Lecciones a la plebe

SÁTIRA | Por Onó, el Insuperable ·

La vocación docente de Mauricio se impone al virtuosismo de Estadista Ejemplar: para educar al vulgo se reinventa como jefe de la oposición y prepara una salida triunfal junto a su equipo de notables.

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Cuatro años de brillo diamantino para la República no son poca cosa. La plebe se acostubró al austero bienestar sin rendirle la merecida pleitesía al hacedor del milagro, sin temerle lo suficiente al populismo que es plan para hoy y hambre para mañana. Se imponía la lección del Maestro.

La visión de las ovejas descarriadas atormentaba a Mauricio. Probó dándoles el maná del FMI, la holganza en la vejez con la reforma previsional,  la cultura del ladrillo con los créditos UVA, el placer del orden con la metodología celestial de Pato, las mieles de la incertidumbre con Esteban…

EstebanDron

En fin, el oro y el moro. Pero nada fue lo suficientemente apreciado. Sin dejarse vencer por el desasosiego tuvo una epifanía: forzar la vuelta del populismo para que el plebeyo aprendiera de una vez por todas lo que es sufrir con la abundancia ilusoria. Convocó al iluminado Jaime y al iniciado Marquitos para construir su salida triunfal con la vuelta de los que no vuelven más. Una genialidad.

Al Senador que abrazó la fe verdadera le dio la oportunidad de hacer su acto de contrición y convertirse en San Miguel de los Inmaculados Mercados. A los aventajados alumnos que entre la vecindad de a pie aprobaron las asignaturas del cambio les dio la oportunidad de mostrarse orgullosos en La Marcha del Millón.  Todos, con el Estadista a la cabeza, estarán así preparados para el sacrificio pedagógico de una clase práctica de populismo destinada a los díscolos desagradecidos.

MauPich

Nuestro Mauricio descenderá al llano para fustigar al venal Alberto, a la demoníaca Porota, al marxista Kici y al infernal camporismo que vendrán. Esta lección a la plebe será su legado, su postrer sacrificio para lograr que los obcecados también merezcan el edén democrático.

El vecino de orden nada debe temer: el vulgo finalmente aprenderá. Confiemos en nuestro guía, en el hombre sensible e ilustrado que nuestros nietos verán en el bronce. ¡Hagamos este último sacrificio! El Estadista sabe lo que hace. Y siempre lo hace con desinterés ejemplar, por nuestro bien. ¿O no?


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