Relaciones peligrosas

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

Se presume que la actuación del Coronavirus no estaba prevista en los escenarios considerados por oficialistas y opositores para planificar sus estrategias. Podría decirse que esa es la presunción más sana.

Pero no es fácil convencerse de que las puertas que el gobierno de Alberto Fernández abre de par en a los integrantes del PRO y la nueva derecha ni los privilegios que otorga a evasores, especuladores e inescrupulosos que disfrutaron de las prebendas macristas fueran una necesidad surgida de los imperativos del contexto de excepción que se vive dentro y fuera de la política a causa de la pandemia.

Por otro lado, la idoneidad y rapidez que el Ejecutivo mostró para proteger a la población del virus letal, dar tiempo de adecuación al alicaído sistema de salud posmacrista e imponer criterios de racionalidad ante la amenaza cierta de una crisis sanitaria contrasta con la morosidad –o el soslayo- para ocuparse de cuestiones no virales pero sí básicas para el bienestar del grueso de la ciudadanía: tarifas de servicios esenciales y jubilaciones, por citar dos de las que más hieren. En este aspecto todo parece llegar mal y tarde. O no llegar.

El congelamiento de tarifas de telefonía móvil, TV por cable e Internet, por ejemplo, llegaría después de los aumentos leoninos que las empresas aplicaron alegremente cuando ya se estaba en aislamiento. El anuncio del aumento de las jubilaciones tan castigadas por el sadismo cambiemista no resultaría nada reparador en tiempos de emergencia.

Los hombres y mujeres que más sufren las consecuencias de esta situación excepcional generada por el Covid-19 pertenecen a esa mayoría castigada por el trabajo precario, informal. Una Argentina repleta de tercerizados, changuistas, freelancers, monotributistas y toda suerte de subocupados o explotados no puede darse el lujo de invertir tiempo y recursos en contentar a minorías de avariciosos pícaros. O al menos eso indicaría la racionalidad.

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La administración de Alberto Fernández da la sensación de coquetear con todo lo dañino que ha traído a la política la hegemonía cambiemista que se materializó a partir de 2015. Desde las fundaciones contaminantes, sustento de la Red de redes de Cambiemos, hasta las espadas más afiladas en favor de la inequidad social son reverenciadas e incluidas preferencialmente. O se les hace el campo orégano.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, escuela y laboratorio de la corrupción estructural macrista, no parece contar solamente con el blindaje mediático del que se permite gozar gracias a su descontrolada pauta. También parece apañado en sus tropelías por el silencio e inacción de las autoridades nacionales.

Si todo esto fuera, como algunos piensan, una puesta en escena  para darle un marco de armonía oficialismo-oposición a la renegociación de la deuda externa -hipótesis cercana a lo inverosímil en muchos aspectos- no sería exagerar tildarlo de exceso difícil de revertir a futuro. Una jugada tan peligrosa como las relaciones que implica.

Que “Frente de Todos” abandone su carácter de apelativo metafórico para convertirse en expresión literal significaría un enorme paso hacia la desesperanza. Porque un macrismo edulcorado tal cual hoy se vislumbra posiblemente sería mucho más amargo que el puro y duro que tantas heridas abiertas dejó.

@ale_enric

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