El olvido como enfermedad y placebo

Por Alejandro Enrique  @ale_enric  para La Insuperable ·

ceibalsalta.com.ar

La mentira sistemática fue una de las bases del ascenso de Mauricio Macri. A esta altura de los acontecimientos político-económicos, ya no hay lugar para dudas al respecto. Esta semana resultó especialmente ilustrativa: gran parte de las operaciones que le allanaron el camino a la ajustada victoria de 2015 cayeron estrepitosamente. Una miniatura para contemplar como la Impostura, la difamación y las tergiversaciones complementaron de manera decisiva el repertorio de promesas hechas con la certeza de que, a corto plazo, serían deshonradas una a una.

Este conjunto contradice cualquier análisis que pretenda desmentir su carácter falaz. Todas las argumentaciones oficiales desembocaron hasta hoy,  indefectiblemente, en la vía muerta del exorcismo. La necesidad imperiosa de erradicar un demonio multifacético llamado populismo justificó cualquier iniquidad. Las diversas significaciones que admite el término se cristalizaron con exclusividad en las más negativas. Desde el economista adicto hasta el politiquero de rancio paladar conservador las esgrimieron en toda ocasión. Una suerte de “sí porque sí” con pátina de posesión demoníaca, homenaje tardío de la nueva política a la memoria de un involuntario benefactor: William Peter Blatty.

William Peter Blatty | Crédito: Terry Ballard – CC BY 2.0

El exorcismo político como justificación de amplio espectro, sin embargo, es nada más que una de las caras de la moneda de la fortuna estratégica de la gran falacia PRO. El olvido inducido se yergue, quizá, como la terapia del cambio por excelencia. El coma memorístico ciudadano, que alarga el shock emocional bien dosificado, sostiene con tanta o mayor eficacia que la amenaza demoníaca la continuidad del proyecto retrógrado, impuesto con mínimas resistencias en el último bienio.

Solamente bajo el imperio de esta combinación podría comprenderse la naturalización del lawfare, el espíritu proscriptivo-represivo de alcance nacional, la censura y la corrupción estructural perfeccionada a través de la telaraña socio-familiar, que concentra riqueza y privilegios en un círculo de diámetro cada vez más estrecho.

El demonio populista paraliza la crítica, la resistencia en defensa propia; el olvido allana el camino de retorno y permanencia en el poder de figuras que han sepultado a discreción su historial de interacciones con el Estado. La inestimable ayuda de la amnesia social la propicia el doloroso e incierto proceso de exorcismo continuo, interminable. En definitiva, un Anillo de Moebius envilecido que supera las técnicas circunstanciales del marketing proselitista.

Rostros del cambio | infoparana.com.ar

Sorprende que también el olvido aparezca, hoy por hoy, como el remedio para alcanzar la unidad justicialista. La enfermiza renuncia a la memoria que llevó a las mayorías a optar por su empobrecimiento no aparenta, en principio, tener una contracara positiva. La realidad insoslayable es que el demonio populista encarnado en el kirchnerismo fue una hábil sinécdoque —alusión a la parte para referirse al todo—, disparada contra el peronismo en su conjunto, que prendió con fuerza en la porción del electorado más pertinazmente olvidadiza.

Las mismas figuras que contribuyeron desde el justicialismo a consolidar la estrategia de Cambiemos reclamarán la cura del olvido en favor de la cohesión. Pero la unidad peronista no implica asegurar la supremacía en las urnas ni un  real acceso al poder que conlleve desbaratar el modelo de imposición vertiginosa pero profundo arraigo, reflejado en la matriz de concentración y desigualdad sostenida a lo largo de la historia,  jamás superada.

Bossio -Bloque Justicialista |  eldiariodelaciudad.com.ar

 

El voluntarismo unificador sin definiciones, a caballo del olvido igualador, podría constituirse en el prototipo de un monolítico pseudomacrismo edulcorado, alternativa al hartazgo de rostros y no de ideas, opción válida sólo para el elector justicialista fiel por tradición, ni siquiera ayer —y menos mañana— integrante de una mayoría.

La unidad es un bien simbólico, propio de un movimiento. El olvido forzado es un recurso, un placebo compatible con la reincidencia. No todos los estratos ciudadanos son proclives a abrazarlo como remedio. La certeza de sus efectos adversos aún conforma el patrimonio de conciencia política  de los sectores que no comulgan con el cambio gatopardista ni militan, con porfía de hincha fanático, el gorilismo irreflexivo de provocación y revanchismo eternos.

 

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