La nieta de Walsh planta memoria: “Mi abuelo luchó y murió por un país mejor”

Piano, memoria, maternidad, militancia e ingenierÍa se entrelazan en la vida de Fiorella Metetieri, nieta del escritor y militante montonero Rodolfo Walsh. Ella plantó un árbol de la memoria en la esquina de San Juan y Entre Ríos, donde su abuelo fue emboscado y baleado. Su camino íntimo para descubrir la vida y obra del abuelo Rodolfo. «Como argentinos nos toca a todos mantener la memoria viva de los compañeros desaparecidos y también de otras personas que sufrieron algún tipo de violencia. Son muchísimas más que 30.000 y hasta el día de hoy sufren las consecuencias de ese período nefasto de nuestra historia».

Por Tali Goldman para Nuestras Voces Fotos: Ale Malcorra (SIPREBA)

El 25 de marzo de 1977 Rodolfo Walsh tenía 50 años. Era un periodista y escritor medianamente conocido. Veinte años antes, en 1957, había escrito una serie de notas que se convertirían en un libro titulado Operación Masacre, en el que expuso una serie de asesinatos cometidos por el Estado durante la dictadura de 1955. Ese libro cambió para siempre la vida privada y pública de Walsh, Y también cambió, para siempre, el periodismo en Argentina y Latinoamérica. Ese día, el 25 de marzo de 1977 se cumplía un año y un día desde que había comenzado la dictadura cívico militar de 1976. El transcurso de ese año fue trágico. Para Walsh significó perder a muchos amigos, y a su hija Victoria. Algunos cayeron en enfrentamientos con los militares, como su hija; otros desaparecieron. Walsh, que ya era militante de Montoneros. El 24 de marzo de 1977 terminó un texto en el que había trabajado durante tres meses al que tituló: “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. Aunque estaba clandestino, esa carta llevó su firma. Ese día, antes de ir a una cita –como se llamaba a las reuniones que se pactaban clandestinamente entre miembros de agrupaciones–, despachó la carta por correo para que llegara a diarios y revistas. 

La historia que sigue es confusa: Walsh llegó a un punto de la Avenida San Juan en el cruce con Entre Ríos en horas de la tarde, sin saber que esa “cita” era en realidad una emboscada para interceptarlo, como sucedió. El grupo destinado a esa proeza —Walsh no era un personaje cualquiera— estaba integrado por unos 20 miembros del Grupo de Tareas 3.3.2. La intención de este grupo era atraparlo con vida para someterlo a torturas para para obtener información. El periodista era el jefe de inteligencia de la organización Montoneros. Pero los planes del Grupo de Tareas se modificaron in situ. Nadie sabía que Walsh llevaba consigo una pistola calibre 22. Se desató una balacera. No hay un dato certero que indique que Walsh murió en ese momento. Lo que sí se pudo reconstruir a través del testimonio de un sobreviviente, Martín Gras, es que Walsh pasó por la ESMA. Gras, que estaba secuestrado en ese centro clandestino, aseguró haber visto a Walsh postrado en una camilla, con medio cuerpo cubierto por una frazada, aunque no pudo distinguir si aún estaba vivo.

El último fin de semana, el sindicato de prensa SIPREBA, en el marco de la actividad “Plantamos memoria”, realizaron una actividad en la intersección de las calles en donde el periodista fue desaparecido. Entre quienes participaron, hubo una joven muy especial: su nieta menor, Fiorella Metetieri, de 28 años, hija de Patricia Walsh. Es profesora de piano y ahora cambió un poco de rumbo y si bien sigue trabajando como profesora de música, empezó a estudiar Ingeniería Ambiental. Pero además, hace tres meses tiene otra tarea: la maternidad. En diálogo exclusivo con Nuestras Voces Fiorella reflexionó sobre su vínculo con su abuelo y qué significa llevar el legado de Rodolfo Walsh. 

—Naciste más de 15 años después de la desaparición de tu abuelo ¿Cuándo te enterás quién era tu abuelo? ¿Cuáles son las primeras aproximaciones con él?

—Sí, nací en 1993, tuve el privilegio que no tuvieron mis hermanos de nacer en democracia. Y bueno, la verdad es que como vos decís, pasaron bastantes años desde la desaparición de mi abuelo hasta que yo nací, y aún más hasta que yo pude tomar conciencia de lo que había pasado. Cuando yo nací, mi mamá estaba en el pleno apogeo de su campaña política. Y entonces es medio extraño, porque no sé si alguna vez me sentaron y me contaron quién era mi abuelo, qué era lo que había pasado en la dictadura, sino que siempre lo mamé de muy chiquita. Fue parte de mi cotidianeidad todo el tiempo. Quizás en la primaria o en los primeros años de la secundaria, me empecé a dar cuenta de que bueno, que no era quizás lo más frecuente, que no le pasaba a todas las familias que tuvieran un desaparecido. Por ejemplo, no le pasaba a mis compañeritos de la escuela. Como seguramente algunos ya saben, no sólo mi abuelo estaba desaparecido hasta el día de hoy, sino que mi tía también murió en un enfrentamiento durante la dictadura. Así que bueno, fueron dos personas arrancadas de nuestra familia y las consecuencias la verdad que siguen hasta el día de hoy para nosotres. Es como si el tiempo no pasara de alguna manera. 

—¿Cuándo entendiste quién fue tu abuelo?

—Creo que entendí quién era mi abuelo cuando empecé a hablar con otras personas fuera de mi familia y empecé a darme cuenta de las reacciones que tenían cuando se enteraban que yo era la nieta. Para mí era lo más normal del mundo. Nunca, nunca me había llamado la atención, obviamente. Pero bueno, empecé a entender la importancia que había tenido su militancia y el ejemplo que fue y que sigue siendo hasta el día de hoy. Y ahí creo que fue más ya en la adolescencia cuando realmente entendí un poco el valor de todo lo que lo que hizo y lo que sigue vigente hasta el día de hoy. 

—¿Leíste su obra?

—Con su obra me pasó algo bastante particular, no sé si esto será frecuente para los familiares de los escritores, pero la verdad es que cuando era chica no me interesaba para nada su obra y porque no sé, era como algo que era tan familiar que no me llamaba la atención. Incluso llegué a la escuela secundaria, a quinto año de la escuela secundaria, sin haber leído Operación Masacre. Y fue mi profesora de literatura de quinto año que me pidió permiso para proponer leer todes en grupo Operación Masacre. Y la verdad que me hizo un favor, porque eso me acercó a la obra de mi abuelo y a partir de ahí me empecé a interesar por leer su obra literaria, más que su obra de periodismo o de investigación. Sus cuentos son realmente de una riqueza invaluable para nuestra literatura. Lo que pasa es que muchas veces queda como en segundo plano. Eso porque bueno, por lo que pasó después. Pero realmente su obra literaria es muy hermosa, muy importante y muy digna de leer. Mi cuento favorito de él es un cuento que se llama “La máquina del bien y del mal”, que por diferentes razones, hoy me gusta mucho y creo que tiene que ver con mi nueva vocación descubierta por la ingeniería. Y este es un cuento que bueno, no voy a espoliar, pero habla de eso, de que de alguien que quiere construir una máquina del bien y del mal y qué significa eso. 

—Participaste de un homenaje que le hizo el sindicato Sipreba. ¿Sentís una responsabilidad de ser su nieta?

—Siento que tengo una responsabilidad de mantener viva su memoria, pero no por ser su nieta, sino por ser argentina y porque me parece que todos tenemos esa responsabilidad, no solamente de mantener la memoria viva de Rodolfo Walsh, sino de todos los compañeros desaparecidos. Y también a veces se deja un poco de lado a las personas que no están desaparecidas o no fueron desaparecidas durante la dictadura, pero que sufrieran algún tipo de violencia. Son muchísimas más que 30.000 y que hasta el día de hoy sufren las consecuencias de ese período nefasto de nuestra historia. Y entonces me parece que como argentinos tenemos esa responsabilidad. Pero no, no me toca a mí por ser familiar, nos toca a todos. Así que no siento que tenga yo una participación especial. Me parece que tiene que ser un compromiso colectivo de cada pueblo al no olvidar su historia. 

—¿Qué le vas a contar a tu bebita sobre quién fue su bisabuelo? 

—Me parece le contaría del compromiso de su bisabuelo y también de su abuela Patricia y de su tía abuela Victoria y de todas las compañeras que no podría nombrarles porque no terminarían nunca. Y ese compromiso es por un mundo mejor, por un mundo más justo, por un mundo más igualitario. Porque mi abuelo, su bisabuelo, luchó y murió por un país mejor. Entonces eso es creo lo que le voy a contar.  

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