Colombia | El ruido de las cosas al caer

En Colombia, las movilizaciones populares no ceden y la represión tampoco. El gobierno neoliberal del urisbismo, encabezado por Iván Duque, se muestra vulnerable. El Comité del Paro es una variopinta mesa social, con mucho músculo para cerrar calles y rutas, pero desprovista aún de un vértice político. ¿Qué expresa el rotundo levantamiento popular colombiano? Responden el ex presidente Ernesto Samper y el diputado nacional Verde Inti Asprilla, mientras escenas de la Colombia de hoy permiten escuchar el ruido de algo que no va más.

Por Emiliano Guido para Nuestras Voces

“En la noche, después del toque de queda, derribaban puertas a culatazos, sacaban a los sospechosos de sus camas y se los llevaban a un viaje sin regreso. Era todavía la búsqueda y el exterminio de los malhechores, asesinos, incendiarios y revoltosos del Decreto Número Cuatro, pero los militares lo negaban a los propios parientes de sus víctimas, que desbordaban la oficina de los comandantes en busca de noticas. ‘Seguro que fue un sueño’, insistían los oficiales. ‘En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz”

Gabriel García Márquez, “Cien años de soledad”.

La premiada ilustradora colombiana conocida como PowerPaola dio una conferencia virtual en un ciclo de literatura que organiza el Museo Malba. Y contó un hecho que es una foto de Colombia hoy. Cuando fue convocada por el Salón Nacional de Artistas de Bogotá para dirigir un mural colectivo, le propusieron plasmar un diálogo estético con el artista plástico local Lucas Opina sobre las paredes exteriores de la sede cultural Colombo-Americana.

Antes de iniciar el trabajo, la autora de la pieza “Virus tropical” había soñado que a la bandera colombiana le habían sacado el color azul, relacionó aquella imagen con los recursos naturales saqueados en su país debido a la injerencia de los EE.UU. El azul arrancado de la bandera podía simbolizar los ríos contaminados por la minería extranjera. PowerPaola sugirió, entonces, a Lucas Ospina centrar el mural en la simbiosis política permanente que existe entre el gobierno local y su par estadounidense. Dibujaron al ex presidente Donald Trump manipulando los movimientos del actual Senador Álvaro Uribe, y al ex presidente colombiano moviendo al mandatario Iván Duque como si fuera su títere, trazaron mujeres con el pecho descubierto, ilustraron con ironía al célebre personaje literario del norte Tom Sawyer.

Realizan intervención en mural que había sido borrado en el Colombo Americano | ELESPECTADOR.COM

A las semanas, quienes la habían convocado, comunicaron a Power Paola que debía pintar de blanco el trabajo iniciado, al parecer la embajada estadounidense en Bogotá había puesto el grito en el cielo cuando constató el hondo mensaje presente en los trazos de la artista. PowerPaola y su socio decidieron contrarrestar el acto de censura, en el pie de las imágenes canceladas escribieron: “aquí había un dibujo de Trump manipulando a Uribe”, los vecinos del barrio hicieron lo propio para recordar cuáles otros dibujos fueron ordenados tapar, el mural censurado devino en obra colectiva. 

La censura y la represión a todo lo disonante es una constante del modelo colombiano. PowerPaola, claro, no es la única damnificada del discurso único neoliberal. Los murales del reconocido grupo artístico callejero Puro Veneno, que buscan honrar a los líderes sociales asesinados por los grupos paramilitares uribistas, también son blanqueados a diario en las calles de Bogotá.

Colombia, su modelo neoliberal, está blindado por el accionar de los militares y de los medios de comunicación dominantes. La periodista feminista colombiana radicada en Argentina María del Mar compartió días atrás en la red twitter el llamativo comportamiento de un periodista de la influyente cadena W Radio cuando interrumpió de forma brusca, al momento de entrevistar, al presidente del comité de derechos humanos del Capitolio, porque no toleró que el congresista estadounidense advirtiera que el gobierno de Joe Biden podría suspender la ayuda económica a su par colombiano de persistir la brutal represión de los últimos días. 

La autora de “Coger y comer sin culpa” contó además con suma ironía cómo siguió el programa radial tras el contrapunto con el legislador del Partido Demócrata: “Ahora repiten la consigna del programa: «#YaNoMás«, a la gente que llame le mandarán flores. Alternan entre eso y otras noticias light. Seguro se sugerirá que todo termine con un gran concierto. Irán Juanes y Carlos Vives vestidos de blanco. Cantarán, harán un minuto de silencio ¡Vamos arriba Colombia!”.

Rojo

Hasta el momento la represión ordenada por el presidente Iván Duque terminó con la vida de más de 30 ciudadanos colombianos, las cifras de la masacre varían de acuerdo al organismo humanitario que las lleve a cabo. Pero el rojo de la sangre derramada no llega a los canales de noticias. La semana pasada se filtró en las redes sociales un video donde el comandante de las fuerzas armadas de Colombia se ufana en un cuartel militar de Cali ante las tropas agrupadas que había ordenado traer a dos periodistas de las grandes cadenas informativas RCTV y Caracol para que las cronistas pudieran mostrar a escala nacional y en prime time televisivo el trabajo “pacificador” del Ejército en las calles donde se suceden las más fuertes protestas contra el gobierno nacional. 

Así comienza su editorial el recomendable portal colombiano La Silla Vacía el día 5 de mayo por la tarde: “Lo que empezó con la oposición a una reforma tributaria, es hoy una protesta nacional de todo tipo de motivos e intereses desorganizados que se han dado a las calles. Un hombre encapuchado que bloqueaba un camino en Cali, nos dice que me movilizo porque tengo la nevera vacía y no tengo como llenarla. Alrededor de 3,6 millones de personas cayeron en la pobreza el año pasado en medio de la peor recesión registrada en Colombia. Esto va a seguir hasta que Duque renuncie, agrega el hombre con la cara cubierta”.  

La periodista colombiana Victoria Solano, autora del revelador documental “970”, que registra la privatización de las semillas en su país, resaltó en una charla transmitida por Instagram Live bajo la etiqueta SOS COLOMBIA que en los últimos años: “180 activistas colombianos por la defensa de la tierra fueron asesinados en mi país. El bloqueo informativo es tal que nos enteramos de los asesinatos de nuestros compatriotas por las redes sociales, ya que esas imágenes no llegan a la televisión. En Colombia no hay garantía de vida para los manifestantes. En Cali apagaron las luces adrede y sacaron las tanquetas (tanques) del Ejército para disparar en las barriadas. Van a pasar muchos años para saber cuántas personas, en realidad, murieron en los primeros días de mayo”.

Solano, además, buscó explicar cuál es el background político de un presente colombiano que estalla en sangre y represión: “Hace un año hubo un gran paro contra una reforma tributaria del Presidente Duque que buscaba perdonarle gravámenes a los grandes ricos del país, en ese momento también se desató una gran represión gracias a una bulla (rumor) orquestada por los medios sobre la supuesta existencia de activistas venezolanos en las protestas. El gobierno acaba de comprar 24 aviones de combate cuando supuestamente se ha firmado un acuerdo de paz con las guerrillas, con la plata de esos aviones se pudo haber comprado 300 mil vacunas. En Colombia hubo en el último año 16 masacres cometidas por grupos paramilitares contra las poblaciones rurales, y no hay Fiscalía que lo investigue. El gobierno no puede dar un tratamiento de guerra a la protesta social, ese debería ser el primer punto a plasmar para salir de la actual crisis”.

Amarillo

El color del oro ocupa la mitad de la superficie de la bandera colombiana, esa primacía aviva la enseña patria caribeña y andina, el amarillo se eleva como un sol o un campo de maizal sobre los tonos azul y rojo. Ahora bien, ¿Qué color predomina en la sociedad colombiana? ¿Podrá la voz de la política hacerse sentir en un país donde los intereses de las elites están defendidos a punta de pistola? Por lo pronto, el año próximo habrá elecciones presidenciales. Esa perspectiva abre un horizonte, da aire en la discusión pública. Tras décadas de marginalidad en la representación institucional la izquierda vuelve a ocupar un lugar expectante. 

Gustavo Petro, ex alcalde de Bogotá y líder de Colombia Humana, tiene posibilidades de vencer en los comicios. Su formación habla de los nuevos tiempos nacionales, Colombia Humana levanta las banderas del ambientalismo y de las disidencias sexuales, ejes programáticos en general desatendidos por los partidos antineoliberales locales. Se trata de una novedad en un país donde la oposición al régimen conservador se estructuró durante más de medio siglo en torno a las FARC, que fueron formadas con el manual político clásico del Partido Comunista. Nuestras Voces habló con el ex presidente colombiano Ernesto Samper, ex Secretario General de la Unasur y referente de la mesa de articulación zonal Grupo de Puebla, y con el joven diputado nacional bogotano Inti Asprilla, representante de Alianza Verde, para sumar pistas con acento local sobre el presente de furia colombiano.

¿Qué expresan las últimas movilizaciones en Colombia, son reclamos puntuales, o se trata de un rechazo al modelo?

-(Ernesto Samper) Las últimas movilizaciones están expresando un fenómeno muy complejo. En primer lugar, se trata de una protesta legítima por el incumplimiento del gobierno nacional con los compromisos que asumió ante la población para frenar el paro social del año pasado. El gobierno había prometido plasmar muchos cambios, sobre todo en el área educativa, pero finalmente faltó a su promesa. En segundo lugar, las movilizaciones expresan el malestar de la gente producto de la mala política sanitaria del presidente Duque ante la pandemia. Sin embargo, el elemento detonante fue la intención del gobierno de gravar a la clase media con la reforma tributaria que no pudo llevar a cabo gracias a las protestas. Finalmente, hay descontento social porque no se han llevado adelante los Acuerdos de La Habana, que habían plasmado un horizonte de paz al conflicto de armado y a la política de sustitución forzada de cultivos.

– (Inti Asprilla) Lo que empezó como un rechazo puntual a una reforma tributaria, que gravaba muy fuerte a la clase media y encarecía la canasta familiar, terminó siendo un rechazo absoluto al modelo uribista. Colombia se ha declarado en estos momentos anti uribista. En definitiva, el paro cuenta con una multiplicidad de demandas, pero un común denominador, la búsqueda de la caída del modelo.

– ¿Hay una conducción política, ya sea partidaria o desde las organizaciones sociales, que ordene y direcciones las protestas?

– (Ernesto Samper) Más que protestas lo que hay es una gran movilización social en la cual han convergido reclamaciones de las centrales de trabajadores, los estudiantes que se han sentido burlados en sus reivindicaciones, mucha gente joven sin empleo y sin futuro, desesperanzada, también los taxistas, los camioneros, en fin, es una movilización social que no veíamos en Colombia desde 1977. 

-(Inti Asprilla) Las últimas grandes protestas ciudadanas en América Latina cuentan con una particularidad. Por ejemplo, en Colombia el movimiento sindical tiene la potestad de poder convocar a una protesta, pero cuando las mismas se llevan a cabo, la gente reunida desborda la convocatoria original. Eso es lo que pasó con la protesta contra la reforma tributaria, se plasmaron micro liderazgos contra el modelo en todo el territorio nacional. En concreto, el sector político, del cual formo parte, acompañamos las protestas, denunciamos las violaciones a los derechos humanos, pero nunca tuvimos la voluntad de apropiarnos en términos políticos de lo que sucede en el paro. Ahora, nuestra preocupación es que el paro no termine siendo un estallido social sin rumbo que termine legitimando al modelo fascista del uribismo.

– ¿Por qué razón el descontento de la sociedad movilizada alcanza a los partidos progresistas?

– Ernesto Samper) Porque, evidentemente, retirada la reforma tributaria, a los partidos progresistas nos toca la responsabilidad de fijar una salida política a la actual crisis. Esa es la intención del progresismo colombiano, lamentablemente el gobierno estableció mesas de diálogo que más bien son monólogos, donde solo se sienta a conversar son representantes de la elite local.

-(Inti Asprilla) Yo creo que pasa algo muy parecido a lo que ocurrió poco tiempo atrás en Chile. Algunos opositores hemos acompañado las movilizaciones, que se dan incluso en pandemia, y está bien que así sea porque el uribismo en todo caso es un virus mucho más letal. Otro sector de la oposición, sin embargo, se ha comportado de una forma más tímida, por así decirlo. Por esa razón, la composición multiforme del Comité del Paro nos ve al campo opositor con ojos distintos, según de que partido político se trate.

– ¿Quién manda, Duque o Uribe? En todo caso, ¿Cómo ha sentido el golpe la elite local, el tenor de las protestas los ha sorprendido?

-(Ernesto Samper) A la derecha siempre la sorprende que haya gente en la calle reclamando por sus derechos. En la gestión de la crisis es evidente que hay una fuerte intervención del presidente Uribe, por eso es tan notorio el despliegue de fuerzas militares para tratar de contener la movilización. Lo óptimo sería que Duque entienda que es su momento para despegarse del uribismo y mostrar que tiene voluntad para dar una salida democrática a la crisis.

-(Inti Asprilla) Ni Duque ni Uribe alcanzaron a mesurar la magnitud del estadillo social. Ambos han coincidido en la represión como respuesta. En solo una semana Colombia tuvo tantos manifestantes asesinados como padeció Chile durante todo el ciclo de levantamientos populares contra Piñera. Tenemos más de 30 asesinados, y más de 300 desaparecidos. Se trata de un gobierno totalmente sobrepasado por los acontecimientos.

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