Globótika, el monopolio perfecto

Por Alejandro Lagreca para Ficcional

En 1964, cinco años antes del nacimiento formal de Internet,  Herbert Marcuse publicaba El hombre unidimensional, un llamado de atención respecto de la uniformidad cultural, los procesos económicos y el consumo impuestos por intereses productivos —secundados por medios masivos y publicidad—, en sociedades de apariencia liberal, democrática, pero totalitarias en la realidad profunda. No muchos años después, en el imperio global de las TIC y la sociedad red, el avance hacia el temido universo plano, unidimensional, se hizo más evidente. El resto del camino y la meta, si la hubiere, interpelan al analista pero, sobre todo, desafían la imaginación.

En esta línea, la novela de Guillermo Delgado Jordan propone un itinerario ficcional que se proyecta desde la racionalidad de los acontecimientos del presente y los indicios que dan verosimilitud a los mundos posibles de la literatura. La historia se desarrolla en un contexto de singular armonía: el monopolio perfecto de una organización que satisface todas las necesidades humanas. Bajo la tutela nutricia de Globótika, los seres humanos han llegado a ser, literalmente, individuos. Dedicados a sí mismos, liberados de tentaciones gregarias, convivencia, familia y  relaciones inciertas, transitan una existencia segura, predecible,  enclaustrados en la  virtualidad de la red. Pueden elegir, incluso, qué soñar en horas de descanso. Sus únicas obligaciones son para con la organización, que les demanda un esfuerzo de trabajo mínimo. Ya no hay estados nacionales, ni política, ni ideologías; está Globótika, es suficiente.

Oscar, el narrador protagonista, vive en esta seguridad y confort individual que él supone, como le enseñó la organización, abarca a todos los seres vivientes. Es mecánico a distancia y sólo se traslada a las instalaciones de Globótika esporádicamente.  En uno de esos traslados, un violento episodio lo sustrae  de la confortable virtualidad. Sus primeros contactos con el miedo, la desazón y las dudas lo llevan a iniciar el viaje interior que lo acercará a la humanidad de sus semejantes. Liberado del inocuo mundo onírico a la carta, experimenta las inquietudes de los sueños verdaderos, incontrolables, e intenta descifrar sus claves. Selva, personaje femenino esencial, líder de la resistencia a la virtualidad, lo motiva y conmueve. Ella le generará la confianza necesaria para unirse al pequeño grupo de personas que ya no dependen de la organización monopólica ni de interacciones o sueños prefabricados.

Con sus personajes instalados en un mundo carente de velos digitales, casi yermo y sin la tutela de Globótika, el autor despliega una acción signada por la inquietud del riesgo inminente de zozobra. Un complejo vaivén de tradiciones y motivos literarios enriquece el sustrato del texto, que bordea las distopías clásicas pero las elude con acierto tras los inevitables contactos.  Resuenan más Víctor Hugo, los revolucionarios y Valjean por las cloacas de París, o la pesadilla de los túneles de Vietnam de El eco negro de Connelly, que Philip K. Dick o Aldous Huxley.  La epopeya es acotada porque no hay salvajes, tribus  ni marginales con quienes aliarse;  el universo del monopolio cibernético es absoluto y el poco numeroso —en verdad ínfimo—  grupo de disidentes sólo trajina la constatación de la desigualdad de fuerzas con el objetivo de explotar la única fisura simbólica, un incierto talón de Aquiles organizacional que tal vez pudiere resultar vulnerable desde una trinchera onírica. La revolución de los sueños nada tiene que ver con ilusiones forjadas en la vigilia, tampoco con fantasías o proyectos ideales. Es sólo volver a soñar libremente cuando se duerme.  Un tesoro de disidencia a recuperar cuando ya se ha perdido todo.

La editorial independiente Peces de ciudad publicó este año, en su colección de narrativa “Islas para naufragar”, Globótika (Libro I). La revolución de los sueños, de Guillermo Carlos Delgado Jordan. Buenos Aires,  112 páginas.

Se trata, como se vio, de una novela de ciencia ficción que se presentó en Espiche, San Telmo, el 15 de julio de 2017, pocos días después de tomar estado público la noticia de la expansión —con el plus del “cuádruple play” adosado— del multimedio más grande de la Argentina, indiscutido monopolio que,  desde ahora, además, será paradigmático internacionalmente. Sin recurrir a la negación del azar ni al carácter notable de las aparentes casualidades, la simultaneidad de acontecimientos tan dispares que terminan relacionándose  se destaca y amerita una breve cita textual a modo de cierre: “En el año 2036 Globótika logró quebrar las últimas barreras antimonopólicas en los pocos resabios democráticos que subsistían en el mundo, acaparando y dirigiendo la red mundial.”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s