Ciudad escuela

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

Suele asociarse el paso de Mauricio Macri por Boca Juniors como antecedente fundamental de su posterior éxito en la política partidaria, en la que se instaló agitando las banderas del confortable vecinalismo sin ideologías.  También debería relacionarse su prolongada estadía en la Ciudad de Buenos Aires con la construcción de un modelo de expoliación pública que, tal vez ─y a la luz de las múltiples coincidencias individuales y metodológicas─ haya comenzado a gestarse en el club xeneize con diversos ensayos tranquilizadoramente impunes.

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Patrón Bermúdez: años atrás, azote de Macri

Esta continuidad explicaría en parte que el modelo en desarrollo finalmente hubiese atraído a los esquivos pares de Mauricio hacia el interior del PRO: se abría con buenos antecedentes la posibilidad de comenzar a entrenar de manera concreta habilidades para estar de los dos lados del mostrador, menos arduas que los aprendizajes necesarios para hacer rendir beneficios en un mar de riesgos a herencias que de otra manera solo se multiplicarían con talento, esfuerzo y dedicación plena.

La impronta vecinalista, de fachada apolítica, también allanaba el camino para la reinserción de exfuncionarios fallidos, material de rezago de 2001, pero con competencias para diseñar una burocracia municipal adecuada técnicamente a las incompatibilidades personales del nuevo paradigma. La base de formación de lo que el investigador Delgado Jordan denomina neo-aristocracia socio familiar  partiría, si se confrontase con el esquema actual de la Red de Redes de Cambiemos, de esta amalgama fundacional conformada por empresarios, burócratas o profesionales bien relacionados con algún sector del poder real y políticos fallidos.

El tránsito municipalista PRO que sedujo a los porteños poco tuvo que ver con republicanismo o espíritu democrático, pero el modelo terminó ganando adeptos entre los políticos de mayor exposición nacional, que de la crítica feroz pasaron a considerar posibles alianzas: el GCBA , además de su plan de negocios local de fusión político-empresarial amalgamada, había logrado un temprano blindaje mediático y el disciplinamiento de una oposición doblegada en la legislatura que, además, digería con celeridad  los vetos reiterados del Jefe de Gobierno, raramente presentaba denuncias en tribunales y se esforzaba poco y nada en difundir los entuertos del macrismo.

Ya en el plano nacional, la experiencia democrática vivida a partir de 2015, en efecto, se caracterizó por un descenso sostenido de calidad, negado por un discurso oficial que en toda ocasión disponible redujo la esencia de la democracia a la idea de anti-populismo. El entrecruzamiento de metodologías reñidas con el sentido republicano atravesó los poderes del Estado en busca de objetivos espurios, contrarios a los intereses más elementales de los estratos bajos y medios de la sociedad argentina, cuyo deterioro parece planteado en términos de agonía multifacética: pauperización, estrés, incertidumbre, ridiculizaciones y castigos en diversas dosis de acuerdo con el ritmo requerido por el desenvolvimiento del plan de negocios.

El afán por naturalizar métodos autocráticos fue presentado bajo la etiqueta de cambio cultural, siempre en ligazón estrecha con constelaciones de  palabras biensonantes como modernización, eficiencia, orden, competitividad, mérito, profesionalismo o cualquiera de las que en los últimos años se han escuchado hasta el hartazgo. La hegemonía del interés minoritario como símbolo de progreso se impuso más con el sostén  de entramados discursivos basados en sonoridades cómodas al oído ─pero cada vez más difíciles de asociar a conceptos─ que con los artificios argumentales ensayados a diario por funcionarios entrenados para obturar debates.

La Ciudad, escuela piloto, logró su expansión hasta los máximos niveles. Eso no hubiese  sido posible sin el acercamiento al modelo de un grupo de políticos bien ubicados como figuras públicas que se aviniesen al influjo de la pertenencia. La aceptación más el apoyo, incluso, a la creciente preponderancia fundacionistaen ocasiones al límite de la obsecuencia satírica que apuntaló al PRO e hizo posible Cambiemos fortalece un paradigma que da la impresión de haber arraigado lo suficiente como para tentar a sus beneficiarios a  extenderlo  hasta las últimas consecuencias, más allá de cualquier miramiento institucional.

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La desfachatez del procedimiento para justificar gastos de campaña con falsos aportantes y sumar afiliados apócrifos al PRO que puso al descubierto la investigación del periodista Juan Amorín es un hilo de Ariadna que ya superó las puertas electorales de 2017, alcanzó las de 2015 y amenaza con llegar al Minotauro que habita desde hace tiempo en el bastión macrista por excelencia: la Ciudad de Buenos Aires. Llegar hasta allí, sin embargo, es tarea ímproba. Significa hacer un esfuerzo retrospectivo, alcanzar la punta inicial del ovillo, clave de ingreso para desmontar la impostura del cambio.


 

@ale_enric

 

 

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