El factor Bullrich

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Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

El gobierno se abroquela para demostrar lealtad a sus auténticos representados, las cabezas de ese conjunto que con ínfulas de cientificismo los analistas convienen en llamar “núcleo duro”. La plana mayor del oficialismo hace oír en cada declaración pública la voz de su ideología en estado puro. La táctica del disimulo cayó en desgracia porque la estrategia coyuntural reclama una caridad bien entendida, la que empieza por casa: el intercambio actual es de privilegiado a privilegiado.

La flor y nata de Cambiemos, envuelta en el escándalo de espionaje ilegal que va desentrañándose en Dolores o enlodada por la debacle económica que le resta puntos a la imagen presidencial,  cuenta así con la válvula de escape, con el deshago de halagar a unos pocos y ofender a los muchos que fueron reducidos a la impotencia. Ahora la mentira no está en boca de los funcionarios para convencer por el engaño: aparece en el discurso como elemento de provocación, de ninguneo a las audiencias sin posibilidad de réplica y desprecio a cualquier juicio negativo.

El avance discursivo que Pablo Semán identifica como una de las señales de la bolsonarización del macrismo muestra que “el odio a los pobres ha pasado de los usos eufemísticos y metafóricos a lo manifiesto y explícito, dando lugar a un cuadro en el que casi se puede afirmar que el gobierno enfrenta a la mayoría de la sociedad”. Así el autoritarismo de fuerzas de seguridad y figuras políticas por igual desbocadas avanza desde el horizonte discursivo previo a los comicios de octubre.

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El presidente, como suele suceder con cada cambio de marcha comunicacional, marcó el rumbo deseado. En esta oportunidad la apuesta fue lo suficientemente alta como para despabilar a los menos audaces. La apología del agrotóxico* en desmedro de escuela y niñez debería considerarse clara señal de habilitación para un nuevo cruce de límites verbales. El “es por ahí” de impronta durambarbiana adecuado al contexto de una población marcada a fuego por tres años de miseria y zozobra envilecedoras, fanatismo y odios exacerbados por el miedo.

El nuevo marco, en la etapa final del mandato PRO junto a sus aliados, excede incluso la realidad nacional. Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Colombia y Ecuador se sumaron a la cruzada retrógrada que el desembarco Cambiemista impulsó desde Argentina a partir de 2015, simbólicamente sellada en su avance con la flamante creación de Prosur.

También el cuco de Venezuela engordó  gracias a nuevas operaciones. El FMI volvió con fuerza a su papel rector de las conducciones económicas regionales sin haber invertido a favor de su herida credibilidad nada más que dos o tres palabras bien sonantes. Las viejas prácticas reñidas con la democracia del conservadurismo pseudo-liberal se naturalizaron otra vez, ahora como armas de guerra santa contra el populismo, satán de turno elegido para exorcistas del siglo XXI que archivaron demonios del tipo marxismo apátrida, subversión o izquierdismo ateo.

Asegurar la fidelidad de los beneficiarios del modelo no es poca cosa para “el partido del ballotage”. El factor Bullrich de orden inclemente, sin temor al error o la desmesura, también se sondea para saber mejor cuántas adhesiones extraordinarias podría reportar. La seducción de los que se adivinan no tan pequeños microfascismos también cuenta en la antesala de una elección que podría atomizarse hasta generar el río revuelto pre-comicial ansiado por el oficialismo.

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Si no fuera porque la figura de mayor relevancia política del país, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, también principal opositora real, sobrelleva un creciente acoso que muestra a las claras que la denominación lawfare, tan en boga, es un simple eufemismo,  llamaría mucho la atención que el riesgo cierto de fraude electoral que señalan expertos de diversa extracción no se hubiese constituido en tema urgente  de la oposición, con despliegue de acciones profilácticas concretas en momentos en los que la mancha del espionaje ilegal y las malas artes procesales se extiende sobre un gobierno pronto a ser evaluado por los votos.

El espacio que debería ocupar el arco opositor, sin embargo, ha quedado tan diezmado que parece cada día menos sensible a los estímulos de peligro cívico. La frontalidad ideológica que asume Cambiemos como actual estrategia ─con el mismo Macri como fusible y centro de atracción de las críticas─ vuelve a fojas cero la poco avanzada construcción de alternativas esperanzadoras capaces de refutar el realismo de verdades únicas que esgrime  la nueva derecha tanto aquí como en otras latitudes cada vez que se apresta a barajar y dar un nuevo zarpazo.

Alenric – @ale_enric


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