Cuando los hechos no alcanzan

A la vista está: el nuevo neoliberalismo no es otra cosa que un genocidio sin sangre a la vista.

Para colmo, un genocidio entusiasmado. Y ese genocidio cuenta con el combustible multiplicador de los pulpos medios de des-comunicación…”

Se está cariando como una muela la médula de la esperanza. Y sin esperanza no se puede sostener esa trinchera esencial que es la dignidad…”

(Rodolfo Braceli, extraído del prólogo del libro de Gustavo Campana “PRONTUARIO” no hay neoliberalismo sin traición)

Por María Cristina Derdoy para La Insuperable

La realidad nos azota a cada instante ofreciendo en la pantallas de nuestros sentidos diversos formatos, multiplicidad de voces, la mayoría esgrimiendo un discurso monocorde casi autista en la repetición hasta el cansancio del latiguillo “la culpa es de los que se fueron”.

Una gran parte del país lo cree.

Antes de llegar a esto fuimos testigos de campañas mediáticas que denostaban, insultaban, agredían y propalaban falsedades como verdades.

Infectaron redes sociales y programas de TV.

Los medios escritos se transformaron en furiosas banderas que se agitaban al son de: LADRONES, CORRUPTOS, ASESINOS, NARCOTRAFICANTES. Los titulares siempre fueron tipo catástrofe.

Los titulares fueron desde cuentas millonarias en dólares en guaridas fiscales del exterior, hasta que un cadáver no estaba en el féretro.

Cada día era despertar con un conflicto.

Cada día era mostrar a un equipo gobernante sucio, malo, feo, ladrón, mafioso, sinvergüenza, corrupto, ineficaz, soberbio.

Cada día ese relato fue dirigido a movilizar las emociones y no el pensamiento crítico.

Cada día fueron las emociones más primarias: rabia, impotencia, ira las que dieron paso al odio.

Se dejó de pensar para sentir odio.

Se comenzó a odiar lo que representaba un mundo más justo, equilibrado, independiente y soberano.

Se comenzó a pensar en “el otro” no como la Patria sino como el enemigo.

El TODOS se hizo UNO

El bien común por el individual.

Se dejó de costado, arrumbado en un rincón el que TODOS es mejor que POCOS.

Y esas emociones primarias prendieron como abrojos, explotaron en el discurso feroz, ofensivo y descalificador.

El relato maniqueo, mentiroso se hizo acción y se transformó en causas judiciales que derivaron en prisión de muchos con el beneplácito del coro aullador que pedía venganza.

Esas causas que el relato había armado poco a poco se fueron cayendo ante la presentación de pruebas.

Pero el daño estaba hecho, mandaba la emoción que desde las entrañas afirmaba que debían estar presos, condenados por siempre, de por vida.

Eran traidores a la Patria.

La Justicia o parte de ella que había apañado estas crueldades, deja de ser Justicia para ser un instrumento de la venganza. Comenzó a descascararse y por las grietas de los vetustos pasillos tribunalicios donde empezaron a caminar otros jueces y fiscales rebelándose ante este estado de las cosas; para sorpresa y disgusto de muchos dejó en libertad a algunos de esos delincuentes conocidos y jurados como tal.

Pues el odio, como viento huracanado, viró hacia ese costado y lo que hasta ese momento eran justos tribunos ahora se transformaban en sujetos a investigar, sujetos que entraban en el cono de sombras que siempre proyecta la duda.

Los hechos han demostrado fehacientemente que el estado de situación no es lo que el relato ha proyectado.

Ríos de tinta, resmas de papel y horas de televisión se han necesitado para que esos engaños, mentiras, embustes y calumnias hicieran que vecinos apacibles, más o menos pensantes, con ciertos rasgos de sensibilidad social, mutaran a seres corroídos por el odio.

Diría que casi es irreversible: a pesar de las pruebas, a pesar de dejar al descubierto esa red de versiones engañosas, las emociones les siguen diciendo que lo que sienten dentro de sí, ese retortijón de intestinos y ese palpitar agitado del corazón, esa bronca que le hace apretar los dientes, es el correlato de VERDAD. Lo consumido es cierto. Lo otro son sólo artimañas de los delincuentes para no permitir que se siga sabiendo cuánto más de sucios, feos y malos son.

Que tienen “poder residual” para comprar fallos favorables.

Y siguen atando su cadena al cuello para entregar su libertad de acción y pensamiento al carcelero que le ha quitado bienestar, educación y trabajo.

Que ha hipotecado el futuro de sus hijos y los hijos de sus hijos y …

Esa batalla ha sido perdida por el campo nacional y popular.

Tal vez por no violar la libertad de expresión se dejó que dijeran e hicieran lo que hicieron sin reaccionar.

Con medios democráticos y constitucionales, con respuestas prontas, con altura intelectual se podrían haber desmontado una a una esas operaciones falaces, indignas y sucias.

El campo nacional y popular sufre las consecuencias de poner la otra mejilla.

La emoción fue utilizada para despertar al otro, transformar lo individual en colectivo , pregonar y demostrar que”el amor vence al odio” .

El relato fue la acción de cada día haciendo obras, construyendo futuro, reafirmando la memoria.

Pero no alcanzó…

Menuda tarea es la que viene.

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