Construir el silencio

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable

Es llamativo que en un momento de crisis tan aguda no se hayan puesto sobre la mesa los temas de mayor trascendencia política e institucional, aquellos que el macrismo mantuvo cautivos en el periodo inicial de su gobierno a fuerza de artificios potenciados por el acompañamiento irrestricto del poderío comunicacional monopólico.

La debacle transitada en la economía ha potenciado, por el contrario, notablemente la sinrazón de la cotidianeidad más intrascendente. Los dislates se agolpan tanto en la palestra mediática como en la farándula política. La norma de eternizar la nimiedad ridícula parece haberse impuesto sin grandes resistencias. Todo perdura más allá del espacio que por derecho propio le correspondería a la sátira ocasional: a partir de la propina redistributiva, la changa o las lágrimas de cocodrilo de Bárbaro ─sin ir más lejos─ crecen, se multiplican y extienden los debates más delirantes.

Los desquicios que afectan al bolsillo, por su parte, son fáciles de declamar en un contexto en el que, entre anuncios oficiales de imprescindibles sacrificios por venir, YPF, por ejemplo, aumenta en una semana dos veces el combustible. Entre burlas al infaltable dislate, mea culpas de ocasión y descripciones del drama de la carestía de la vida se desliza una mirada de indulgente resignación para con la destrucción que avanza en progresión geométrica sobre cada una de las áreas fundamentales del Estado que la administración actual desestructura, abandona o pervierte.

La voz de la oposición formalmente constituida como “no K se ha convertido en un lamento con tono de circunstancia, apresurada en compungirse por sus nobles debilidades, errores involuntarios, ingenuidades nacidas de una vocación de acompañamiento responsable ─a mano levantada─  con las que hoy se regodea en la autocrítica previa a la reincidencia del mañana.

Como ya se sabe que la economía es la más feroz opositora, es fácil prenderse a sus polleras y eludir cualquier tema que trascienda subas de precios o corridas. El dislate analizado con gesto doctoral e indignación proclive a la ocurrencia ─con formato adecuado, casi siempre, para circular en redes sociales─ es guarnición del menú que  rellena los vacíos políticos que genera todo aquello que a estas alturas podría denominarse innombrable.

La incorporación acrítica de la monstruosidad populista a los terrores sociales consolidó como prestigiosos los recortes voluntarios de la acción y el discurso políticos. Por más que, como señala Graciana Peñafort, “Nada de lo que está pasando en materia de (in)Justicia es espontáneo”, o que los sistemas de salud y educación estatales se desmoronen a ojos vista de la dirigencia “responsable”, el imperio de lo innombrable permanece intacto.

La colonización de instituciones académicas, escuelas y otras organizaciones vinculadas a la educación pública por parte de los integrantes de ONG, fundaciones, consultoras y organismos internacionales que difunden la ideología de la nueva derecha ha sido permanente desde, al menos, la década del ochenta. Hoy rinde frutos que se proyectan en naturalizaciones del holocausto de la presencia estatal en áreas clave del desarrollo humano.

Esta colonización fue llevada a cabo con sistematicidad ejemplar, sin pausa ni retrocesos desde aquel entonces hasta su actual recrudecimiento. No es casualidad, por ende, que se le atribuyan ilusorias estaturas científicas a la visión única de la economía, a la gestión educativa subordinada a metodologías o necesidades empresariales y se convalide a través del silencio dirigencial la declinación de derechos y garantías ciudadanas en favor de las necesidades del mercado, definidas desde el aula al claustro como prioritarias.

Personalizar las calamidades de la economía es otra de las formas de convalidar el acuerdo tácito de silencio anclado en la idea del prestigio. Toda acusación de impericia a los funcionarios refuerza el modelo económico impuesto como único posible: se trataría nada más que de la ignorancia de figuras reemplazables, de los desaciertos de técnicos de pocas luces, sobrevaluados por su entusiasta vocación de servicio e indiscutible condición de enemigos jurados del populismo cavernícola.

Formas simples, en definitiva, de preparar el recambio sin acercarse siquiera a los límites modélicos ni a la crítica de las prácticas que sustentan su avance permanente, llámense lawfare, corrupción estructural o mercantilización extrema y prebendaria de las áreas primordiales relacionadas con el bienestar general, que se pretende sepultar en el olvido como pesadilla de un espejismo insustentable, flor de un lejano día festivo.

La construcción del silencio continúa su marcha. Hasta las leyes que con su aprobación despiertan la esperanza de atesorar un progresismo aún con vida esconden ofrendas al mercado de rapiña, presentes griegos para una sociedad que no podrá gozarlas plenamente ─o descubrirá a destiempo sus perfiles dolorosos─ más allá de su nominalidad tranquilizadora.

El recambio para la continuidad también está en pleno desarrollo, tentando nuevas “grietas” como plataforma de lanzamiento. La alienación por la carencia, el desconcierto y la incorporación de la incertidumbre como elemento omnipresente en cualquier proyecto de vida son el velo más eficaz para ocultar la importancia decisiva de todo lo no dicho, para desestimar el peso político de lo innombrable como sostén de un orden excluyente proyectado a larguísimo plazo.

@ale_enric

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