Tarde de sueños en la Escuela Itinerante

Por Guillermo Carlos Delgado Jordan para La Insuperable

Viernes de Semana Santa. Ya han pasado unas horas desde el mediodía y el cielo se mantiene celeste, casi con el mismo celeste que reviste las paredes de una inmensa construcción que se emplaza frente al Congreso. La gente está agolpada; curiosea, se saca fotos, charla.

Sobre la diestra del edificio se forma una inmensa cola que parece no tener fin: son cientos de personas que se aprestan a esperar a ser recibidos por unos hombres y mujeres de delantal blanco.

Un desprevenido transeúnte que cruzó Rivadavia a la carrera se para frente a una mujer que hace la fila con un pequeño niño de 5 ó 6 años en brazos, también vestido de delantal blanco. El hombre, viendo la inmensa cantidad de gente, le pregunta a la mujer: “¿Qué regalan?”  La mujer sonríe y le acomoda un rulo caprichoso a su pequeño que parece no querer abandonar la frente. Finalmente le responde: “Regalan su ejemplo”. El hombre parece no entender de qué le habla y, otra vez presuroso, se pierde entre la multitud.

El inmenso edificio celeste es la Escuela Itinerante, y los hombres y mujeres de blanco son, sencillamente, docentes. Allí están desde hace un par de días, visibilizando un reclamo. Las consignas son dos: “Paritaria Nacional Docente” y “Ley de Financiamiento Educativo”. El lema, tres palabras que parecen sintetizarlo todo: “Enseña, Resiste, Sueña”.

El niño del rulo se encuentra ahora realizando un dibujo. Dibuja una escuela y parece dibujarse a sí mismo, tomado de la mano de una mujer de guardapolvo blanco. Redondea un sol brillante y unos pequeños pajaritos en un cielo blanco. Tímidamente, pero con una sonrisa, se lo entrega a un señor de pechera celeste que, cuidadosamente, lo pega junto a otros dibujos, con otros nenes y con otros soles, sobre una reja que rodea la escuela. Una vez que el niño se cerciora de que su dibujo ha quedado bien expuesto, emprende una pequeña carrera y salta a los brazos de su madre, aún en la fila, y quien en ningún momento le ha sacado los ojos de encima. O sí, sólo por unos segundos, para acercarse a firmar un petitorio para apoyar una nueva la Ley Educativa.  

Luego de un rato, madre e hijo llegan finalmente a la puerta de la Escuela. Allí no solo los reciben los maestros, también lo hacen unas hermosas esculturas del genial Omar Gasparini, aquel que con sus “muñecos” le ha sabido dar su impronta personal a la zona sur de Buenos Aires. El nene del rulo le pide a su madre que le saque una foto  junto a la imagen de una pequeña escultura, de una niña como él, que acompaña a una pequeña pizarra donde está el programa de actividades del día de la Escuela Itinerante.

Ingresan. Hay un patio y un aula. En el pizarrón todavía están garabateados los nombres de Adriana Puiggros, Pablo Imen y Miguel Duhalde, quienes el día anterior debatieron sobre el financiamiento educativo. El pequeño del rulo caprichoso se sienta en un banco con pupitre mientras su madre recorre con un vistazo las imágenes de lucha que revisten las paredes. Encoge un poco sus hombros, como no queriendo aceptar que nuevamente la Escuela Pública esté allí, otra vez menospreciada desde el gobierno, ensuciada…

A las tres en punto una imaginaria campana nos dice que los docentes de la Escuela de Bellas Artes “Lola Mora” comienzan a dictar un pequeño curso de serigrafía. La gente se agolpa y los profesores sonríen. Muchos sacan de sus bolsos o sus carteras remeras blancas y delantales.

Shablón en mano los docentes les explican cómo estampar los diseños. Al lado, vaya uno a saber cómo, en una silla, el niño del rulo ha conseguido un lugar. Con una esponjita repleta de tinta repasa, ante la atenta mirada de su madre, las letras recortadas de un acrílico que conforman una frase que el pequeño quiso estampar en su delantal: “Violencia es mentir”.

La madre toma orgullosa a su hijo de la mano y se dirigen a la parada del colectivo. Deben volver a casa y el viaje es largo. En la Escuela Itinerante continúan las actividades: se inicia una clase abierta de Tango y Folklore.

La gente sigue acercándose. Participan, saludan a los docentes, los felicitan y los acompañan. “Luchen” – les piden. Porque saben que la lucha de ellos es la de todos. Que esto no se trata de un porcentaje en una negociación salarial, sino de elegir en qué país queremos vivir.

Tarde de feriado, los chicos van a la escuela.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s