Brasil, medios y fake news

Por Lic. Alejandro Marcó del Pont ·

Brasil se debate en estas elecciones en una guerra virtual, una disputa entre medios tendenciosos, redes sociales y fake news. Esta ensalada está aderezada con una desvergonzada injerencia americana y su denodado esfuerzo por afianzar sus activos e intentar desarticular la peor de sus pesadillas, el retorno de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

Las encuestadoras brindan datos dignos de una alquimia estadística que le daría vergüenza difundir al propio Pascal en su intento por resolver la forma de ganar en los juegos de azar. Cada punto representa un millón de votos, y sin ruborizarse los resultados pueden tener un desvío de 12 millones de votos si se trata del candidato del Partido de los Trabajadores.

Sin embargo, ningún medio escatima esfuerzos por aumentar la exposición y falsificar las intenciones de voto, de quien para muchos es la imagen, el arquetipo sudamericano del avance de la peor derecha mundial. Pero esta región posee copiosos relatos históricos de fascismo criollo que turbarían la moral mundial ante cualquier dicho del propio Bolsonaro, como hacer referencia a que “el error de la dictadura fue torturar, no matar”

Avergonzados ante el mundo, los medios intentan explicar que el personaje quizás no sea más que un fenómeno electoral, cuando en realidad es el resultado minucioso de la degradación política, económica y social de Brasil, tan bien elaborada, ejecutada y consumada con la intervención y la orientación mediática desde el 2014.

Todos los días, durante esta última semana, OGlobo exhibe en su portada alguna referencia que beneficie al militar, lo que prueba que la intervención a Río de Janeiro, solicitada por el multimedio y avalada por los golpistas actuales, fue un productivo experimento, aunque con saldo negativo.

Por lo tanto, la sensación es que muchos tienen intereses reales que verían con agrado un triunfo que los remita a los nostálgicos días del golpe de 1964. Por eso la percepción es que tanto los medios como las mentiras en redes sociales se han vuelto el eje central de la campaña fascista, menospreciando los magros ocho segundos televisivos que corresponden al autoritario candidato.

Es tan obvio el armado que hasta el hilarante diario El País le dedica un artículo, bastante extenso por cierto, a responsabilizar a la máquina de crear fake news que trabaja a destajo para el candidato de la derecha brasileña (https://goo.gl/3H5JVJ).

El hijo del candidato ha usado su cuenta de Twittter para publicar una información falsa que asegura que los códigos de las urnas electrónicas brasileñas han sido enviados a Venezuela (https://goo.gl/GTHssv) Si su padre pierde será por fraude internacional del PT, muy parecido al asesinato del fiscal Nisman, realizado por “un comando venezolano-iraní (con adiestramiento cubano)”, como aseguró, sin ruborizarse, Eduardo van der Kooy, columnista del diario Clarín el 22 de febrero de 2015 (https://goo.gl/JMMUzm).

Tan descarados son los intentos de los medios y las redes sociales para detener al PT que se lanzó un proyecto de monitoreo para combatir las noticias falsas llamado Eleição sem Fake, una iniciativa vinculada a la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), y que detectó que la mayoría de las fake news provienen de los seguidores del ex militar o simplemente como una política de confusión bélica para su estado mayor.

El ex presidente Lula fue avisado por el establishment, en la disputa electoral que llevaría al segundo mandato a Dilma Rousseff en las elecciones del 2014, que el sistema extraccionista había llegado a su fin, lo mismo que el ciclo de elevados precios de los commodities y el gobierno del PT. Esta consigna no fue escuchada por el líder del Partido de los Trabajadores, y el programa Made in China 2025, que formaliza la disputa con EE.UU., cerró definitivamente la puerta.

Las consecuencias del golpe y la guerra comercial desatada entre los EE.UU. y China trajo a Brasil no sólo el surgimiento de un ex militar compitiendo por la presidencia sino una destrucción metodológica y puntillosa de las empresas expansivas de Brasil y la pérdida de la garante del futuro de Brasil, Petrobras y su gran hallazgo, Pre-sal.

La más inmediata de las consecuencias fue la vuelta a la pobreza de 23 millones de personas, la misma población que habita Australia, y la mayor desigualdad reinante desde los años ochenta.

Brasil entró en un ciclo de caída de la desigualdad a partir de 2001. En ese período hubo mejor distribución del ingreso a través de la generación de empleo, programas de transferencia de renta y aumento del acceso a la educación.

El año 2014 comenzó a dar señales claras de pérdidas de igualdad, pero fue a partir de mediados del 2016, con el gobierno golpista, que el aumento de la desigualdad de los ingresos, la pérdida laboral y la degradación del mismo comenzaron a tomar fuerza.

Aquí está el núcleo de la verdadera disputa, así como la transparencia de los seguidores de las fake news como colaboradores en la concentración del ingreso, junto con los grandes medios. Lo que ahora está en juego es la disputa entre distribución y concentración del ingreso, y entre desarrollo autónomo o un crecimiento subordinado.

https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2018/10/04/brasil-medios-y-fake-news/


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