Educación porteña on demand

Nocturnas

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

La educación estatal, pública y gratuita tambalea en la Ciudad de Buenos Aires desde hace varios años. Las sucesivas gestiones del PRO fueron realizando una  paciente labor de erosión para asestar los golpes brutales que este año le propinaron a un sistema ya desgastado no solamente por carencias prolongadas sino también por una burocratización extrema ─equívoca e infinita─  generada desde las más altas esferas oficiales, mucho más intensa que la que por tradición envuelve a la compleja estructura educativa.

Años de ninguneo  a sus tareas desgastaron a un colectivo docente que se desdobló plegándose a la ficticia grieta electoralista y, además, se atomizó al resquebrajarse  por la acción de muchas otras creadas en su propio seno con el incentivo del sádico aparato ministerial porteño. También en la última década se confrontaron como nunca los intereses profesionales y visiones del sistema entre directivos ─instados a auto-percibirse como ejecutivos estrella de la empresa escolar─, maestros y profesores.

Tras el advenimiento de Cambiemos como alianza gobernante nacional y de importantes distritos, sin más disimulos la Ciudad pasó a ser punta de lanza de un ataque virulento sobre el llamado Estado Docente. Un trabajo que Larreta y Acuña, codo a codo con el de la administración de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires,  aspiran a convertir en modelo de devastación a proyectar en todo el país en tiempo récord.

La Capital Federal, distrito opulento en comparación con cualquier otro, aceleró en 2018 el desguace de la oferta educativa que venía ejecutándose a paso firme desde que Esteban Bullrich tomara las riendas del Ministerio de Educación porteño sin poder mostrar ─algo que se repitió más tarde en la cartera nacional─ un solo antecedente que hiciese presumir, al menos, su idoneidad práctica o académica.

El accionar de altos funcionarios y legisladores del GCBA en cuestiones de indiscutida trascendencia como UniCABA y los colegios nocturnos pone de manifiesto que la decisión de imponer a cualquier precio el proyecto educativo neoliberal está en el centro de los intereses de Cambiemos. Sea a través de resoluciones arbitrarias o de la sanción de leyes resistidas por la comunidad educativa e, incluso, por la mayor parte de los expertos, las imposiciones no reparan en daños, costos políticos o sociales.

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Tal es la urgencia en arrasar el sistema estatal que la medida que pulveriza catorce colegios nocturnos y perjudica a, por lo menos, otros siete, llega inmediatamente después de condenar a la desaparición a 29 profesorados de altísima reputación pedagógica. Los desastres educativos en cadena presuponen costos impredecibles que parecen no inquietar al gobierno de Larreta, confiado en un blindaje mediático que a pesar de los esfuerzos no logra minimizar del todo la percepción pública del carácter destructivo de semejantes decisiones.

El ministerio porteño, amparado en la falacia de “reordenar la oferta educativa” distrital y en un indignante galimatías de salvedades e incoherencias, no logró en esta ocasión sepultar las inquietudes que despierta el cierre de colegios disfrazado de modernización, por eso terminó haciendo gala de un cinismo ya sin límite alguno. Tanto el periodismo venal como el acomodaticio opusieron esta vez cierta resistencia a mimetizarse con el discurso PRO y otorgar su incondicional apoyo dialéctico.

El artículo de prensa que, esta vez a contramano de otras voces adictas al cambiemismo pero más rápidas de reflejos para el despegue selectivo, sí intenta difundir las falacias creadas por el aparato difamatorio montado por Acuña es el de Ricardo Braginski, publicado en Clarín el 17/12/18, que reproduce los mismos argumentos inexactos, engañosos y efectistas que la ministra había ordenado a sus subalternos repetir a coro.

Ningún periodista  especializado podría afirmar sin rubor, por ejemplo, que “unos 2.500 estudiantes en Capital aún van al colegio a estudiar materias como ‘tecnología mercantil’ o ‘contabilidad mecanizada’” cuando se sabe a ciencia cierta que desde hace muchísimos años esas asignaturas solamente conservan el nombre: se dicta computación a pesar del largo desinterés del GCBA macrista en ocuparse de “los comerciales nocturnos, ─Braginski dixit─ que tienen un plan de estudios de 1974.”.

Los alumnos dejaron de estudiar mecanografía con una Lexicon 80 hace muchísimos años. Las marcas Olivetti y Remington  no les suenan para nada. Tampoco aprenden los secretos para lograr mejores planillas con  las máquinas de contabilidad NCR que con paquidérmica estampa mecánica dejaban boquiabiertos a sus abuelos. Fue tan canallesco el guion que la titular de Educación encomendó difundir a sus pautados comunicadores que hasta los más fieles decidieron tomar distancia.

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Así, en disonancia con el citado corifeo, hubo poco agradables sorpresas para Soledad Acuña y algunos colaboradores ministeriales comedidos: muchos de los periodistas incondicionalmente oficialistas se encocoritaron más de lo previsible. Hasta los timoratos del colectivo  jocosamente denominado Corea del Centro se tomaron algunas libertades verbales.  Aunque les resultó difícil no ser tratados con el acostumbrado guante de seda, los maltrechos funcionarios se atuvieron al libreto correspondiente a la ocasión. El avance del proyecto educativo neoliberal es prioritario más allá de cualquier mal trago frente a los micrófonos.

El PRO apuesta, como siempre, al rápido olvido. Una decisión funesta tomada pocos días antes del receso escolar no tendría por qué perdurar en la memoria ciudadana ni en la agenda de los medios, sobre todo cuando el contexto de ajuste brinda noticias funestas por doquier. El desgaste para azuzar el recuerdo de la iniquidad quedará del lado de los docentes que aprecian la escuela pública, demonizados como activistas, y de sus sindicatos, que enfrentan la difamación oficial constante junto a los efectos de la doctrina Macri-Bullrich.

Esta acostumbrada apuesta a diluir en un mar de urgencias, recortes, operetas y bombas de estruendo las decisiones que afectan en apariencia inicial a grupos determinados de personas pero que, más temprano que tarde, hieren el bien común tiene amplias chances favorables en el atomizado campo educativo, característica que se agudiza en la Capital Federal, asiento, para más inri, de muchos de los expertos que coquetean con el progresismo pero le hacen el caldo gordo a las fundaciones que trabajan desde hace muchos años en favor del proyecto educativo neoliberal.

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La reducción de la oferta estatal en la Ciudad de Buenos Aires se acerca al soñado escenario que propicia la nueva derecha: educación por demanda y no por oferta. Para incrementar las oportunidades de negocios en un ámbito todavía repleto de zonas potencialmente vírgenes es imprescindible apurar la retirada del Estado. El ejemplo de CABA es de altísimo valor multiplicador: ya se replica con leves maquillajes en distintas jurisdicciones que aprovechan el modelo educativo on demand de inspiración porteña para asegurar un 2019 con más excusas para reducir a la mínima expresión cualquier sistema que tenga en su base la solidaridad como valor central.

Alenric   @ale_enric


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