Lenguas indígenas al Censo 2022 | Todas las voces

El Estado sigue negando a los pueblos originarios en las estadísticas. La variable étnica y la dimensión lingüística no están incorporadas en los sistemas de información de los ministerios. Una iniciativa busca un millón de firmas para que «la pregunta lingüística» sea incorporada en el Censo 2022 . “Después de casi 40 años de democracia, del reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios en la Constitución de 1994, no hay un sólo informe que indique qué lenguas existen en el territorio, además del español”, explica Azpiroz Cleñan, una de las impulsoras.

Por Violeta Moraga para Nuestras Voces

Una pregunta. Un número en una estadística.  La falta de un dato que trasciende, se desdobla, narra un silencio. Un casillero que debe ser trazado para volver visible aquello que no se registra y entonces… ¿no existe? Números. Números que se pueden traducir en historias, en políticas públicas, en una mirada sobre la tierra que habitamos. Números que pueden ayudar a que las palabras no se extingan, a que no se borren las diversas formas de nombrar el mundo. Una pregunta. 

De eso se trata, una pregunta en el Censo 2022. Una pregunta sobre la lengua. Empezó a circular por redes, si bien la demanda antes recorrió infinidad de espacios públicos. Se trata de la “Campaña por un millón de firmas para la inclusión de la pregunta lingüística en el censo 2022” lanzada desde la organización “Tejido de Profesionales Indígenas”, que tiene como eje de trabajo los diálogos de saberes entre el mundo académico y el mundo indígena, y el “Colectivo de investigadores en lenguas y pueblos indígenas”. ¿De qué se trata? La explicación es sencilla y la detallan quienes impulsan la iniciativa: actualmente se hablan en el territorio nacional más de 16 lenguas indígenas, sin embargo, no se cuenta con evidencia censal sobre la cantidad de hablantes de lenguas que sobreviven en nuestro país, ni detalles certeros sobre sus usos y vitalidad. Es por esto que se considera “sumamente relevante incorporar al Censo 2022 de Población y Vivienda preguntas aplicadas a la totalidad de la población, de modo de poseer evidencia estadística de la situación y prever políticas concretas que garanticen los derechos lingüísticos de todas las personas”. 

Frente a esta demanda, Verónica Azpiroz Cleñan, narra el alcance e impacto de la pregunta sobre las lenguas indígenas en el próximo Censo de Población 2022. Es politóliga, magister en Salud Intercultural y pertenece a la comunidad mapuche Epu Lafken en Los Toldos y al Tejido de Profesionales Indígenas en Argentina. “En el 2017 fuimos al INDEC como Tejido de Profesionales Indígenas para pedir datos sobre la salud mapuche en siete provincias, pero ese dato no estaba. Como al principio se negaban a dar la información, hicimos una presentación en la Defensoría del Pueblo de la Nación, a partir de lo cual, la Defensoría pidió una reunión en el INDEC. Allí planteamos que la variable étnica y la dimensión lingüística no estaba incorporada en los sistemas de información de cada uno de los ministerios de la Nación, con lo cual, no podíamos seguir la evolución estadísticas de ciertos temas”, desanda. 

Fue así que se propusieron participar en el diseño pre-censal para el censo 2020 y demandaron que se incorporara la nominación de los pueblos originarios en la pregunta de auto-percepción y/o identificación, algo que hasta el momento el INDEC ha rechazado. También pidieron incorporar la pregunta sobre las lenguas que se hablan en la Argentina. “No solo queremos medir la lengua indígena, queremos saber qué cantidad de gente no es monolingüe español y habla otras lenguas”. 

Azpiroz Cleñan traduce esta necesidad en algo bien concreto: la lengua es la primera barrera en el acceso a los derechos o la habilitante a los mismos.  En esa demanda de información, incluso, hubo cartas desde 19 universidades nacionales -que tienen áreas de lenguas de pueblos originarios- que se pronunciaron públicamente, junto con el Tejido de Profesionales Indígenas y el Consejo Interuniversitario Nacional, a favor de incorporar la pregunta sobre diversidad lingüística y la auto identificación étnica con la nominación de los pueblos. Sin embargo, sobre nada de esto hubo avances.

“El censo experimental iba a hacerse en mayo de este año. Por eso pensamos en aprovechar la coyuntura para presionar sobre el diseño pre-censal del formulario básico que se utilizará el año que viene”. Es en este marco que se lanzó esta campaña. “Hay una complejidad, un entramado en el operativo censal que si no se prevé antes no va a dar buenos resultados”, explica y pone en evidencia la situación actual: “Después de casi 40 años de democracia, del reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios en la reforma constitucional de 1994, no hay un sólo informe que indique qué lenguas existen en el territorio, además del español”. 

¿En qué se traduce concretamente esa información? 

-Por ejemplo, toda la campaña de prevención del COVID se hizo en castellano. Muchos contagios se podrían haber evitado si cada uno de los ministerios provinciales o el Nacional, hubieran producido materiales de comunicación adaptado a las lenguas indígenas. Todo el primer tiempo de la pandemia el pueblo Qom, por ejemplo, no entendió lo que estaba pasando. Y murió mucha gente. Cómo vas a comunicar una decisión del Gobierno, para proteger a la población, si no la haces en la lengua y en los códigos en los que este pueblo entiende el proceso salud-enfermedad-atención. Lo mismo pasó con el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), la gente no entendía qué era ese subsidio extraordinario que se daba en el marco de la pandemia. 

De esta manera, Verónica insiste en la importancia de dar cuenta de las lenguas que hablan los pueblos originarios. “La política pública tiene que ocuparse de una población que no está entendiendo el español. Las barreras de acceso a la salud, por ejemplo,  son concretas”. Así, explica que muchas veces no se alcanza a ver, incluso en las mismas comunidades, la dimensión real de lo que significa aparecer en las estadísticas, mientras el Estado sigue negando “esas otredades”.  Por eso “la pregunta lingüística serviría para desgranar otro montón de datos: porque la podes cruzar con  otras variables”. 

Poner derechos en acción

En lo que fue un acontecimiento histórico, la Constitución Nacional incorporó en la reforma de  1994 el artículo 75 inciso 17. A través del mismo  se reconocía, entre otros ítems, la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos y se llamaba a garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural. Es decir, se reconocía que este suelo estaba habitado antes de que existiera el Estado, y que por lo tanto, debería ceder a determinados derechos. “Ahí hay puntos importantes: la lengua es parte de una identidad, de un conocimiento que se transmite, pero también en esta sociedad es parte de acrecentar la desigualdad”, explica Carolina Hecht, doctora en Antropología por la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), profesora de la materia «Elementos de Lingüística y Semiótica» del Departamento de Ciencias Antropológicas (UBA) e investigadora del Conicet. “No es lo mismo una persona que tiene el español como primera lengua -respecto por ejemplo a cómo puede recorrer su escolaridad- a si es hablante de una lengua indígena y transita una escolaridad en la que, en el mejor de los casos, tiene la modalidad de educación intercultural bilingüe”, dice y retoma el proceso de extinción de las lenguas que menciona el documento de la campaña: “Al momento del contacto de los españoles con el actual territorio se hablaban 35 lenguas indígenas, de las cuales solo perviven 16 con vitalidad. Muchas se quedaron en el camino y con esas lenguas se pierden saberes e identidades”. 

La especialista también reflexiona en cómo cuando los hablantes de otras lenguas no son visibilizados ni reconocidos, ni se incluyen acciones que mantengan la lengua, hablar una lengua indígena comienza a ser un desvalor. Muchas veces en una escuela, por ejemplo, genera la idea de que le va a traer problemas al alumno. “Se construye la idea de que si son bilingüe con una lengua indígena te va a ir mal en la vida, pero si sabes inglés te va a ir bárbaro. Esas son ideologías lingüísticas que se construyen y que tienen que ver con el valor que se le asignan a las lenguas. Una visión desvalorizada de las lenguas indígenas va a seguir construyendo esta imagen negativa”.

Justamente, muchos de los conflictos, de los rechazos, nacen del desconocimiento. “Estamos a tiempo de construir sociedades más justas e inclusivas, que pongan en igualdad de condiciones a culturas y lenguas hasta ahora subalternizadas. Creemos que esto constituye un paso más dirigido a desactivar el racismo que aún persiste en nuestras sociedades”, señalan en el documento de la campaña.  Donde se puntualiza también la necesidad de “dar un paso más y expresar el apoyo al movimiento indígena para que el INDEC escuche las demandas dirigidas a mejorar las preguntas sobre diversidad lingüística en el bloque específico referido a Pueblos Indígenas; también para que haga lugar al Cupo de Censistas Indígenas Plurilingües en el operativo, garantice la capacitación en materia étnica a la totalidad de los censistas  y transfiera una copia de los resultados, sin procesamiento de datos, a las organizaciones”.

“Si no hay datos no podemos hacer planificaciones lingüísticas y difícilmente podamos gestionar políticas para las lenguas indígenas. Es el puntapié, por eso viene este reclamo de organizaciones indígenas y de académicos que venimos trabajando con pueblos originarios”, continúa Carolina y recuerda que el 2019  fue declarado el Año Internacional de las Lenguas Indígenas por la ONU y la década que va del 2022 al 2032 fue declarada por la UNESCO como el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas. Esto atiza un poco las posibilidades de acciones a nivel mundial para visibilizar las lenguas de todos los países. 

“En el marco del año internacional de la lengua indígena desde el Consejo Latinoamericano en Ciencias Sociales (CLACSO) hicimos una página web (https://lenguasindigenas.clacso.org) que tiene un mapa de toda América, donde tratamos términos que no tengan una traducción literal al español para poner en foco que hay modos, hay saberes, que se trasmite en una lengua en particular. Todo se puede traducir, pero no es lo mismo. Muchas veces el significado te obliga a un parafraseo y hay textos que se pierden, si bien desde las perspectivas teóricas actuales que se pierda la legua no implica que se pierda una identidad, hay identificaciones que fueron perdiendo su lengua, por eso hay que evitar que ese proceso siga avanzando, con la tendencia a la homogenización”. 

Que quepan todos los mundos 

La tarea cotidiana de quienes han elegido el camino concreto para la revitalización de las lenguas es de largo aliento. El silencio que siguió al genocidio indígena hubo que romperlo a fuerza de insistencia y de un trabajo casi artesanal que todavía es nuevo. “Empezamos hace ocho años con talleres de mapuzungun para niños y niñas, y después la propuesta se fue ampliando”, cuentan Yanina Llancaqueo y Claudio Railef, integrantes de Pu Pichike Choike, organización mapuche que busca revitalizar la cultura ancestral en la zona de Bariloche y la región. “En general estamos trabajando con comunidades peri urbanas, más que nada con la Lof Roberto Maliqueo, Lofche Buenuleo, Lof Quijada, Lof Wenu Ñirihuau, si bien los talleres son abiertos a la comunidad para todos los que quieran participar”, explican. 

A lo largo de estos años han realizado distintas actividades y eventos, que incluyeron campamentos e internados en lengua mapuche. “Hay gente que no pertenece a las comunidades pero quieren aprender. En mi caso, mi abuelo hablaba y cantaba en mapuzungun, pero mi papá no hablaba y no nos enseñó, por eso tuve que aprender estudiando la lengua, como muchos de mi generación”, cuenta Claudio y repasa: “La lengua mapuche se estaba perdiendo, la gente no la estaba hablando, o lo hacía solo en lugares muy específicos, como en la ceremonia mapuche o en actividades puntuales. Entonces, nosotros necesitamos aprenderla para enseñarla”. 

Yanina retoma: “Hubieron prácticas de la historia, como la mal llamada Campaña del Desierto, donde se estableció ese silenciamiento y en el mismo pueblo se instaló esto de hablar el mapuzungun solo entre adultos y de callarlo hacia el interior de las casas porque si los niños iban a las escuelas y lo expresaban recibían sanciones o represiones. Eso se instalo históricamente y en la actualidad ese silenciamiento no ha cesado. Si se la considerara una lengua que tiene un valor en sí misma, porque pertenece a un pueblo preexistente, habría políticas públicas para generar una revitalización, pero no es así. No existen políticas públicas que tiendan a que nuestra lengua se enseñe y se aprenda. En Río Negro hay muy pocas escuelas interculturales”. 

Al mismo tiempo, señala que si bien el municipio de Bariloche se declaró intercultural, no hay instancias de políticas claras al respecto y es por eso que terminan cargándose al hombro la tarea a la par del reclamo.  “Lo hacemos como pueblo, en instancias de educación no formal que llevamos adelante con nuestro propio esfuerzo, todas ad honorem, porque si no lo hacemos, tampoco desde el Estado es posible. Sin embargo, no dejamos de exigir estas políticas”. 

Ambos comparten que el proceso de revitalización es un proceso que recién está naciendo. “La misma gente que va aprendiendo se da cuenta que tiene que enseñar. Pero muchos todavía no ven la situación de peligro en que está nuestra lengua porque tienen otras cuestiones más urgentes que resolver, como la cuestión de la tierra o la pobreza estructural. Así y todo, hay muchos jóvenes interesados. Sabemos que es un trabajo largo y que lleva un tiempo”. Se suma que los hablantes originarios son muy ancianos, muchos han partido, y los que quedan no solo deben querer, o poder enseñar, sino tener las herramientas para poder hacerlo. “La revitalización implica que se vuela a hablar mapuzungun, entonces como organización nos planteamos muchas cosas, como en qué marco vamos a logra que se revitalice. Son posiciones políticas que se toman: que pueda ser hablado en todos los ambientes y en la cotidianidad, y no solo en las ceremonias, es una. Otra es quiénes queremos que lo hablen, ¿solo como pueblo mapuche, o quien quiera hacerlo que viva en el territorio? Por eso nuestros talleres son abiertos”. Finalmente señala la importancia de saber la diversidad lingüística que hay dentro de este territorio. “Sino se cree que solo se habla español, que es la única lengua y la gente habla otras lenguas que están muchas veces invisibilizadas, degradadas y hostigadas por el mismo Estado”.

Los distintos procesos artísticos que se dan en el territorio, también van hilvanando ese entramado de revitalización. “Mi tarea es casi militante dentro de la música y me valgo del mapuzungun como una herramienta política”, dice la cantante y compositora mapuche Anahí Mariluan, pero también acota: “Me cuesta hablar en primera persona, cuando estas iniciativas son de carácter colectivo. Sin más, hay que ponerse al hombro la tarea de revitalizar las lenguas y eso está valorado por muchos de mis lamngen que emprenden tareas faraónicas para enseñar mapuzungun sin recursos o con el cobijo mezquino del Estado”. Por eso, habla de no dejar en soledad los proyectos. “Que una pequeña contribución tenga eco en otras instituciones es maravilloso, visibilizar, asumir un perfil de las lenguas en el territorio es absolutamente necesario. Creo que se necesitan políticas reparativas. Es una de las deudas que tiene que asumir el Estado”.  

-En un momento de tu carrera decidiste cantar solo en el lenguaje de tus ancestros 

-Una vez escuché decir a un músico (Fermín Muguruza) que él ya no iba a cantar en castilla, porque castilla había colonizado la lengua de su pueblo. Y eso me llegó como una síntesis que describía lo que pasaba en mi corazón: ¿Por qué no hablamos la lengua del territorio que pisamos, la lengua de mi pueblo? Entonces decidí crear y cantar en mapuzungun y hacer con las palabras un retejido artesanal que me lleve a reencontrarme con una voz que no debió, y no deberá, apagarse nunca. 

Lo cierto es que las distintas palabras, el lenguaje en su diversidad y riqueza, van orbitando y configurando diferentes formas de pensar o mirar el mundo. Perder esa posibilidad, dejar que se extinga, solo puede reducir un universo.

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