¡Al fin tendremos nuestra Légion d’Honneur!

Por Onó, el Insuperable

Entre tanto reproche populista a la mano dura, al tiro justiciero a favor del orden, a los aumentos de tarifas atrasadas y la circunstancial falta de servicio eléctrico, hay  rumores en pro de la cordura. Se tiene por hecho casi consumado un pedido que Miguel Ángel Pichetto haría ni bien retorne a la actividad: instituir en el senado La Orden Don Jaime al Mérito Extranjero, un incentivo honorífico al migrante que prefiere acoger el país.

Entre tanto mantero zaparrastroso, mendicante foráneo que acapara los recursos de la salud pública o delincuente venido de la periferia sudamericana, impenitente y soez, el senador más responsable que el Congreso atesora parece haberse inspirado en la figura del ilustre ecuatoriano para mostrarle a la sociedad, aún excedida en tolerancia, qué modelo de inmigrante latino habría que privilegiar.

Crédito: Carlos Brigo – Página/12

Así como el desvelo cívico del asesor y consultor presidencial no merecería pasar al olvido de la posteridad sin pena ni gloria, tampoco la virtud republicana del senador que le dio la democrática espalda al votante pejotista ─intoxicado por el infame igualitarismo derrochón─, perla blanca con la que Río Negro nos ha enriquecido, debería quedar relegado a un recuerdo taquigráfico. Sin menospreciar el veloz arte de la transcripción que nos legó el liberto de Cicerón, habría que bregar para que también don Miguel fuese, en vida, ejemplo para una juventud siempre en riesgo de caer presa de simpatías hacia el pícaro holgazán con meliflua entonación o, lo que es peor, de doctrinas subversivas o ideas disolventes. 

Entre tanto pseudoperiodista resentido que se ensaña con la familia presidencial y oculta al gran público cómo la generosidad de Franco y su prole contribuyó a civilizar el país con cloacas, autopartes, distribución de correspondencia y obras nunca bien ponderadas por su bajo costo para el erario público y calidad superior para los poco agradecidos usuarios, entre tanto populista de tres al cuarto que pretende inclinar al menesteroso en contra del mérito y la inevitable modernidad, entre tanto politiquero devenido en legislador, la cercanía de Pichetto  reconforta a los adalides de la república que han decidido sacrificar su juventud, patrimonio o talento en las bancas parlamentarias. Los esforzados Massot, Lipovetzki, Machado, Tonelli y tantos otros, se dice que estuvieron al borde de las lágrimas cuando el bueno de Miguel presentó en powerpoint las diapositivas del prototipo de medalla con el perfil del egregio Barba. No faltó el comparativista infalible que juzgó la condecoración como “nuestra propia Légion d’Honneur”.

Mientras el peronismo amenaza con unirse para profundizar la difamación del gobierno que nos devolvió al mundo, el mismo que a través del  presidente deja sin palabras a líderes de reconocidas potencias al fulminarlos con certeras metáforas inspiradas en el deporte que es de todos pero se paga, a Dios gracias, para diferenciarnos urbi et orbi de Cuba o Venezuela, el trabajo de los muchos pichettos que por fortuna todavía conservamos es la luz que nos protege del retorno a otra noche oscura de consumo desenfrenado, planes de fomento a la vagancia de choripán gratuito, fronteras colador, garantismo, desacato al uniforme, sordera a la voz de alto y demagogia de subsidios.

Crédito: Página/12

La euforia también se reprodujo en la Academía de Educación. Comentan los allegados al círculo académico que conduce la vanguardista institución, que la noticia de la loable iniciativa decidió por fin a los pedagogos en jefe a realizar la tantas veces postergada purga de anaqueles en la biblioteca. En amplio brasero ardieron con justicia volúmenes de Iván Illich en candente vecindad con Paulo Freire, Lev Vygotski y Emilia Ferreiro. Donarlos hubiera sido un imperdonable desatino.

Iván Illich – Crédito: Joaquín Rodríguez, Los futuros del Libro

En reunión plenaria, tras los apologéticos discursos dedicados al senador y un detallado inventario de la depuración del acervo bibliográfico, se decidió enriquecer el espacio ganado con ejemplares de la didáctica obra del docto consultor ─ridiculizado por el vulgo con el mote de ekeko─ más una selección de textos de Martín Tetaz y Bernardo Stamateas, declarados sin disidencia alguna epígonos de la atóxica educación motivacional.

Gracias a la inminente aparición de la Légion d’Honneur vernácula, a pesar de cualquier agorería funesta o crítica destructiva, la cultura y el vuelo del intelecto se enriquecen a diario bajo la égida creativa de la revolución del cambio. Para festejar. ¿O no?

Martín Tetaz, educador motivacional y didáctico animador de redes sociales
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