MARICE WEU, MARICE WEU

Por María Cristina Derdoy para La Insuperable

Durante el transcurso del pasado año situaciones dramáticas pusieron a consideración del público palabras que sonaban extrañas, exóticas y distantes, tanto que hasta entonces no se las tenía en cuenta.

Así, “pu lof”, “mapuches”, “Cushamen”, “lonko”, “machi” se comenzaron a pronunciar y pasaron a ser casi corrientes en el vocabulario de muchos argentinos. Y muchos de esos muchos comenzaron a emitir juicios descalificadores, cargados de xenofobia e ignorancia, pero con algo más, que es el interés económico y de dominio sobre tierras ajenas pertenecientes a los mapuches por orden ancestral y de ocupación primera: son pueblos originarios, preexistentes a la llegada del hombre blanco, preexistentes a la demarcación de cualquier frontera.

Repasando apuntes y trabajos prácticos de mi carrera de Ceremonial, encontré uno que se refería a las ceremonias del Año Nuevo mapuche (We tripantu).

En él estaba el relato del viaje a la comunidad mapuche Cañicul, sito en la Bahía del mismo nombre. Este lugar está en Junín de los Andes, a la vera del Lago Huechulafquen, provincia del Neuquén.

BAHÍA CAÑICUL

Quien me llevó a la comunidad fue Pablo, el nieto del lonko Francisco Cañicul.

El Viaje

Durante el viaje que hicimos con Pablo camino a la comunidad, el comenzó a relatarme las desventuras que pasaron sus ancestros en la época de la Conquista (la llevada a cabo por Roca…Mis antepasados tuvieron que abandonar todo como manera de preservar sus vidas, todas las mujeres niños y ancianos se iban yendo como podían y los más jóvenes se quedaban a luchar, cubriendo la retirada”.

El lugar para huir para los mapuches de entonces era Chile. Había que cruzar las montañas, soportar frío y hambre, enfermedades y muerte.

Le pregunté a Pablo si esa migración dejó huellas en la comunidad. Me contestó que “no fue migrar, fue el exilio. Nos obligaron, nos forzaron a dejar nuestras tierras para salvar la vida”.Y agregó: “la idea era el exterminio, que no quedara ninguno de nosotros”.

Poco después me enteré que uno de los integrantes de esa resistencia fue el abuelo de Don Francisco, a quien me dirigía a entrevistar.

Las tierras robadas fueron entregadas a terratenientes nacionales y extranjeros. Pablo, este amable hijo de la tierra, comentó que el destierro marcó muy fuerte el carácter de esta etnia y que siempre estuvo en ellos elregresar, volver a Cerro Virgendonde hacen las veranadas, a pararse en la orilla del Huechulafquen, a perder su vista en la Bahía Cañicul y mirar con veneración el cono helado perpetuo del Volcán Lanín.

Poco a poco, las familias mapuches van regresando de Chile buscando su lugar originario. Pero se encontraron con que la tierra ya no les pertenecía, los alambrados impedían su paso.

Hoy

Su ubicación actual está delimitada por el arroyo Foyel hasta la irreal por su belleza, Bahía, que es la punta del Lago Huechulafquen.

Este relato rico en sus expresiones, por su historia tiene el componente de su sentido de pertenencia. Se percibe el “orgullo de ser”.

En toda su alocución Pablo me hizo mención al desentendimiento por parte del Estado del cuidado de las comunidades originarias, al desamparo legal. A eso se le suma la desprotección educativa y la dificultad de la llegada de los medios de comunicación, que llevó a que los niños de la comunidad no tengan las mismas oportunidades.

La escuela primaria de Paimún, paraje cercano a la frontera con Chile no es todo lo completa y contenedora que debiera ser, ejemplo de ello es la carencia de Internet y una desactualizada biblioteca de consulta.Esta situación se agrava pues muchos de los niños no completan el ciclo primario pues son necesarios para las tareas del campo

Es constante la lucha por preservar las costumbres ancestrales Los rituales y ceremonias del acerbo mapuche es su marca identitaria, Pablo, mientras conduce, acota “Es difícil en este mundo tan cambiante mantener rituales tan antiguos y quedando pocos referentes que hayan practicado las ceremonias . Nuestro esfuerzo está en rescatar y practicar lo máximo de la cultura del pueblo mapuche”.

LA BISNIETA DEL LONKO, MALÉN, JUNTO A CRISTINA DERDOY EN LA ENTRADA DE LA COMUNIDAD

Don Francisco

Luego de un recorrido de casi 70 km, llegamos a la casa donde vive Don Francisco. Ya era la hora del almuerzo así que decidí esperar y retirarme a orillas del lago. Más tarde, los bisnietos del lonko me escoltan al lugar. Allí un anciano alto, delgado, de mirada profunda y voz tenue me esperaba con el fuego encendido, unas galletas de harina de piñón y mate.

Al hablar se nota que en él fluctúan sentimientos contradictorios: felicidad por el sitio recuperado y tristeza, como cuando me dice: “cuando se mueran los viejos, esto se irá con ellos”.

DON FRANCISCO, CRISTINA DERDOY Y UNA COMPAÑERA

Los más jóvenes migran a las ciudades y si bien se reconocen mapuches “les cuesta hablar en lengua“. Luego reflexiona “debe ser que no quieren que se burlen”. Por eso solo se habla con la familia, en encuentros y fiestas.

En la amable charla, el principal objetivo del lonko parece ser que era el dejar en claro que se sentía orgulloso de ser mapuche, que su tarea era preservar la lengua y las tradiciones, su historia como pueblo y su cultura. Son celosos guardianes de sus ceremonias.

Llegaba el momento de la despedida, todavía estaba alto el sol, pero algunas nubes amenazantes comenzaban a poblar el cielo que había estado entre celeste y gris, con una tenue bruma que supo cubrir el cono helado del Lanín. Los coihues, las retamas y las araucarias se sacudían con el viento frío que bajaba de la cordillera y el lago se había encrespado con oleaje de puntas blancas.

Don Francisco se despidió en mapugundum, mientras su nieto ofició de traductor: “Me siento agradecido y honrado por la visita, siento que es una amiga en el cariño y respeto. Mi casa está abierta para cuando quiera regresar”.

En el camino de regreso Pablo habló sobre “la lucha constante por permanecer en este sitio reconquistado”. “Ellos no tienen título de propiedad sobre las tierras”.

Lo anticipaba. Esa es la lucha de hoy.

Y como dice el grito libertario de los mapuches: MARICE WEU, MARICE WEU.

Diez veces venceremos, diez veces venceremos.

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