¡Qué bendición es el cambio!

Por Onó, el Insuperable ·

La Semana Santa llega con menos desposeídos en el horizonte patrio. El INDEC, como reloj suizo, marca en segundos la cuenta regresiva hacia la pobreza cero. La precisión del cambio tranquiliza, llena de clientes ávidos los supermercados e induce al inversor a saturar de capitales productivos el mercado nacional. ¡La economía está en orden!

Crédito: https://www.elintra.com.ar/

El celo metodológico de Todesca emociona. Las planillas de cálculo de Juanjo Aranguren son obras de arte puestas al servicio de la tarifa equilibrada, del precio justo. Todo está calculado, nada queda librado al azar. A esta altura ya puede afirmarse sin temores que el fuerte del gobierno es la ciencia, no la aventura.

Los diputados más representativos del cambiemismo ético ahorran en vuelos innecesarios, recuperan el dinero público que podría haberse derrochado en pasajes y lo convierten en donaciones que merecen aplauso. O pagan sus resúmenes de tarjeta de crédito para evitar las lesiones irreparables  que la morosidad podría infligirle a un sistema financiero que, como es de público conocimiento, se sostiene con ganancias mínimas, casi franciscanas.

Crédito: PdN – https://portaldenoticias.com.ar/

En educación, a pesar del permanente hostigamiento del grupúsculo K acostumbrado a la prebenda pedagógica, se privilegia la calidad por sobre la cantidad de establecimientos. Se retorna al aula repleta de ávidos educandos, se extirpan los aguantaderos nocturnos de adoctrinamiento populista al adulto perezoso, se incentiva al docente a alejarse del vil metal y, sobre todo, a abrazar de nuevo la vocación desinteresada. La maestra de guardapolvo tableado, la profesora de trajecito sastre y el rector bien plantado vuelven a ser ejemplo del párvulo e inflexible azote del adolescente díscolo. Para tranquilidad de todos, el que piensa feo ya no tiene cabida en el sistema.

Los queridos abuelos saborean de antemano su huevo de pascua, dándole rienda suelta a la gula propia del anciano despreocupado, como merecen, gracias a la fórmula de actualización de sus haberes que el equipo presidencial elaboró con esmero para favorecerlos. Al cobijo de un PAMI cada día más protector y generoso, disfrutan de una vejez de primer mundo. Saben, además, que la ANSES cuida la platita de los jubilados con más ferocidad que un cancerbero.

La salud de la población se protege en la actualidad con la tan mentada pero nunca antes impuesta prevención. Las fuerzas del orden, ahora inestimable apoyo del galeno, evitan las intoxicaciones del prójimo con el arma sanitaria del decomiso de dudosos salames, ensanguchados al peor estilo Dieguito. Canasteros impúdicos muerden el polvo del acta de infracción mientras se los instruye con ejemplares filípicas de seccional.

Y como el silencio también evita la enfermedad, desafinados músicos callejeros son prontuariados sin excepción. La salud pública vuelve a brillar con el lustre de un trabajo de hormiga, digno de la austeridad de Graciela, que el invisible agente de seguridad realiza a diario. El otorrinolaringólogo ya no sufre la sobrecarga de pacientes: puede atender con más esmero la sordera que perturba el acatamiento pleno a la voz de alto; las enfermeras de gastroenterología, poco a poco, van olvidando las fatigas del lavaje de estómago.

El silencio es salud; el salame callejero, enfermedad heredada del pasado tóxico. ¡Y pensar que el populismo nos tuvo una década ocupados en el conteo de tomógrafos! El cambio nos abre los ojos, nos muestra cómo la ministra de seguridad puede convertir al humilde servidor público que el vulgo procaz, vicioso y mal entretenido llama despectivamente yuta, en eficiente agente sanitario. Optimización de recursos, cálculo, estudio: la ciencia del cambio en su apogeo.

Imaginar la emoción de la buena gente al escuchar de boca del Presidente que la pobreza pronto será un fantasma del pasado, y de la de los ministros que la tendencia a la baja de la inflación es irreversible, que las tarifas de los servicios continuarán sincerándose para prosperidad de sus usuarios y que el precio del dólar ha dejado para siempre de ser una preocupación, es reconforte impagable en jornadas pascuales. ¡Qué bendición es el cambio! ¿O no?

 

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