Hay un héroe entre nosotros

Por la Redacción de La Insuperable

Eran las 6 de la mañana del 11 de junio de 1982 cuando un humilde soldado de Mercedes, Provincia de Buenos Aires, empezó a escribir su destino de héroe. En ese instante un conscripto de 20 años marcó la historia en lo que luego se conoció como “La Batalla del Monte Dos Hermanas” en las Islas Malvinas.

Otro conscripto, el paracaidista Ramón Bustos del Regimiento Aerotransportado 17 recuerda: “Yo fui incorporado en Catamarca, de allí fuimos llevados solo diez soldados hasta Comodoro Rivadavia y luego a Puerto Argentino. En Malvinas estuve en el cerro Dos Hermanas y mi rol de combate era apuntador de Mac”. Ramón recordó sus últimos días: “En mi último combate estaba a 150 metros de los soldados ingleses, peleamos toda la noche, nosotros aguantábamos en la pendiente ascendente de un cerro frente del pueblo, aguantamos hasta las siete de la mañana después de combatir toda la noche, nos quedamos sin municiones y tuvimos que replegarnos al pueblo y luego vino la rendición, un momento doloroso y triste para todos los combatientes argentinos”.

Pero la retirada del Monte no iba a resultar sencilla. El fuego inglés no cesaba. Hasta que en ese instante alguien gritó:

“¡Vayanse todos, carajo! ¡Yo me quedo y los cubro!”

Era Oscar Ismael Poltronieri, un humilde mercedino de apenas 20 años, hijo de un puestero de Estancia. Gente de campo. El padre cuidaba la estancia del patrón; la madre alimentaba las gallinas. Luego sus padres se separaron y se fue con su madre a la ciudad de Mercedes. Era el mayor de 5 hermanos.

Poltronieri cuenta que en esa batalla disparó casi sin respiro. Es que siente rabia porque una bala enemiga le acaba de pegar de lleno a su compañero de trinchera y lo ve caer muerto y el soldado quería matar  a quienes lo hicieron.

Los muertos se suman con el paso de las horas: son casi 20. Llega la orden de replegarse. Poltronieri sabe que no podrán hacerlo bajo fuego enemigo. Y entonces grita que se queda, que él los cubre, que si no los van a matar a todos.

El  sargento Tito Echeverría le dice vamos, pero él prefiere quedarse, ante esto el sargento quiere quedarse a luchar, pero el heroico soldado le recuerda que había recibido una carta de su mujer y acaba de ser padre. Tiene que conocer a su hijo, le dice. Es así que Poltronieri se queda solo en su trinchera.

Durante nueve horas mantiene inmovilizado al batallón británico. Y permite que 100 de sus compañeros se alejen del infierno.

La superioridad numérica y técnica de los ingleses hacía que no detuvieran su paso. Mientras las tropas argentinas replegaban desde los cerros hacia la capital de las islas, continuaban disparando. Los morteros británicos impactaban entre los soldados que regresaban a Puerto Argentino. “Disparaba y me replegaba, y volvía a disparar. Tiré desde el cerro Dos Hermanas, desde el monte Longdon y monte Tumbledown. Los ingleses nunca supieron que era uno sólo”, afirmó orgulloso.

Oscar Ismael Poltronieri, a su regreso, se convirtió en el único soldado conscripto vivo en recibir la máxima condecoración militar Argentina, La Cruz al Heróico Valor en Combate. Así se transformó en el héroe de los colimbas. El Congreso Nacional lo condecoró y él entendió que había cumplido. Sin embargo, no pudo leer lo que decía la cruz que le entregaban, Poltronieri no sabía leer ni escribir. Las notas que se escribieron sobre sus acciones las pudo leer recién hace pocos años cuando ingresó a la escuela. Reconoce que le cuesta y le lleva tiempo reconocer cada letra, pero hoy puede leer y escribir. Su analfabetismo sumado a la notoriedad que le dieron sus acciones en Malvinas lo llevaron a sufrir algunos problemas. Durante los noventa, el municipio de General Rodríguez le entregó una casa, pero un concejal lo invitó a firmar unos documentos que él no supo leer. Firmó la entrega del inmueble al concejal y quedó en la calle. Con el paso de los años el Municipio de Mercedes le cedió un lote.

No fue fácil la vuelta. La peor guerra fue al regresar de Malvinas.  “No nos daban trabajo. Éramos los locos de la guerra. Yo vendía calcomanías arriba de los trenes, así con mi uniforme verde. Y la gente me gritaba: ‘¡Que te las compre Galtieri!’. Nos despreciaban, no querían saber nada con nosotros. Nos daban la espalda porque habíamos perdido la guerra”.

Todas las puertas estaban cerradas. Era un héroe olvidado. Así durante tres años. Hasta que una mañana, Juan Carlos Mareco lo entrevistó en Canal 7. Conmovido por su historia, le consiguió un puesto en La Serenísima. El trabajo ayudó a que no faltara pan para su mujer y  sus cuatro hijos, pero no pudo quitarle el dolor que le provocaba la desmalvinización que lo convertía casi en un paria. “Ya a nadie le importaban nuestros muertos y menos los que nos habíamos jugado el pellejo”. No fue fácil. Hasta quiso vender sus medallas…

En su ciudad natal una calle cortada lleva su nombre. Y en la plaza, ahí muy cerca, tiene un monolito que recuerda su valor y coraje en las islas. En junio de 2014 Poltronieri acompañó a la entonces Presidente Cristina Fernández de Kirchner en la inauguración del Museo de las Islas Malvinas.

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