La paradoja del presidente

El gran impulso de Macri para su carrera política fue Boca. Y en ningún ámbito parece sentirse más cómodo que en el mundo del fútbol. Pero desde allí aparecieron los insultos.

Por Mariano Hamilton en Nuestras Voces. Original Publicado en Revista Un Caño

El presidente Mauricio Macri dijo en más de una oportunidad que para él fue más difícil ser presidente de Boca que de los argentinos.

El presidente sostiene que sabe de fútbol y que conoce, por ser parte de ellos, la esencia del hincha.

El presidente le dedica bastante tiempo al fútbol a punto tal que cada tres meses se encuentra con el entrenador de Boca, Gustavo Barros Schelotto (“un amigo”, lo define), y con el de la Selección Nacional, Jorge Sampaoli.

El presidente, en sus ratos libres, mira por TV las tertulias deportivas y se enoja cuando alguien lo responsabiliza de interceder a favor de Boca en los arbitrajes.

El presidente, en sus reuniones con líderes de otras latitudes, siempre saca a relucir alguna historia relacionada con el fútbol. Narra un supuesto golazo que hizo de tiro libre o promete visitas para ver partidos o se juega con una que otra cargada sobre los posibles resultados de las Selección argentina. Lo hizo con Michelle Bachelet, Michel Temer, Angela Merkel, Vladimir Putin y hasta con el chino Xi Jinping, sin ir más lejos. Es habitual que rompa el hielo usando alguna metáfora futbolística.

Pero, paradójicamente, este presidente tan ocupado y preocupado por el fútbol, es puteado por decenas de miles de personas en diferentes canchas. El hit del verano, como se llama al MMLPQTP, se escuchó por primera vez en San Lorenzo-Boca y se replicó luego en River-Godoy Cruz, Independiente, Huracán, Lanús y Chacarita, según los registros fílmicos con que se cuenta. También fue insultado en la Linea D de subte y en uno que otro show de música, en un abanico que va desde Dancing Mood hasta la Fernández Fierro.

¿Las puteadas son consecuencia de que se cuestionan las políticas públicas? En las canchas, en principio, creemos que están más vinculadas a los vaivenes deportivos que a las subas de tarifas, las negociaciones paritarias, el gatillo fácil o la inflación (por citar cuestiones sensibles para la sociedad), más allá de que estos asuntos colaboran para sumar al coro a aquellos que no están tan politizados y que sólo manifiestan su opinión o su voto por el rumbo de la economía o cuando ven que las libertades individuales están en peligro.

Pero así como decimos que en San Lorenzo y en River fueron motorizadas por los supuestos arbitrajes que beneficiaron a Boca o perjudicaron a River (injustamente, ya que no creemos que el presidente tenga nada que ver), también hay que decir que cuando se abre la puerta al grito desde las populares o desde las plateas, después es muy difícil cerrarla. Hay muchos ejemplos que dejan muy claro esto: la resistencia peronista en los 60 y 70 cuando estaba prohibido mencionar a Perón, en las canchas indefectiblemente se entonaba la Marcha Peronista o cuando el cepo mediático impedía críticas hacia la dictadura cívico-militar y en los estadios se entonaba el “se va’cabar, se va’cabar, la dictadura militar”. Por las dudas, y para no herir a las almas sensibles, aclaramos que no estamos comparando al gobierno de Macri con la Revolución Libertadora o con las dictaduras de Onganía, Lanusse, Levigston, Videla, Viola, Galtieri o Bignone; sólo consignamos que cuando los estribillos se apoderan de ese espacio público llamado estadios de fútbol, es muy complicado revertir la tendencia.

Dicen las personas más cercanas al presidente que no le preocupa lo que pasa en las canchas. Que Macri está convencido de que con las cantos de los hinchas no se pierden ni se ganan votos y que su caudal electoral está mucho más cerca de los intereses de los hinchas de River que de los de Boca (lo afirma el periodista Sebastián Fest en su nota “El fútbol y el clima en los estadios, según Macri”: “…quizá tenga más votos entre los hinchas de River que entre los de Boca”). Por lo pronto, tanto la gente de Fox como la de TNT, recibió un pedido verbal de la AFA en la que se “solicita” no amplificar durante las transmisiones los insultos a Macri. Ocurrió durante la transmisión de Huracán, ya que cuando se desencadenaron las puteadas, se fue oportunamente a una pausa. Y también durante las emisiones de los partidos entre Independiente y Chacarita, aunque en estos dos casos hay que consignar que cuando sucedieron todavía no se estaban jugando los partidos. No tenemos registro, también hay que decirlo, de que el sonidista de turno haya anulado el ambiente durante ambos juegos. Todo es verdad, tanto como que la recomendación para FOX TNT existe. Lo que vayan a hacer de ahora en más, dependerá de ellos y de lo susceptibles que sean a sumarse a la protección mediática que disfruta el Gobierno.

http://www.nuestrasvoces.com.ar/a-vos-te-creo/la-paradoja-del-presidente/

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