El tetracampeón de Fórmula 1 aceptó un desafío que parece salido de una partida de Mario Kart: largó desde el puesto 101 contra un centenar de pilotos, entre streamers, periodistas, atletas y aficionados, y tenía que eliminarlos a todos. Le dieron 30 vueltas o 75 minutos. Necesitó apenas 35 minutos para quedarse solo en pista.
Por Bruno A. Monteverde para NLI

Max Verstappen podrá tener cuatro campeonatos mundiales de Fórmula 1, cientos de carreras y una colección de maniobras que ya forman parte de la historia moderna del automovilismo, pero evidentemente todavía necesitaba resolver una pregunta fundamental para la humanidad: ¿qué pasa si ponemos a Verstappen en un kart y le tiramos cien personas adelante? Red Bull decidió que la única manera de averiguarlo era organizarlo. Y así nació “Max vs 100”, una competencia tan disparatada como entretenida que llevó al neerlandés nuevamente a sus raíces y convirtió el circuito de Silverstone en una especie de videojuego en modo imposible.
La idea era sencilla de explicar y bastante más difícil de ejecutar. 101 karts en pista, Verstappen largando último y cien rivales por delante, con la obligación de superar a todos en un máximo de 30 vueltas o 75 minutos. Los participantes no eran pilotos profesionales de Fórmula 1: había creadores de contenido, periodistas, atletas vinculados a Red Bull, aficionados y otras figuras del deporte. Todos utilizaban karts preparados para la competencia, con condiciones de peso igualadas, mientras que la clasificación previa determinaba las posiciones de largada.
El problema de tener a Max atrás
Para los cien que estaban adelante había, probablemente, una pequeña cuestión psicológica. Una cosa es mirar a Verstappen por televisión y otra muy diferente es escuchar que el tetracampeón mundial viene detrás de vos en un kart y que su objetivo deportivo consiste precisamente en sacarte de encima.
La largada fue directamente una trituradora. Según los reportes de la carrera, Verstappen consiguió superar a más de 60 rivales durante la primera vuelta, aprovechando el caos inevitable de tener un centenar de karts intentando circular juntos. El neerlandés no tuvo demasiado tiempo para contemplar el paisaje: su trabajo consistía en encontrar huecos, elegir líneas y avanzar constantemente.
Y lo hizo a una velocidad que transformó el desafío en una película de persecución. Para la séptima vuelta ya estaba sexto, mientras que en la novena había llegado al cuarto lugar. A partir de allí quedaban los últimos obstáculos entre Max y el objetivo, aunque esos últimos adelantamientos exigían bastante más precisión porque el pelotón ya se había reducido considerablemente.
El último hombre que consiguió resistir fue Jacky Martens, periodista neerlandés especializado en Fórmula 1, que había partido desde la pole. Martens terminó siendo el último rival que Verstappen tuvo que superar para completar la misión. Y cuando finalmente lo consiguió, Max pudo cruzar la meta después de 14 vueltas y aproximadamente 35 minutos, muy lejos del límite de 30 vueltas o 75 minutos que tenía disponible.
Una carrera de verdad, aunque no fuera la Fórmula 1
El evento tuvo algo de exhibición, algo de espectáculo televisivo y bastante de experimento deportivo. No se trataba de enfrentar a Verstappen contra otros cien pilotos profesionales en igualdad de condiciones competitivas. La gracia estaba precisamente en el formato: un piloto de elite obligado a atravesar un pelotón gigantesco, con tráfico permanente y poco espacio para cometer errores.
También funcionaba como regreso simbólico al lugar donde empezó todo. Verstappen llegó a la Fórmula 1 después de formarse desde muy chico en el karting y en 2013 se consagró campeón mundial de karting. Por eso, aunque “Max contra 100” tenga la estética de un programa de entretenimiento, hay una conexión bastante directa con el origen de su carrera.
Y hubo además un detalle delicioso para los seguidores de la Fórmula 1: Verstappen bromeó con que ésta era su primera victoria del año. El comentario tenía su cuota de humor porque el neerlandés viene atravesando una temporada en la que todavía no había conseguido ganar un Gran Premio, mientras que Andrea Kimi Antonelli se quedó con la victoria en el reciente Gran Premio de España en Madrid.
Así que, mientras el calendario de la Fórmula 1 sigue su curso y Max continúa buscando otra victoria grande con Red Bull, el tetracampeón ya encontró una solución bastante particular al problema: si no hay un Gran Premio para ganar, inventemos uno, pongamos cien karts adelante y veamos cuánto tarda en adelantarlos.
No fue Mónaco, Monza ni Silverstone con un Red Bull de Fórmula 1. Fue un kart. No había puntos para el campeonato. No había podio mundial. Pero sí había cien rivales, una misión absurda y un neerlandés que evidentemente no sabe tomarse con demasiada calma la frase “a ver si podés pasar a todos”.
Resultado final: Verstappen 100, resto del mundo 0. Y encima pidió que le cuenten la victoria.
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