La Felicidad de los Témpanos

Uno entra a La felicidad de los témpanos sin darse cuenta. Entra y de pronto está inflamado por la voz poética, por la voz narradora. Uno entra a La felicidad de los témpanos y escucha en eco a Emmanuel Lorenzo narrándolo.

Por Joaquín Rodríguez para Chubasco en Primavera

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Este poemario, nutrido por lo sonoro y lo visual en iguales proporciones, es definitivamente un lugar en el que se entra.  Si alguna vez se lo oyó a Emmanuel Lorenzo narrar; la lectura del libro se transforma en escucha, en una escucha atenta y rítmica que brota de las palabras marcadas y dirigidas en el libro por la reminiscencia musical de la voz del poeta y cuentista .

Siento que hay dos categorías fundamentales que se desarrollan en el texto, la primera remite a cierto tono borgeano (no me refiero acá al poema 15, tal vez un homenaje al escritor, sino a una categoría que atraviesa los poemas), probablemente implícito a causa de las narraciones, a causa de los cuentos que Emmanuel Lorenzo escribe, a causa de sus poesías que al ser narradas convocan a un espacio en el que las físicas no funcionan del punto A al punto B, y en el que por el contrario se desenvuelven extrañadas, y deambulan por el cosmos poético , ya sea en un barrio del conurbano o en una calle de tierra, en fin, para justificar la categoría de lo borgeano, en las orillas. Esta física, tal vez metafórica, aparece sugestiva una y otra vez, aparece para romper lo común aunque ya no para alcanzar una forma de “Fantástico”. Aquí es cuando conviene presentar la otra categoría.

Hay un sentimiento que desde la primera parte del poemario, pero también a lo largo se mantiene, una sensación que a priori parecería innombrable, inenarrable. En mi lectura del poemario (y gracias a ciertos estudios para un final de latín) las palabras que le di, un tanto inseguras, fueron las de “Ira memoriosa”, recordando las palabras que describen a Juno en la Eneida. Pero no me convencían, esa sensación no podía ser descrita con palabras ajenas, no fue hasta el poema 24 que lo reconocí, que encontré que el mismo Emmanuel Lorenzo me daba las palabras, cuando dice:

 

Hay algo de inconcebible

en el olvido

una nostalgia rabiosa

 

y supe que era eso. La mirada a las situaciones más terribles, el encuentro con el dolor y la impotencia, esa nostalgia rabiosa que se manifiesta en los poemas de Emmanuel Lorenzo y que se repite tomando formas diferentes, formas nuevas y dolorosas, pero presentando también, en los dos poemas, que quizás pueden ser los poemas nodales, una determinación. Primero, desde la misma estructura poética en el poema 2:

 

No alcanza con decirlo todo

también hay que socializar la poesía

 

marcando cual es la base de este poemario, y luego, más directamente y desde la fuerza misma de los seres que pueblan los poemas de La felicidad de los témpanos, como un pedido en el poema 3:

 

Será necesario

entonces

que la noche

y su cielo incendiado se pueblen

de náufragos

que agiten con desmesura sus brazos

tratando

desesperadamente

de salvar

primero

al otro.

 

Y esta es la cuestión, la nostalgia rabiosa se precipita en lo narrativo, en la voz que narra y se hace perceptible,  con la que uno puede sentir el ritmo y esa voz. Con la que uno puede sentir la palabra palpitando, y las metáforas y las descripciones apareciendo.

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En definitiva, al leer La felicidad de los témpanos de Emmanuel Lorenzo, uno puede escuchar el pálpito de la poesía.

Emmanuel Lorenzo: “La felicidad de los témpanos”. (2018). Ed.: Peces de Ciudad

https://revistachubascoenprimavera.wordpress.com/2018/04/18/resena-de-la-felicidad-de-los-tempanos-de-emmanuel-lorenzo-por-joaquin-rodriguez/

 

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