Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

El final de 2018 llega con el cuarto año de cambiemismo en marcha. Lo precedió un bochorno de anunciadas lluvias que no fueron, tormentas inesperadas y brotes que murieron de raquitismo sin salir del semillero de los milagros. Las profecías de bonanza se extinguieron a la sombra de toda suerte de metáforas ligadas a desastres climatológicos.
La naturaleza macrista convirtió el paisaje nacional en una jungla ominosa que, sin embargo, porfía en presentar como antesala de lo que pronto será un país racional, próspero y moderno con una economía sustentable integrada al mundo. Mientras tanto, crudeza de supervivencia selvática.

La felicidad por venir del cambio no acepta plazos ni anticipa fechas. Exige fidelidad, optimismo, fe y credulidad. Para sobrellevar la espera asegura una oferta permanente de puestas en escena que van de la opereta al sainete con obligatorios entremeses de alegorías PRO.
Mauricio Macri, como un Fitzcarraldo de pesadilla tercermundista, se empeña en mantener un teatro en medio de la selva. Por inercia de empresario nacido de la herencia fácil asigna sin cesar tareas a funcionarios, medios y periodistas que derrochan pauta oficial mientras los nativos luchan por el mendrugo entre ávidas alimañas. Las tareas asignadas son, desde luego, actorales.

Desencajados como Kinski bajo la dirección de Herzog, los politiqueros oficiales vociferan desde la hora cero del cambio sus “-ismos” endemoniados. No son, sin embargo, actores vanguardistas: esos “-ismos” configuran la letanía que alterna populismo, kirchnerismo y camporismo como parlamento de personaje alienado por exceso de consumo pastoral de medianoche.

Nuestro devaluado Fitzcarraldo no aspira a presentar en su tablado al gran Caruso ni nada por el estilo. Su Amazonia de ensueño tiene al dramaturgo de cabecera ecuatoriano trabajando en los textos de los próximos estrenos, al elenco de seguridad enfrascado en la tragedia secesionista mapuche o el drama de las capuchas anarquistas y al periodismo saltimbanqui en los entremeses del país que sufrió con yegua brava.

El gran teatro del cambio creó también un bestiario estable de villanos sindicales, populistas impenitentes y planeros desfachatados que alterna con peligrosos recién venidos del tipo alumno de profesorado o escuela nocturna que con solo nombrarlos desatan el pánico en el patio de butacas que ocupan vecinos tan sedientos de sana indignación como de reparadora catarsis.
El algo más calderoniano entremés A Mauricio el corazón que declaman con gran sentimiento los integrantes más antiguos de la compañía PRO, inspirada en el liderazgo de honestidad sin límites de su adalid, suele llevar paz a las almas heridas por incivilizados activistas y fantasmas de retorno al cristinismo que exacerban el riesgo país e invalidan la calidad planetaria de los títulos soberanos.

Con estos antecedentes se augura un 2019 tan pletórico de estrenos como de miserias materiales, políticas y de espíritu.

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