador que rechazó la escuela pública laica y se lo convirtió en símbolo docente por decisión de un gobierno de facto.

Por Guillermo Carlos Delgado Jordan para NLI

Hay efemérides que parecen inocentes porque llegan todos los años acompañadas de las mismas palabras, las mismas ceremonias y los mismos homenajes. El 17 de septiembre es el Día del Profesor, una fecha que suele presentarse como una sencilla conmemoración de José Manuel Estrada, fallecido en Asunción del Paraguay el 17 de septiembre de 1894. Estrada fue profesor, escritor, periodista, historiador, orador, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires y una figura central del pensamiento católico argentino del siglo XIX. Todo eso es cierto. Pero también es cierto que su historia intelectual estuvo atravesada por una oposición frontal al proceso de secularización de la educación, y que la decisión estatal de convertir su memoria en una conmemoración permanente dentro de las escuelas no nació de una tradición espontánea de los docentes, sino de una resolución adoptada en 1945, durante el gobierno de facto encabezado por el general Edelmiro Julián Farrell. La Biblioteca Nacional de Maestros conserva el boletín ministerial de aquel año donde aparece documentada una resolución del 26 de febrero de 1945 que dispuso que cada 17 de septiembre se dictaran clases alusivas a la memoria de Estrada.

La precisión histórica resulta fundamental porque no es lo mismo decir que el 17 de septiembre se eligió simplemente porque Estrada murió ese día que explicar cuándo y bajo qué circunstancias el Estado decidió convertir esa fecha en una conmemoración educativa. Estrada había muerto medio siglo antes y su figura ya era conocida y reivindicada por sectores católicos, pero fue en 1945 cuando su memoria pasó a tener una presencia oficial y periódica dentro del sistema educativo: fue una política educativa oficial de un gobierno que no había llegado al poder mediante elecciones.

Estrada contra la escuela laica

Para entender qué se estaba homenajeando hay que volver al siglo XIX. Estrada no fue enemigo de la educación ni de la enseñanza pública en términos generales. Fue, de hecho, un profesor apasionado, un intelectual dedicado a la formación y un defensor de la importancia de la educación. Su diferencia con el proyecto que terminó imponiéndose estaba en otra parte y era sustancial: consideraba que la religión católica debía ocupar un lugar central en la formación de las nuevas generaciones y rechazaba la secularización de la enseñanza impulsada por buena parte de la dirigencia liberal.

La Argentina de la década de 1880 estaba definiendo una cuestión mucho más profunda que un programa escolar. La consolidación del Estado nacional, la inmigración masiva, la expansión de las ciudades y la diversidad religiosa planteaban una pregunta decisiva: ¿quién debía educar a los argentinos y bajo qué principios? Para los sectores que impulsaban la escuela pública laica, el Estado debía garantizar una educación común, gratuita y obligatoria, capaz de integrar a niños provenientes de distintas familias y tradiciones. Para Estrada y los sectores católicos, en cambio, la educación no podía separarse de la formación religiosa. El enfrentamiento no era meramente pedagógico: era una disputa por el tipo de sociedad que debía construirse.

Estrada participó activamente de esa batalla. Fue uno de los referentes del catolicismo que enfrentaron el avance del laicismo y cuestionaron las políticas educativas de la Generación del 80. En el Congreso Pedagógico de 1882 se manifestó contra la orientación que pretendía reducir la presencia de la religión en la enseñanza y posteriormente se enfrentó al gobierno por las políticas de secularización. La Ley 1420 de Educación Común, sancionada en 1884, terminó estableciendo para la educación primaria los principios de gratuidad y obligatoriedad y una orientación laica que transformaría profundamente el sistema educativo argentino.

La otra paradoja: el homenaje nació bajo una dictadura

Y acá aparece el dato que probablemente más incomode cuando se repite la efeméride sin contexto. El calendario educativo argentino quedó institucionalizado en 1945, durante la dictadura de la Revolución del 43, que instituyó la realización permanente de clases alusivas a Estrada cada 17 de septiembre. La denominación posterior como Día del Profesor es una evolución de esa conmemoración. Edelmiro Farrell había llegado a la Presidencia de facto después del golpe militar del 4 de junio de 1943 que había derrocado a Ramón Castillo. En 1945, mientras el país atravesaba una crisis política extraordinaria y se encaminaba hacia las elecciones que terminarían llevando a Juan Domingo Perón a la Presidencia, el gobierno militar tomó una serie de decisiones en materia educativa y cultural atravesadas por las disputas ideológicas de aquel momento.

Y en exclusiva, NLI presenta el documento que permite reconstruir el origen concreto de esta conmemoración. Se trata de la Circular N.º 19, mediante la cual se comunicó la resolución del Departamento de Instrucción Pública del 26 de febrero de 1945. El texto deja constancia de que la iniciativa había partido de una nota del asesor del “Movimiento Estradista”, que solicitaba que cada 17 de septiembre, aniversario de la muerte de José Manuel Estrada, se realizaran actos de homenaje en los establecimientos de enseñanza dependientes del Departamento. La resolución fue firmada por el ministro de Justicia e Instrucción Pública, Rómulo Etcheverry Boneo, quien dispuso que, con carácter permanente, ese día se dictaran “clases alusivas a su memoria”, mientras que la Circular N.º 19 lleva al pie la firma de Rómulo Amadeo, Inspector General de Enseñanza, quien fuera presidente de la Liga Argentina de la Juventud Católica y que intervino activamente en El Pueblo, uno de los grandes diarios católicos argentinos. El documento no habla todavía de un “Día del Profesor” con la denominación actual: establece una conmemoración escolar permanente de Estrada y revela además que la iniciativa surgió del propio Movimiento Estradista y fue adoptada oficialmente por el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública en 1945, durante el gobierno de facto de Edelmiro Farrell.

Y allí se resalta el «patriótico objetivo … que contribuirá a reafirmar los sentimientos de justicia y adhesión de nuestra juventud para encauzarla hacia una mejor formación espiritual«.

No es un dato menor que el gobierno que decidió instalar oficialmente la memoria de Estrada dentro de las escuelas fuera un gobierno de facto con una fuerte presencia de sectores nacionalistas y católicos en su estructura política y educativa. La medida no significa que todos los integrantes de aquella dictadura compartieran exactamente la misma ideología ni que la creación de la fecha haya sido exclusivamente una operación confesional, pero sí permite ubicarla dentro de un contexto político concreto. El homenaje no nació en una Argentina democrática que, después de un debate parlamentario, hubiera elegido a Estrada entre todos los profesores posibles. Fue una decisión tomada desde el aparato educativo de un régimen militar.

No fue, entonces, una tradición que simplemente “existía desde siempre”: hubo una decisión estatal concreta que la puso en marcha.

Y eso transforma la pregunta. Ya no se trata solamente de saber quién fue Estrada, sino de preguntarnos por qué un Estado decidió recuperar precisamente a ese intelectual para representar a los profesores argentinos en 1945. La respuesta exige mirar tanto a Estrada como al contexto de la Revolución del 43: una Argentina en la que se discutía el papel de la Iglesia, la educación religiosa, el nacionalismo, la democracia y el lugar del Estado. La elección de Estrada no puede separarse de esas discusiones.

Una efeméride que merece ser discutida

Hay una última paradoja que resulta especialmente poderosa. La escuela pública argentina que terminó desarrollándose durante el siglo XX fue, en buena medida, heredera del proyecto que Estrada había combatido. La educación común, obligatoria y gratuita se convirtió en una de las herramientas fundamentales de integración social del país, recibió a hijos de inmigrantes, trabajadores y sectores populares y contribuyó a construir una identidad común en una sociedad profundamente heterogénea. El debate sobre la laicidad fue, por supuesto, mucho más complejo que una simple victoria de unos sobre otros, pero el rumbo institucional quedó marcado.

Y sin embargo, décadas después, el calendario docente decidió colocar el nombre de Estrada en el centro de una jornada dedicada precisamente a quienes trabajan en la enseñanza. Un hombre que había perdido la batalla contra la educación laica terminó convertido en símbolo de los profesores de todo el país, por decisión de un gobierno que tampoco había llegado al poder por el voto popular. No hace falta ocultar esa contradicción para homenajear a los docentes. Al contrario: reconocerla permite comprender mejor cómo se construyen las tradiciones nacionales y cómo las efemérides también tienen una historia política.

Porque quizás el problema no esté en celebrar a Estrada, sino en celebrarlo sin contar quién fue. Fue un profesor de enorme influencia, un escritor prolífico, un orador formidable y un intelectual cuya obra forma parte de la historia argentina. Pero fue también un militante católico, un adversario del laicismo educativo y un protagonista de una batalla ideológica que tuvo consecuencias profundas en la construcción del sistema escolar. Y el día que lleva su nombre nació oficialmente en un contexto político que tampoco fue precisamente un modelo de democracia.

Hoy, cuando la educación pública vuelve a estar en el centro de las discusiones argentinas y se discute desde cuánto debe aportar el Estado hasta cuál es el lugar de la escuela, la universidad y los docentes, la historia del 17 de septiembre adquiere una actualidad inesperada. Las discusiones cambian, los protagonistas cambian y las consignas cambian, pero la pregunta permanece: ¿qué educación quiere construir una sociedad y quién tiene derecho a definirla?

Por eso el Día del Profesor puede ser algo más que una jornada de felicitaciones. Puede ser también una oportunidad para mirar críticamente la historia de la educación argentina y recordar que las fechas oficiales tampoco son inocentes: tienen un origen, fueron impulsadas por determinados gobiernos y expresan determinadas disputas de poder. El 17 de septiembre recuerda a José Manuel Estrada, sí. Pero también recuerda que esa elección fue hecha en 1945, bajo una dictadura, y que el hombre elegido para representar a los profesores argentinos había sido uno de los adversarios más firmes del proyecto de escuela pública laica que terminaría definiendo buena parte de nuestra tradición educativa.

En esa contradicción, más que en cualquier acto protocolar, hay una verdadera lección de historia.


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